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"Sayona, cochino, hijo del gran puto, mariconsón": el dic...
Blanca Serrano · 2026-04-27 · via Crónica

Faltaba poco para la Navidad del año pasado cuando Nicolás Maduro echó mano de su diccionario favorito, el de los insultos y las amenazas, para satisfacer a los grupos de simpatizantes, evangélicos y milicianos reunidos en Caracas con el fin de conmemorar la batalla de Santa Inés. «¡Estamos preparados para partirle los dientes al imperio norteamericano!», clamó el dictador, cuyo oráculo no acertaba ni una, como demostró la acción de los Delta Force que el tres de enero le capturaron y enviaron a una prisión de Nueva York.

Entusiasmado por sus propios gritos, Maduro se vino arriba, cantó y bailó el hit Don´t worry, be happy (que tanto molestaba a Donald Trump) y disparó contra María Corina Machado, que acababa de recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo: «¡Sayona, fascista, criminal, nazifascista y asesina!».

Crónica necesitaría de todo su suplemento para detallar los miles de insultos que el chavismo ha dedicado a la oposición, a presidentes extranjeros, a activistas y a organizaciones de todo tipo. Santo y seña de la revolución. La insistencia de Maduro consiguió que «sayona», nombre extraído de una leyenda andina sobre una bruja loca que perseguía hombres infieles, se convirtiera en uno de los principales insultos machistas usados contra Machado por la dirigencia bolivariana, incluida la propia Delcy Rodríguez, «víctima» ahora de un supuesto ataque racista en la Puerta del Sol de Madrid. La ahora presidenta encargada nunca dudó en repetir los insultos necesarios para sumarse a la tendencia impuesta por Hugo Chávez nada más llegar al poder.

«Ni la sayona mocosa (llorona) ni los delincuentes que la acompañan. No pueden con nosotros», atestiguó cuando era vicepresidenta Delcy, más suave eso sí que su hermano, Jorge, quien hoy encabeza la operación política puesta en marcha tras hacerse virales los cánticos de «fuera la mona», repetidos por el cantante Carlos Baute, que participaba como animador de los festejos previos a la intervención de Machado en la Puerta del Sol. Baute no forma parte de la dirigencia opositora.

El hermano mayor de los Rodríguez no dudó en mentar a la madre de Machado («manda decirle el coño de tu madre, María Corina Machado»), de un modo que es la versión criolla del «hijo de puta» español. Eso sí, el jefe del órgano legislativo chavista se quedó corto ante la furia de Iris Varela, exministra y todopoderosa diputada: «Ahí hay una prostituta que es la madame directora de todo ese combo, que es la señora Machado».

Interrogantes

Muchos interrogantes se mantienen todavía en torno a unos cánticos que Machado desdeñó y consiguió acallar en pocos segundos. Presentes en la Puerta del Sol observaron cómo el pequeño grupo que inició ese cántico accedió por la fuerza a la cercanía del escenario derribando una valla. Nada más producirse los hechos, las redes chavistas se activaron y convirtieron esos pocos segundos de griterío en su principal herramienta para intentar deslegitimar el baño de masas de la líder democrática. Después surgió la Embajada revolucionaria en Madrid con un comunicado hilarante en el que pedía perdón a los españoles por los insultos. La misma delegación diplomática, que ha sido incapaz de pedir ni una disculpa por el hecho de que seis hispanovenezolanos, incluidas María Auxiliadora Delgado y Karen Hernández, permanezcan en las cárceles políticas chavistas pese a la aplicación durante más de dos meses de la Ley de Amnistía.

Parte de la izquierda española e incluso el gobierno de Pedro Sánchez, escocido por el eclipse de su cumbre de Barcelona con los líderes de la Patria Grande latinoamericana, se sumaron a la denuncia, pese a que la propia Machado había dejado muy claro que no compartía esos gritos. No existe un solo registro de que la Premio Nobel haya insultado a ningún revolucionario en 27 años de proceso bolivariano.

«Qué insultos terribles», se rasgó las vestiduras Diosdado Cabello al saber del insulto de Baute, pese a que, como jefe del aparato represivo ha utilizado su programa de televisión Con el mazo dando para no sólo insultar, sino también como gran censor sobre las persecuciones contra opositores y activistas. «Bobo mayor y mamarracho» (Gabriel Boric), «enfermo» (Marco Rubio), «hijo del gran puto» (Vargas Lleras) o «chiflada, cobarde, perversa y demente» (María Corina Machado), son sólo una mínima parte del vendaval de odio desplegado por Cabello.

«Es una adjetivación muy extendida y popular en estos momentos para referirse a Delcy, no tanto como negra sino más bien como fea»

Lo más paradójico es que, en realidad, «que se vaya la mona» no es un insulto racista. En Venezuela «es una adjetivación muy extendida y popular en estos momentos para referirse a Delcy, no tanto como negra sino más bien como fea. Se trata de un insulto más de género, aunque monos también es usado para referirse a las personas de barrios populares, por lo que también puede tener una connotación de clase», aclaró a Crónica el sociólogo Rafael Uzcátegui, presidente del Laboratorio de Paz.

En los días siguientes al incidente, los dos hermanos Rodríguez sorprendieron al país vistiendo camisetas con la leyenda «Llegaron los monos», todo convenientemente preparado como un apéndice más dentro de la campaña preelectoral con la que recorren el país. «No sólo han comenzado a enarbolar la bandera del antiracismo y del antifascismo, también quieren reapropiarse de la palabra monos con finalidad evidentemente proselitista, como si hubiera realmente un megaproblema de racismo en Venezuela impulsado por la oposición y María Corina», desveló para este periódico Adrián González, director de Cazadores de Fake News.

«El chavismo ha utilizado el insulto para deshumanizar a su adversario y legitimar su neutralización física o simbólica, tanto por su parte como por sus seguidores. Durante sus primeros años fue muy eficaz para alimentar la polarización y la división entre el pueblo y las élites. Ahora mismo están intentando transformar lo de «mona» en un signo de identidad positiva, tal y como ha ocurrido con otras adjetivaciones como sudaca o veneco, que se resignifican. Creo que ese esfuerzo por resignificarlo no va a prosperar. El rechazo a los Rodríguez es muy extendido ahora. Incluso dentro de bases del chavismo, que los ven como traidores», añadió Uzcátegui.

«Por más que te disfraces, majunche (tonto), tienes rabo de cochino y oreja de cochino, roncas como un cochino. Eres un cochino», caracterizó Chávez al entonces candidato opositor Henrique Capriles, que también recibió lo suyo de Maduro («La Capriloca tira la piedra y se hace la loca… ¡Mariconsones y fascistas!») y del jefe parlamentario Pedro Carreño («Responde, homosexual, acepta el debate, maricón»).

Misóginos, machistas, homófobos, xenófobos, clasistas. La élite chavista, con Maduro a la cabeza, se ha servido con impunidad de su control de todas las instituciones del Estado para insultar a diestro y siniestro. Del huracán de improperios tampoco se han librado dirigentes españoles, como «narcotraficante» y «racista» (Feijoó), «fascista colonialista» (Díaz Ayuso), «ladrón» (Rajoy) y «asesino» (Aznar).