Editorial
Illa salva sus Presupuestos y gana ox�geno pol�tico. Pero el precio vuelve a ser m�s nacionalismo y menos derechos y libertades

El presidente catal�n, Salvador Illa, y la l�der de Comuns en el Parlament, J�ssica Albiach, ayer en Barcelona.EFE
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La pr�xima aprobaci�n de los Presupuestos que Salvador Illa se ha asegurado de la mano de ERC y los Comunes permitir� a Catalu�a dotarse de la estabilidad que el president ha situado como promesa central de su mandato. El hecho de que vaya a presentarlos por segunda vez acent�a adem�s la anomal�a institucional en la que se ha instalado La Moncloa, que de forma indolente incumple la Constituci�n al no someter ni siquiera un proyecto presupuestario a la fiscalizaci�n del Congreso. El contenido de las cuentas auton�micas va, no obstante, en la direcci�n equivocada: Catalu�a avanza en su desconexi�n del conjunto de Espa�a y se consolida la visi�n confederal que Pedro S�nchez est� imponiendo de facto en contra de la solidaridad y la igualdad entre espa�oles, y en perjuicio tambi�n de los catalanes no nacionalistas.
La propia cronolog�a de los hechos es expresiva de la entrega de los postulados cl�sicos del PSOE a los del PSC, siempre pr�ximos al nacionalismo. Si los socialistas y ERC han suscrito los Presupuestos -retirados por Illa en marzo- justo despu�s de las elecciones andaluzas, ha sido en buena medida para evitar da�ar a Mar�a Jes�s Montero en plena campa�a. Una vez superado el 17-A, el plan contin�a donde estaba: nuevas transferencias competenciales y nuevos privilegios para Catalu�a, tanto en el �mbito de la gesti�n como en el de la lengua.
El proyecto mantiene viva la pretensi�n de entregar a esta comunidad aut�noma -una de las m�s ricas- pr�cticamente todo el sistema tributario salvo, por ahora, el IRPF. As�, Illa ha accedido a inyectar 527 millones de euros a la nueva Agencia Tributaria de Catalu�a hasta 2029, con el objeto de irla preparando para el momento en que el Gobierno de S�nchez acabe cediendo del todo. El Estado tambi�n perder� otros espacios que hasta ahora estaban bajo su control, como el litoral catal�n o el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, una sensible entidad p�blica adscrita al Ministerio de Hacienda que gestiona seis millones de metros cuadrados de terreno en los que operan m�s de 300 empresas. Los instrumentos comunes del Estado se ver�n a�n m�s debilitados para satisfacer a un nacionalismo por naturaleza insaciable.
Al reforzamiento de las llamadas �estructuras propias� se suma el considerable aumento de los fondos destinados al catal�n: 100 millones para alimentar una pol�tica ling��stica invasiva y cuestionada por los tribunales que busca borrar el espa�ol de todos los �mbitos de la vida p�blica y privada, en favor de un monoling�ismo de orden identitario que Illa ha abrazado sin dudar pese a sus iniciales promesas.
El president salva sus Presupuestos y gana ox�geno pol�tico. Pero el precio vuelve a ser m�s nacionalismo y menos derechos y libertades. La factura la pagar� Catalu�a, pero tambi�n el conjunto de Espa�a.





















