























Ferran Barber
Actualizado
La idea fue incubada durante el cambio de milenio en el invernadero febril de la burbuja inmobiliaria y consist�a en levantar un macrocomplejo tur�stico-residencial en unos terrenos a las afueras de Ciudad Real. El 4 de diciembre de 2002 se coloc� la primera piedra. El impulso del invento se atribuye a Valcansado S.A., sociedad del grupo Gedeco, y a la ambici�n de los hermanos Aurelio y Julio �lvarez.
Promet�an entonces un complejo sobre 1.250 hect�reas repartidas entre Valcansado, La Dehesa del Emperador y La Atalaya: un parque recreativo, cultural y comercial llamado Los Sue�os de Don Quijote; un hotel-casino con centro de convenciones; un espacio deportivo con campo de golf de nueve hoyos, otro de 18, zona de pr�cticas, casa club, piscina, tenis, p�del y gimnasio; y unas 2.000 viviendas iniciales, con previsi�n de superar las 5.000.
No era todav�a Las Vegas, sino una especie de macrocomplejo de ocio y viviendas con disfraz cervantino y esteroides administrativos. El delirio se ampli� despu�s, cuando Harrah's/Caesars se vincul� al proyecto como socio del futuro hotel-casino —que nunca lleg� a construirse ni a operar— y la idea empez� a venderse como un resort internacional con casino Caesars, hoteles, balneario, laguna artificial, tres campos de golf, hasta 9.000 viviendas y 6.500 millones de inversi�n anunciada.
Lo llamaron �El Reino de Don Quijote� y, en cierto modo, el nombre era perfecto. Don Quijote confund�a molinos con gigantes. La Espa�a del ladrillo confundi� suelo urbanizable con riqueza autom�tica. Un casino era menos mundano si se envolv�a en patrimonio literario; una recalificaci�n sonaba menos brutal si ven�a escoltada por hidalgos y promesas de desarrollo; un pelotazo en medio del secano parec�a m�s respetable si se vend�a como destino cervantino.
El Reino de Don Quijote no fue solo el resultado de la ocurrencia de cuatro se�ores dibujando hoteles en una servilleta. Desde el principio, las administraciones participaron en su encaje p�blico: tramitaron y aprobaron instrumentos urban�sticos, facilitaron su desarrollo territorial y lo presentaron como una oportunidad estrat�gica.
La iniciativa privada no hall� trabas en la cadena institucional que deb�a discriminar entre una inversi�n solvente y una operaci�n de urbanismo especulativo de alto riesgo.
La puerta institucional se la abri� la Junta de Castilla-La Mancha. En 2001, con Jos� Bono, del PSOE, al frente del Gobierno auton�mico, la Consejer�a de Obras P�blicas empez� a tramitar el Proyecto de Singular Inter�s.
La otra pata fue el Ayuntamiento de Ciudad Real, entonces gobernado por Francisco Gil-Ortega, del PP. Bajo su mandato se coloc� la primera piedra y el proyecto empez� a encajar en el planeamiento local.
Con ese tablero, aunque con Barreda reemplazando a Bono, el proyecto pas� de ciudad de ocio cervantina a Las Vegas manchega.
Y luego estaba Caja Castilla-La Mancha (CCM). CCM no era una administraci�n, pero s� una caja regional con fuerte peso territorial y gobernanza politizada, como buena parte de las cajas de la �poca.
En el Reino de Don Quijote particip� como accionista minoritaria —Cinco D�as cifr� su participaci�n en el 12,8%— y concedi� un pr�stamo de 24,5 millones de euros. La caja fue intervenida por el Banco de Espa�a en marzo de 2009 por problemas graves de liquidez, estabilidad y solvencia.
El proyecto empez� a torcerse cuando la cruda realidad dej� de financiarles la maqueta. En 2008, con el cr�dito ya agost�ndose, Harrah's/Caesars congel� su parte del plan: el casino no se levant�, los hoteles no llegaron y las viviendas se quedaron en promesa. La sociedad intent� seguir, pero el castillo se desmoronaba ya. En 2011 entr� en concurso Gedeco Avantis, principal promotora, y despu�s la propia sociedad El Reino de Don Quijote sigui� su ejemplo.
En 2015, los acreedores aceptaron una quita del 40% sobre una deuda de 200 millones: en cristiano, renunciar a unos 80 millones para intentar cobrar algo. Caja Castilla-La Mancha tambi�n estaba dentro: a 30 de junio de 2009, ten�a el 12,8% del proyecto, una inversi�n neta de 15,2 millones y riesgos por 27,1 millones.
�El dinero p�blico perdido directamente por El Reino de Don Quijote? No consta una cifra cerrada y atribuible solo a este proyecto; lo que s� consta es que una caja regional despu�s intervenida qued� expuesta. Los famosos 6.500 millones de inversi�n anunciada no se perdieron porque eran humo promocional. La ruina real fue otra: unos 200 millones de deuda concursal, una quita de unos 80 millones, acreedores esquilmados, una caja intervenida y una Las Vegas manchega que termin� encontrando en 2022 una oferta judicial de 5,5 millones por los terrenos.
�Y c�mo qued� aquello? Como suelen acabar las grandes epifan�as del ladrillo cuando se quedan sin orquesta: sin casino, sin Caesars, sin resort y sin ciudad nueva. Perdur� el campo de golf, que s� sobrevivi�; quedaron los viales, el suelo parcialmente urbanizado, las parcelas sin el futuro prometido y la iconograf�a perfecta para otra resaca ib�rica: quijotes oxidados, rotondas, maleza y la sensaci�n de que alguien cancel� la fiesta antes de que llegaran los invitados.
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*La serie 'Cr�nica... de las grandes chapuzas' se publica cada domingo en el suplemento CR�NICA de la edici�n impresa de EL MUNDO.
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