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Crónica

El puro de la victoria, tras la sentencia de Shakira, del verdugo que asfixia a Hacienda tras una vida de pel�cula La ca�da de Juan Carlos Arag�n, el dios del Carnaval que en casa era un demonio con Paqui: "Me maltrat� durante 13 a�os y era un secreto a voces" Los "panas" chavistas de 'Zapa' en la trama de Plus Ultra: huidas con maletas de la embajada y un alto cargo que presume de "hacerlos entrar en el carril" La investigaci�n sobre tres m�viles y un todoterreno que guarda la clave de la muerte de Andic: "Hemos hecho cosas que no hab�amos hecho nunca..." Gertrudis, la secretaria "socialista hasta la m�dula" que proteg�a "sin titubeos" a su Zapatero "de oro" y fue avalista de Susana D�az en las primarias contra Pedro S�nchez El Reino de Don Quijote: 6.500 millones de humo y carteles oxidados donde deb�an estar Las Vegas de La Mancha La huelga de 'strippers' que sacude a la F�rmula 1: tarifas abusivas, "clientes pesados" y "muchas m�s chicas" en el gran evento del a�o para los clubes Los nuevos "soldados de Tariq" que rezan en Covadonga y quieren reconquistar Al-�ndalus...s�lo con octavillas: "No venimos con intenciones malignas" La �ltima seguiriya de Mat�as de Paula, el cantaor de flamenco asesinado 'en familia' y a plena luz del d�a Las verdades del treinta�ero que tiene 200 pisos (y los vende todos): "Pago cada mes 100.000 euros en hipotecas. Si votara por mi inter�s, tendr�a que votar a S�nchez..." Anatom�a de una "chica de imagen", las mujeres que engrasan los reservados m�s exclusivos: "Por el d�a trabajo en un hospital, por la noche facturo mi belleza" El yihadista que llev� a la espa�ola Yolanda al Califato Isl�mico sigue vivo en Irak mientras tres de sus hijos esperan el DNI Natalie Harp, "la impresora humana" tras los tuits m�s pol�micos de Donald Trump Nazareno, el gaucho que sobrevivi� 'de milagro' al hantavirus: "Pas� 12 d�as en coma. Experimentaron conmigo y graciasa Dios fui saliendo..." La alerta roja de la fiscal antidroga de Huelva: "Espa�a, lentamente, se est� convirtiendo en un narcoestado" La Azucarera de Pravia: el pozo sin fondo asturiano al que se han destinado nueve millones y lleva m�s de un siglo abandonado La huella espa�ola del culto isl�mico investigado en Gran Breta�a por abusos sexuales y esclavitud El argentino de Vox que reinserta presos jugando al rugby y le puso una camiseta de Espa�a a un etarra: "Creo en las segundas oportunidades, no en las terceras" La triste Milou, el pol�mico doctor Oosterhoff y los l�mites de la eutanasia adolescente que sacudi� Europa y salta al cine: "Viv�amos cada d�a con el miedo de perderla" Un supermercado 'okupa' en el infierno de la vivienda de Ibiza: "Hemos pagado por estas habitaciones y ahora nos echan" La �ltima voluntad de Juli�n, muerto por sobredosis de quimioterapia en el Hosputal de Burgos: "Hay que denunciar y llegar hasta el final" La guerra de los okupas de la c�rcel de Torrero contra la alcaldesa de Zaragoza: "Si la Kike Mur cae, ser� vuestro Vietnam" 'Tigre' Salgado, el espa�ol de la Nueva Junta del Narcotr�fico que col� toneladas de coca�na en China con barcos bajo jurisdicci�n de EEUU Una semana en la sala 10 de la T4 de Barajas, la nueva 'isla de Ellis' de la Espa�a que recibe un mill�n de extranjeros al a�o La epopeya de los Repetto, los primeros confinados por el hantavirus en Trist�n de Acu�a y Santa Elena, las islas del confinamiento eterno El Bosque de Acero de Cuenca: un pabell�n cultural multiusos convertido en un "elefante blanco" caro y de poco uso Detectives de sill�n 'made in Spain': estos moteros de Palencia buscan resolver por su cuenta la muerte de su amigo George Un juzgado exonera a 18 acusados en una causa de narcotr�fico por incorporar ilegalmente a la investigaci�n sus conversaciones de un chat cifrado La "mano negra" que mantiene enterrada la verdad del asesinato de D�borah Fern�ndez 24 a�os despu�s: "Alguien evit� que se supiera desde el primer d�a" Un muerto por hantavirus en la planta 3; bingo, ping�inos y gin&vodka fizz en la planta 5: as� naveg� el MV Hondius mientras avanzaba el brote mortal Las 400 familias que han logrado cambiar la ley del menor con su huelga: "Solo queremos aulas seguras" El marroqu� Hamza, el cubano Jorge... y los otros 28.000 abogados que no descansan con la regularizaci�n Cristina y Darya viven en rascacielos... �por qu� la mayor�a de espa�oles no? Senegaleses contra magreb�es, la 'guerra' por la Copa �frica en el centro que visitar� el Papa: "Mejor que no nos traigan a ning�n marroqu�" Las 130.000 firmas de Inmaculada contra la impunidad adolescente: Diego mat� con 16 a�os a su hija Leticia Rosino y ha quedado libre a los 24 La huelga de hambre de Carmen a sus 83 a�os para que el Gobierno ayude a su hijo, "aislado y enfermo" en la peor prisi�n de la Guinea de Teodoro Obiang Canarias, tras la oleada de los cayucos: "Cuando venga el Papa le dir� que ha fallado la humanidad" La primera compa�era de la 'Generaci�n Leonor' en una Carlos III con mayor�a de mujeres, tensi�n en el claustro y profesores "progres" para explicar la Corona El 'falso' milagro espa�ol de Santa Madre... es pura ciencia: nutrici�n y planificaci�n de F�rmula 1 para el "Ferrari" humano Kejelcha La torre Miramar de Valencia: la rotonda "m�s cara de Espa�a" con un ascensor que no funciona y un mirador cerrado Los leales al Kremlin en la maquinaria en Espa�a que disfraza a ni�os como soldados 40 a�os con un apellido falso: los musulmanes ceut�es a los que Espa�a cambi� de nombre en la regularizaci�n de Felipe Gonz�lez No se conf�e, quiz� no pueda ver el gran eclipse del verano...y hoy es el d�a para comprobarlo: "El Sol estar� bajo, si no practicas y te encuentras algo delante te lo pierdes" Hasta los comunistas de la Carlos III aguardan a la compa�era Leonor: "Esperamos encontrarla en nuestros foros por Palestina" M�s all� de Nicole Kidman: dentro del negocio de las 'doulas de la muerte' que se forman por 1.490 euros G�rgolas "sodomizadas" frente a la Catedral de Santiago: Patrimonio busca soluciones menos invasivas tras el esc�ndalo Saharauis, ni ap�tridas ni regularizado, y marginados por el PSOE: "Estamos peor aqu� que en los campamentos de refugiados" "Sayona, cochino, hijo del gran puto, maricons�n": el diccionario de los insultos del chavismo que se indigna por los c�nticos a Delcy Marroqu�es, extreme�os y con "prioridad nacional": "Si los extranjeros quisi�ramos, un d�a podr�amos paralizar el pa�s por completo" La senda verde de Lugo: 14 kil�metros de carril bici por 1,5 millones... para dos usuarios al d�a Los 90 a�os de Beiras, el "enfant terrible" que repens� el nacionalismo gallego "como una partitura" y�atac� al progresismo del Gobierno de izquierdas El mec�nico musulm�n nacionalista que quiere recuperar Al-�ndalus el 17-M:"Nos quieren expulsar, como los Reyes Cat�licos" El arraigo social y cultural que comienza por un documento: el carn� de la biblioteca como pasaporte a la regularizaci�n Mirchev, el b�lgaro atrapado en Madrid que quiso vender tanques rusos al C�rtel Jalisco Nueva Generaci�n Del Madison Square Garden al Tercer Reich: la cara oculta de Paulino Uzcudun, el 'Toro Vasco' que intent� liberar a Jose Antonio Primo de Rivera con un comando Villase�or, el l�der de los retiros de masculinidad que reclut� a Puyol para dar una charla que luego desapareci� del evento Dentro de la 'diplomacia Labubu' de China a la que ha sucumbido Pedro S�nchez: "Antes copi�bamos; ahora marcamos tendencia" Los 'activistas constitucionalistas' que batallan para que la bandera espa�ola vuelva al Parlament de Catalu�a: "Ponemos en cuesti�n los excesos del poder nacionalista" Anatom�a de '5000 manadas', una d�cada despu�s de la de Pamplona: la mayor�a de los agresores son extranjeros, s�lo el hospital de referencia de Barcelona trata una v�ctima por semana... Un premio de 4,7 millones sin cobrar, un due�o muerto y dos hermanos acusados de estafa: el caso de la Primitiva de A Coru�a se decide 14 a�os despu�s El 'skater' que le ha ganado la batalla judicial a su ayuntamiento por no limpiar una pista de patinaje p�blica que se usaba como 'botell�dromo' La condena de Te�filo Lape�a: el pederasta de los 83 a�os de c�rcel que 'desnuda' el sistema de acogida de menores de la Generalitat de Catalu�a La playa de Zaragoza: de para�so del Ebro a ruina sin beneficio como ejemplo fantasmal de la zona Expo Los cubanos en Espa�a que salvan a sus familias de la isla en la peor crisis: "La dictadura sobrevive gracias a las remesas que enviamos sus v�ctimas" Ya han llegado a Espa�a las 'superratas' resistentes al veneno y hay miles de ellas en 12 comunidades: "No es posible acabar con estos roedores, solo controlar sus poblaciones" El fracaso rotundo de las zapatillas de Zapatero que promet�an casa: las Keli Finder, dos d�cadas despu�s El 'Yo acuso' de Lucia Etxebarria: "Me pegaron en la calle. Fui agredida cuatro veces" Los muertos en el esc�ndalo de las 'Propo Fest': fiestas de anestesistas que roban propofol y fentanilo en hospitales (y se drogan en grupo) El padre coraje que ha fundado Huelva Existe y su grito de 'guerra' para el 17M: "El pueblo manda" De un puesto de mercado de cuatro metros a la consagraci�n con Rosal�a: Alejandro y Gonzalo cosechan las 'fresas m�s famosas del mundo' en Huelva y Segovia La doctora Amalia Montealegre, la �ltima v�ctima en salvarse del vag�n 2 del Alvia de Adamuz: "Entre cad�veres, hierros y cristales, pens� que me quedaban dos horas de vida" La batalla pol�tica y cultural entre Arag�n y Catalu�a por las pinturas que la Generalitat debe devolver por sentencia en el Supremo: "Las instituciones catalanas siguen reteniendo las obras de Sijena" Daria, una int�rprete de Putin supervisando las elecciones m�s dif�ciles de Viktor Orban La 'caracola' de Toyo Ito: de la admiraci�n en el MoMA a la ruina en Torrevieja junto a los apartamentos del 'Un, dos, tres' El ej�rcito de estanqueros espa�oles que 'sangra' a la Hacienda francesa...y la amenaza de los 100 millones de cigarros pirata 'made in Granollers' Volver a clase a los 60, 70, 80...: "Desde que voy a la universidad no me tomo ni una sola pastilla" La primera mujer que pone orden en el Deportivo Espa�ol, la 'selecci�n' que fue gigante: "Est�bamos desconectados de Espa�a, queremos volver a conectarnos" La estrella neoyorquina que descubri� ser canaria: busc� durante d�cadas a su padre hasta descubrir que era Florencio, de Icod de los Vinos Padre acomodado en Marruecos y Argelia, hijo tutelado en Espa�a: la estafa de los 'menas-Erasmus' se extiende y preocupa a las autoridades Los tent�culos de Mustapha, el "se�or de los t�neles" entre Ceuta y Marruecos: un narco de la vieja escuela, con clientes internacionales y conexiones policiales Tarjetas racistas contra los espa�oles en Suiza por hablar alto en el tren: "�Extranjero, c�llate!" �Trasladar el Guernica? Los 'artificieros' espa�oles que ya movieron dos veces la 'bomba pol�tica' de Picasso El terremoto de Vox en su granero de Torre-Pacheco, el polvor�n que recuper� la calma: "Sentimos una decepci�n brutal con Abascal. Nos hemos jugado el tipo por el partido" Embalse del Val: un pantano de 96 millones para regar el Moncayo, convertido en ba�era de purines Viaje de un iPhone robado: a Ra�l se lo arrebataron en Londres y apareci� en la capital tecnol�gica de China El infierno de los periodistas espa�oles despedidos por Trump de 'La Voz de Am�rica': "Muchos acabamos en los bancos de alimentos" El CSI que resolvi� el 'caso Maeso': una sola muestra de sangre demostr� la "paternidad" del contagio de hepatitis a 275 pacientes Queremos de vuelta a nuestras hijas: el grito de las familias rotas por las 'monjas' HAM, en guerra contra la Iglesia La guerra de los drones suicidas 'low cost': el LUCAS de Trump y el FP-1 ucraniano contra el Shahed iraní El crimen (nada perfecto) de la viuda negra dominicana: Patria encarg� matar a su marido Antonio Jim�nez por 5.600 euros, pero dej� demasiados hilos sueltos Los que no llegaron a tiempo al cambio de doctrina de los Testigos de Jehov�: "Mis padres tuvieron que elegir: o transfusi�n o pod�a morir. Con llanto, la rechazaron por obediencia a Dios" 'El Galindo', el guardia civil que cobraba de los narcos "entre 70.000 y 100.000 euros" y que ahora les ha abierto la puerta de la excarcelaci�n Teruel, refugio de guerra: dentro del b�nker de las grandes aerol�neas frente a las bombas de Oriente Pr�ximo El fiasco de las Caldas de Lugo: 1,4 millones para un spa romano con agua del grifo, sin bañistas y salpicado por brotes de legionela En el coraz�n del 'tsunami Mar�a Corina': "�Toda una vida esperando conocerla... Y hoy al fin se dio!" Las canciones de 'Jonpe', el profesor acusado de delitos sexuales contra sus alumnas menores de edad: 'kale borroka', 'Josu Ternera' y "mucho trote en el cipote" �Una topo de los ayatol�s en el abrazo de las futbolistas iran�es? Cr�nica de la agon�a de Podemos hecha por sus primeros alcaldes: "Tengo compa�eros de los c�rculos que votan a Vox" Sergio muri� tras ponerse un parche de fentanilo: ahora su mujer Karen lucha en los tribunales contra la doctora que se lo recet� El 'se�or Lobo' que logr� la paz del Gordo en Villaman�n, convenci� a los chicos de cobrar y organiz� un reparto sin denuncias (pero con falsificaciones e intentos de fraude)
Los que nunca regresaron de Am�rica: ancianos, vulnerables... pero a�n cuidados por Espa�a
Ferrán Barbe · 2026-05-27 · via Crónica

�Incre�blemente, todav�a encontramos cada poco a alg�n espa�ol perdido al que tenemos que rescatar�, dice el presidente del Hogar Espa�ol de Ancianos de Montevideo, Fernando Garc�a. �La mitad de las entre 150 y 160 personas a las que nuestra instituci�n presta cobertura son espa�oles y, a su vez, el 50% son personas que no tienen ni pensi�n ni recursos para hacer frente a la vejez, aunque a menudo su peor carencia es la afectiva�.

Garc�a tiene 59 a�os, naci� en Montevideo, est� casado, tiene dos hijas —una m�dica y otra psic�loga— y trabaja en el gremio de la ortopedia. Es hijo de emigrantes de La Coru�a. Su padre lleg� al R�o de la Plata en los sesenta y, antes que Fernando, fue varias veces presidente de esa instituci�n.

�En el Hogar te encuentras con un mundo que incluso a m� me sorprendi�, dice el uruguayo. �Desde el espa�ol que no tiene familia y que andaba por la calle hasta el que s� la tiene, pero ha sido abandonado. Luego, claro est�, tambi�n hay espa�oles con familiares que cubren los costos del ingreso para que nos ocupemos de sus padres porque tenemos un equipo humano espectacular�. La madre del presidente del Hogar Espa�ol de Ancianos de Montevideo falleci� hace apenas dos semanas y hasta el d�a de su muerte viv�a en el centro junto a su esposo, el padre de Fernando, que todav�a sigue all�, �ingresado en las mismas condiciones que el resto�.

�Es un lugar donde convergen espa�oles que a menudo se conocen desde hace 50 a�os. Te los encuentras en un sal�n pintando, jugando al domin�, saliendo al teatro, haciendo m�sica o trabajando en la huerta. Si yo hubiera tenido que encerrar a mis padres en una casa, no hubieran disfrutado de esa vida social�, presume.

Con 83 a�os, el gallego Jos� es uno de los residentes en el Hogar Espa�ol de Anciano de Montevideo.

Con 83 a�os, el gallego Jos� es uno de los residentes en el Hogar Espa�ol de Anciano de Montevideo.Cedida

Entre mediados del siglo XIX y las primeras d�cadas del XX, Uruguay fue uno de los destinos predilectos de la di�spora espa�ola al R�o de la Plata. Era una emigraci�n de comerciantes, artesanos, obreros, jornaleros y familias enteras que encontraron en Montevideo una ciudad portuaria y abierta.

La huella espa�ola no fue s�lo demogr�fica. En 1853, un grupo de inmigrantes fund� la Asociaci�n Espa�ola Primera de Socorros Mutuos, considerada la primera instituci�n mutual uruguaya integrada por espa�oles y una de las grandes piezas del mutualismo en Am�rica. El propio Garc�a la presid�a hasta hace meses. Esa red naci� para algo concreto: que el espa�ol reci�n llegado, pobre o enfermo, no quedara solo al otro lado del Atl�ntico.

La segunda gran avalancha migratoria se produjo entre finales del siglo XIX y el primer tercio del XX. En Uruguay se asentaron especialmente gallegos, asturianos, castellanos y otros emigrantes del norte peninsular. De esa �poca procede la arquitectura comunitaria que todav�a sobrevive: casas regionales, sociedades de socorros mutuos, hospitales, clubes, escuelas y hogares.

La �ltima gran hornada de espa�oles es la de la posguerra y los a�os cuarenta y cincuenta. A esa generaci�n pertenecen muchos de los espa�oles que hoy rondan entre los 85 y los 100 a�os en hogares como el que preside Fernando. La edad media de los internos es de 88 a�os.

�La otra vuelta fuimos a rescatar a uno de 85 a�os a un hospital p�blico en una situaci�n psiqui�trica muy deteriorada�

Saltaron el charco de ni�os o en su juventud; envejecieron uruguayos sin dejar de ser espa�oles; y en el �ltimo tramo de sus vidas, vuelven a depender de las instituciones que levant� la propia emigraci�n.

Algunos terminaron en soledad. Otros han enviudado, han enfermado, han sido abandonados o han descubierto demasiado tarde que la emigraci�n tambi�n pod�a desembocar en la s�rdida habitaci�n de una pensi�n, un hospital p�blico o en la dura calle.

�La otra vuelta fuimos a rescatar a uno de 85 a�os a un hospital p�blico en una situaci�n psiqui�trica muy deteriorada�, recuerda Garc�a. �No hace tampoco mucho nos llamaron de la Consejer�a de Espa�a porque se hab�a personado en la puerta un espa�ol que ven�a del interior del pa�s. Lo llevamos al centro�.

El Hogar Espa�ol de Ancianos de Montevideo naci� en abril de 1964 y, durante d�cadas, ha sido uno de los emblemas asistenciales de la colectividad. Hoy da cobertura integral a todos sus residentes: alojamiento, comida, lavander�a, higiene, atenci�n m�dica, actividades y acompa�amiento.

Pero tambi�n el Hogar envejeci�. Tras la pandemia, arrastraba una crisis econ�mica que amenazaba con el cierre. En 2022, las autoridades espa�olas en Uruguay alertaron de la situaci�n y la Asociaci�n Espa�ola asumi� la gesti�n para evitar que desapareciera.

Espa�a contribuye parcialmente al sostenimiento de este tipo de instituciones, aunque no las mantiene por completo. El Ministerio de Asuntos Exteriores dispone de una l�nea de ayudas para entidades que atienden a ciudadanos espa�oles en situaci�n de necesidad fuera del pa�s, y a esa arquitectura se suman, seg�n cada caso, programas de comunidades aut�nomas, cabildos, ayuntamientos, sociedades de beneficencia, mutualidades hist�ricas y recursos propios de las entidades.

La ayuda p�blica no explica por s� sola la supervivencia de estos hogares, pero s� ilumina una realidad casi invisible: todav�a hay espa�oles pobres, enfermos o ancianos en Am�rica Latina cuya �ltima red de protecci�n depende de instituciones levantadas por la vieja emigraci�n. Y esta red no solo se urdi� en pa�ses como Uruguay o Argentina. Existen en Cuba, M�xico, Chile o Brasil y tambi�n en destinos m�s pr�ximos, como Marruecos, Francia o Portugal.

Uno de los ejemplos m�s notorios del modo en que esos colchones asistenciales han sobrevivido se halla en Venezuela, donde la emigraci�n canaria se ha visto golpeada por la crisis econ�mica del pa�s y por el envejecimiento de una colectividad que durante d�cadas fue una de las grandes colonias espa�olas de Am�rica. All�, el Gobierno de Canarias mantiene programas espec�ficos de asistencia para isle�os y sus descendientes. La convocatoria de 2026 prev� seleccionar a 6.291 beneficiarios de tarjetas de alimentos y a 4.033 beneficiarios de tarjetas de medicamentos, adem�s de proporcionar prestaciones sanitarias para canarios mayores de 65 a�os que no perciban otras ayudas.

Venezuela y la gran huella canaria

Esa constelaci�n de espacios aterriza, entre otros lugares, en el Hogar Canario Venezolano de Caracas, que no funciona como residencia sino como centro de d�a, punto de encuentro y plataforma de apoyo para mayores. Jos� Ram�n Arvelo, su presidente, conoce bien la historia por herencia familiar: es hijo de tinerfe�os, naci� en Caracas en 1971, vivi� nueve a�os en Tenerife y finalmente regres� de nuevo a Venezuela. �Recibimos subsidios procedentes de los programas sociales del Gobierno canario y de Espa�a y estamos encantad�simos de recibir a nuestros adultos canarios�, afirma.

El Hogar organiza actividades sociales, bingos, misas, rondallas, cartas y romer�as, pero tambi�n canaliza asistencia m�dica peri�dica y ayuda a tramitar prestaciones. �El Gobierno de Canarias ha hecho un trabajo incre�ble�, dice.

Seg�n el responsable del Hogar Canario, �los que entran en estos programas sociales en Venezuela es porque tienen alg�n tipo de necesidad. A menudo es social y afectiva y vienen tres o cuatro veces al mes a recibir amor, compa��a, amistad, ejercicios. Claro que si tienen alg�n problema, lo atendemos tambi�n�.

El caso de Argentina es paradigm�tico porque no fue s�lo otro destino de la emigraci�n espa�ola, sino el gran desembarcadero americano. Y precisamente por eso, tambi�n all� se cuentan por cientos —si no por miles— los espa�oles que han llegado al final de su vida en situaciones vulnerables.

La envergadura de aquella emigraci�n produjo una red inmensa de centros regionales, hospitales, mutuales y hogares; pero tambi�n dej�, d�cadas despu�s, una vejez espa�ola dispersa por residencias, pensiones, casas familiares agotadas y asociaciones que siguen funcionando como �ltimo dique contra el abandono.

"Mismos problemas que los argentinos"

�En realidad, los espa�oles tienen los mismos problemas que los argentinos�, asegura Gabriela Alabern, directora del Hogar Espa�ol de Rosario. �Llega una etapa de su vida en la que aparece un deterioro cognitivo o f�sico y ahora no es como antes porque la gente joven trabaja y no pueden hacerse cargo de sus padres. Muchos vienen por soledad; otros, por decisi�n propia o aconsejados y acompa�ados por sus familiares. Y no pocos tambi�n, por sus carencias econ�micas�.

Alabern lleva 37 a�os trabajando en el Hogar. Es nieta de espa�oles y habla de la instituci�n como de una casa. El centro no se limita a proporcionar un techo y una cama. Cuenta con talleres de memoria, laborterapia, gimnasia en piscina, canto, ordenadores, juegos, cine y visitas de centros espa�oles que llevan bailes, coros y fiestas regionales.

El Hogar Espa�ol de Rosario empez� a proyectarse en 1980 y fue inaugurado en 1982 como una asociaci�n civil sin �nimo de lucro, de inspiraci�n hispano-argentina, �sobre un predio de seis hect�reas donado por el Gobierno de la Naci�n Argentina�.

Adela lleg� a Argentina con 14 a�os desde Asturias, acompa�ada de sus padres. Cuando se qued� sola, encontr� refugio en el Hogar de Mayores de Rosario.

Adela lleg� a Argentina con 14 a�os desde Asturias, acompa�ada de sus padres. Cuando se qued� sola, encontr� refugio en el Hogar de Mayores de Rosario.Cedida

Al principio estaba pensado s�lo para espa�oles, pero con los a�os se abri� tambi�n a argentinos, hijos de espa�oles y personas que adquirieron la nacionalidad. Tiene una capacidad de 76 adultos y los espa�oles pagan de acuerdo con sus posibilidades. Solo una peque�a minor�a cubre el coste completo.

La instituci�n ha recibido apoyo de Madrid, incluido un subsidio en 2006 que permiti� construir el �rea de dependientes, destinada a residentes de mucha edad, con movilidad muy reducida y necesidad de asistencia para comer.

Rosario fue una de esas ciudades donde la emigraci�n no se limit� a dejar apellidos, sino edificios, colegios, hospitales, sociedades y centros regionales. �Hay un Consulado de Espa�a que, para colmo, cubre seis provincias del litoral argentino y ha dejado un legado realmente maravilloso�, explica el presidente del Hogar Espa�ol de Rosario.

Gerardo Hern�ndez Guillanes naci� en Madrid, lleg� a Argentina con cinco a�os y lleg� a ser canciller del Consulado de Espa�a. Su familia paterna era de origen castellano y la materna, catalana. En su casa, adem�s, convivieron de forma literal las dos Espa�as. �Mi padre viv�a en Zamora y combati� por el bando nacional en el frente de Carabanchel. En cambio, mi madre era hija de un diputado republicano que pas� siete a�os en la c�rcel. Una cosa tremenda�.

Para muchos mayores espa�oles, el Hogar de Rosario ha sido un verdadero salvavidas. Y todos portan alguna vieja historia fascinante. Entre los internos en el centro de Rosario se halla, por ejemplo, Carmen Vidondo Abad. Su caso es singular porque naci� en enero de 1931 dentro del Consulado de Espa�a en Rosario. Sus padres eran espa�oles y trabajaban all� como caseros, de modo que su vida empez� literalmente bajo techo consular