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Crónica

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Senegaleses contra magrebíes, la 'guerra' por la Copa África en el centro que visitará el Papa: "Mejor que no nos traigan a ningún marroquí" Las 130.000 firmas de Inmaculada contra la impunidad adolescente: Diego mató con 16 años a su hija Leticia Rosino y ha quedado libre a los 24 La huelga de hambre de Carmen a sus 83 años para que el Gobierno ayude a su hijo, "aislado y enfermo" en la peor prisión de la Guinea de Teodoro Obiang Canarias, aún golpeada tras la oleada de los cayucos: "Cuando venga el Papa le diré que ha fallado la humanidad" La primera compañera de la 'Generación Leonor' en una Carlos III con mayoría de mujeres, tensión en el claustro y profesores "progres" para explicar la Corona El 'falso' milagro español de Santa Madre... es pura ciencia: nutrición y planificación de Fórmula 1 para el "Ferrari" humano Kejelcha La torre Miramar de Valencia: la rotonda "más cara de España" con un ascensor que no funciona y un mirador cerrado Los leales al Kremlin en la maquinaria en España que disfraza a niños como soldados 40 años con un apellido falso: los musulmanes ceutíes a los que España cambió de nombre en la regularización de Felipe González No se confíe, quizá no pueda ver el gran eclipse del verano...y hoy es el día para comprobarlo: "El Sol estará bajo, si no practicas y te encuentras algo delante te lo pierdes" Hasta los comunistas de la Carlos III aguardan a la compañera Leonor: "Esperamos encontrarla en nuestros foros por Palestina" Más allá de Nicole Kidman: dentro del negocio de las 'doulas de la muerte' que se forman por 1.490 euros El Mundo Saharauis, ni apátridas ni regularizados, y marginados por el PSOE: "Estamos peor aquí que en los campamentos de refugiados" "Sayona, cochino, hijo del gran puto, mariconsón": el diccionario de los insultos del chavismo que se indigna por los cánticos a Delcy Marroquíes, extremeños y con "prioridad nacional": "Si los extranjeros quisiéramos, un día podríamos paralizar el país por completo" El Mundo Los 90 años de Beiras, el "enfant terrible" que repensó el nacionalismo gallego "como una partitura" y atacó al progresismo del Gobierno de izquierdas El Mundo El Mundo Mirchev, el búlgaro atrapado en Madrid que quiso vender tanques rusos al Cártel Jalisco Nueva Generación Del Madison Square Garden al Tercer Reich: la cara oculta de Paulino Uzcudun, el 'Toro Vasco' que intent� liberar a Jose Antonio Primo de Rivera con un comando Villase�or, el l�der de los retiros de masculinidad que reclut� a Puyol para dar una charla que luego desapareci� del evento Dentro de la 'diplomacia Labubu' de China a la que ha sucumbido Pedro S�nchez: "Antes copi�bamos; ahora marcamos tendencia" Los 'activistas constitucionalistas' que batallan para que la bandera espa�ola vuelva al Parlament de Catalu�a: "Ponemos en cuesti�n los excesos del poder nacionalista" Anatomía de '5.000 manadas', una década después de la de Pamplona: la mayoría de los agresores son extranjeros, sólo el hospital de referencia de Barcelona trata una víctima por semana... 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(Viaje a las entra�as de Madrid) Los poceros despiden (con seis velas a punto de apagarse) a Raúl del Pozo El alcalde rebelde que vuelve tras 12 a�os de Gulag: "No me ir� de Rusia, por peligroso que sea. Alguien tiene que quedarse y hacer el trabajo" Estación Meseta Ski: la pista de esquí en seco de Valladolid que sólo deslizó tragedias, deudas y denuncias La �ltima trinchera de las playas de Huelva en peligro de extinci�n: "Esto es un crimen de lesa humanidad. No tiene nombre lo que nos han hecho las administraciones" En la aldea gala donde todos protegen al hijo de 'Josu Ternera' (que será su alcalde): "Por la paz, ¡¡¡fuera de aquí!!!" La verdad sobre la residencia de los horrores de Pinseque: varias ex empleadas denuncian malos tratos a los ancianos ante la incredulidad de los familiares
Los que nunca regresaron de América: ancianos, vulnerables... pero aún cuidados por España
Cedida · 2026-05-27 · via Crónica

«Increíblemente, todavía encontramos cada poco a algún español perdido al que tenemos que rescatar», dice el presidente del Hogar Español de Ancianos de Montevideo, Fernando García. «La mitad de las entre 150 y 160 personas a las que nuestra institución presta cobertura son españoles y, a su vez, el 50% son personas que no tienen ni pensión ni recursos para hacer frente a la vejez, aunque a menudo su peor carencia es la afectiva».

García tiene 59 años, nació en Montevideo, está casado, tiene dos hijas —una médica y otra psicóloga— y trabaja en el gremio de la ortopedia. Es hijo de emigrantes de La Coruña. Su padre llegó al Río de la Plata en los sesenta y, antes que Fernando, fue varias veces presidente de esa institución.

«En el Hogar te encuentras con un mundo que incluso a mí me sorprendió», dice el uruguayo. «Desde el español que no tiene familia y que andaba por la calle hasta el que sí la tiene, pero ha sido abandonado. Luego, claro está, también hay españoles con familiares que cubren los costos del ingreso para que nos ocupemos de sus padres porque tenemos un equipo humano espectacular». La madre del presidente del Hogar Español de Ancianos de Montevideo falleció hace apenas dos semanas y hasta el día de su muerte vivía en el centro junto a su esposo, el padre de Fernando, que todavía sigue allí, «ingresado en las mismas condiciones que el resto».

«Es un lugar donde convergen españoles que a menudo se conocen desde hace 50 años. Te los encuentras en un salón pintando, jugando al dominó, saliendo al teatro, haciendo música o trabajando en la huerta. Si yo hubiera tenido que encerrar a mis padres en una casa, no hubieran disfrutado de esa vida social», presume.

Con 83 años, el gallego José es uno de los residentes en el Hogar Español de Anciano de Montevideo.

Con 83 años, el gallego José es uno de los residentes en el Hogar Español de Anciano de Montevideo.Cedida

Entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Uruguay fue uno de los destinos predilectos de la diáspora española al Río de la Plata. Era una emigración de comerciantes, artesanos, obreros, jornaleros y familias enteras que encontraron en Montevideo una ciudad portuaria y abierta.

La huella española no fue sólo demográfica. En 1853, un grupo de inmigrantes fundó la Asociación Española Primera de Socorros Mutuos, considerada la primera institución mutual uruguaya integrada por españoles y una de las grandes piezas del mutualismo en América. El propio García la presidía hasta hace meses. Esa red nació para algo concreto: que el español recién llegado, pobre o enfermo, no quedara solo al otro lado del Atlántico.

La segunda gran avalancha migratoria se produjo entre finales del siglo XIX y el primer tercio del XX. En Uruguay se asentaron especialmente gallegos, asturianos, castellanos y otros emigrantes del norte peninsular. De esa época procede la arquitectura comunitaria que todavía sobrevive: casas regionales, sociedades de socorros mutuos, hospitales, clubes, escuelas y hogares.

La última gran hornada de españoles es la de la posguerra y los años cuarenta y cincuenta. A esa generación pertenecen muchos de los españoles que hoy rondan entre los 85 y los 100 años en hogares como el que preside Fernando. La edad media de los internos es de 88 años.

«La otra vuelta fuimos a rescatar a uno de 85 años a un hospital público en una situación psiquiátrica muy deteriorada»

Saltaron el charco de niños o en su juventud; envejecieron uruguayos sin dejar de ser españoles; y en el último tramo de sus vidas, vuelven a depender de las instituciones que levantó la propia emigración.

Algunos terminaron en soledad. Otros han enviudado, han enfermado, han sido abandonados o han descubierto demasiado tarde que la emigración también podía desembocar en la sórdida habitación de una pensión, un hospital público o en la dura calle.

«La otra vuelta fuimos a rescatar a uno de 85 años a un hospital público en una situación psiquiátrica muy deteriorada», recuerda García. «No hace tampoco mucho nos llamaron de la Consejería de España porque se había personado en la puerta un español que venía del interior del país. Lo llevamos al centro».

El Hogar Español de Ancianos de Montevideo nació en abril de 1964 y, durante décadas, ha sido uno de los emblemas asistenciales de la colectividad. Hoy da cobertura integral a todos sus residentes: alojamiento, comida, lavandería, higiene, atención médica, actividades y acompañamiento.

Pero también el Hogar envejeció. Tras la pandemia, arrastraba una crisis económica que amenazaba con el cierre. En 2022, las autoridades españolas en Uruguay alertaron de la situación y la Asociación Española asumió la gestión para evitar que desapareciera.

España contribuye parcialmente al sostenimiento de este tipo de instituciones, aunque no las mantiene por completo. El Ministerio de Asuntos Exteriores dispone de una línea de ayudas para entidades que atienden a ciudadanos españoles en situación de necesidad fuera del país, y a esa arquitectura se suman, según cada caso, programas de comunidades autónomas, cabildos, ayuntamientos, sociedades de beneficencia, mutualidades históricas y recursos propios de las entidades.

La ayuda pública no explica por sí sola la supervivencia de estos hogares, pero sí ilumina una realidad casi invisible: todavía hay españoles pobres, enfermos o ancianos en América Latina cuya última red de protección depende de instituciones levantadas por la vieja emigración. Y esta red no solo se urdió en países como Uruguay o Argentina. Existen en Cuba, México, Chile o Brasil y también en destinos más próximos, como Marruecos, Francia o Portugal.

Uno de los ejemplos más notorios del modo en que esos colchones asistenciales han sobrevivido se halla en Venezuela, donde la emigración canaria se ha visto golpeada por la crisis económica del país y por el envejecimiento de una colectividad que durante décadas fue una de las grandes colonias españolas de América. Allí, el Gobierno de Canarias mantiene programas específicos de asistencia para isleños y sus descendientes. La convocatoria de 2026 prevé seleccionar a 6.291 beneficiarios de tarjetas de alimentos y a 4.033 beneficiarios de tarjetas de medicamentos, además de proporcionar prestaciones sanitarias para canarios mayores de 65 años que no perciban otras ayudas.

Venezuela y la gran huella canaria

Esa constelación de espacios aterriza, entre otros lugares, en el Hogar Canario Venezolano de Caracas, que no funciona como residencia sino como centro de día, punto de encuentro y plataforma de apoyo para mayores. José Ramón Arvelo, su presidente, conoce bien la historia por herencia familiar: es hijo de tinerfeños, nació en Caracas en 1971, vivió nueve años en Tenerife y finalmente regresó de nuevo a Venezuela. «Recibimos subsidios procedentes de los programas sociales del Gobierno canario y de España y estamos encantadísimos de recibir a nuestros adultos canarios», afirma.

El Hogar organiza actividades sociales, bingos, misas, rondallas, cartas y romerías, pero también canaliza asistencia médica periódica y ayuda a tramitar prestaciones. «El Gobierno de Canarias ha hecho un trabajo increíble», dice.

Según el responsable del Hogar Canario, «los que entran en estos programas sociales en Venezuela es porque tienen algún tipo de necesidad. A menudo es social y afectiva y vienen tres o cuatro veces al mes a recibir amor, compañía, amistad, ejercicios. Claro que si tienen algún problema, lo atendemos también».

El caso de Argentina es paradigmático porque no fue sólo otro destino de la emigración española, sino el gran desembarcadero americano. Y precisamente por eso, también allí se cuentan por cientos —si no por miles— los españoles que han llegado al final de su vida en situaciones vulnerables.

La envergadura de aquella emigración produjo una red inmensa de centros regionales, hospitales, mutuales y hogares; pero también dejó, décadas después, una vejez española dispersa por residencias, pensiones, casas familiares agotadas y asociaciones que siguen funcionando como último dique contra el abandono.

"Mismos problemas que los argentinos"

«En realidad, los españoles tienen los mismos problemas que los argentinos», asegura Gabriela Alabern, directora del Hogar Español de Rosario. «Llega una etapa de su vida en la que aparece un deterioro cognitivo o físico y ahora no es como antes porque la gente joven trabaja y no pueden hacerse cargo de sus padres. Muchos vienen por soledad; otros, por decisión propia o aconsejados y acompañados por sus familiares. Y no pocos también, por sus carencias económicas».

Alabern lleva 37 años trabajando en el Hogar. Es nieta de españoles y habla de la institución como de una casa. El centro no se limita a proporcionar un techo y una cama. Cuenta con talleres de memoria, laborterapia, gimnasia en piscina, canto, ordenadores, juegos, cine y visitas de centros españoles que llevan bailes, coros y fiestas regionales.

El Hogar Español de Rosario empezó a proyectarse en 1980 y fue inaugurado en 1982 como una asociación civil sin ánimo de lucro, de inspiración hispano-argentina, «sobre un predio de seis hectáreas donado por el Gobierno de la Nación Argentina».

Adela llegó a Argentina con 14 años desde Asturias, acompañada de sus padres. Cuando se quedó sola, encontró refugio en el Hogar de Mayores de Rosario.

Adela llegó a Argentina con 14 años desde Asturias, acompañada de sus padres. Cuando se quedó sola, encontró refugio en el Hogar de Mayores de Rosario.Cedida

Al principio estaba pensado sólo para españoles, pero con los años se abrió también a argentinos, hijos de españoles y personas que adquirieron la nacionalidad. Tiene una capacidad de 76 adultos y los españoles pagan de acuerdo con sus posibilidades. Solo una pequeña minoría cubre el coste completo.

La institución ha recibido apoyo de Madrid, incluido un subsidio en 2006 que permitió construir el área de dependientes, destinada a residentes de mucha edad, con movilidad muy reducida y necesidad de asistencia para comer.

Rosario fue una de esas ciudades donde la emigración no se limitó a dejar apellidos, sino edificios, colegios, hospitales, sociedades y centros regionales. «Hay un Consulado de España que, para colmo, cubre seis provincias del litoral argentino y ha dejado un legado realmente maravilloso», explica el presidente del Hogar Español de Rosario.

Gerardo Hernández Guillanes nació en Madrid, llegó a Argentina con cinco años y llegó a ser canciller del Consulado de España. Su familia paterna era de origen castellano y la materna, catalana. En su casa, además, convivieron de forma literal las dos Españas. «Mi padre vivía en Zamora y combatió por el bando nacional en el frente de Carabanchel. En cambio, mi madre era hija de un diputado republicano que pasó siete años en la cárcel. Una cosa tremenda».

Para muchos mayores españoles, el Hogar de Rosario ha sido un verdadero salvavidas. Y todos portan alguna vieja historia fascinante. Entre los internos en el centro de Rosario se halla, por ejemplo, Carmen Vidondo Abad. Su caso es singular porque nació en enero de 1931 dentro del Consulado de España en Rosario. Sus padres eran españoles y trabajaban allí como caseros, de modo que su vida empezó literalmente bajo techo consular