


























Ferran Barber
Actualizado
El Val es una presa de hormig�n de unos ochenta metros de altura sobre cimientos, levantada a finales de los 90 en el r�o Val, junto al municipio de Los Fayos (Zaragoza), en la comarca de Tarazona, a los pies del Moncayo. Fue dise�ada para almacenar unos 25 hect�metros c�bicos de agua y regular unos 38 hm� al a�o con aportes adicionales del Queiles. Sobre el papel era el embalse que iba a dar vida al valle; en la pr�ctica, se ha convertido en el dep�sito donde va a morir todo lo que la depuradora de �lvega y �greda no quiere tratar.
O si se quiere de otro modo. En el mapa, El Val se asemeja a un pantano m�s del Pacto del Agua. En la orilla, huele a lo que es; una enorme charca hedionda, la cloaca oficial de dos pueblos sorianos con complejo de pol�gono qu�mico.
Desde 1997, el vaso no acumula agua: almacena mierda. Literalmente. Aguas residuales urbanas, purines, grasas industriales... todo lo que la depuradora de �greda-�lvega no traga, lo vomita r�o abajo hasta el pantano.
�Resultado? El propio jefe de Calidad de Aguas de la CHE, Javier San Rom�n, se refer�a en 2017 a ese lugar como �el embalse m�s contaminado de toda la cuenca del Ebro�.
El diagn�stico era de manual de desastre ecol�gico: eutrofizaci�n brutal, con concentraciones de f�sforo y nitr�geno muy por encima de lo admisible, que disparan las cadenas tr�ficas hasta convertir el agua en un caldo espeso de algas y materia org�nica en descomposici�n; ox�geno pr�cticamente por los suelos, incapaz de sostener peces o invertebrados; y un c�ctel de nutrientes que alimenta episodios recurrentes de cianobacterias t�xicas, esas floraciones verdeazuladas que convierten la superficie del embalse en una piel viscosa y potencialmente peligrosa para la salud humana y animal.
Ecologistas en Acci�n, con datos de 2022 y 2024, habla de un embalse cuyo agua �es peligrosa incluso para el riego� y de un r�o Val en estado �peor que malo�. Los activistas describen como �r�o muerto� todo el tramo de ocho kil�metros anterior a la entrada de ese cauce en el embalse.
Durante los dos �ltimos a�os, han seguido cayendo vertidos �blancos� y espumosos desde la depuradora: sale m�s barato pagar sanciones que depurar en serio.
El Val es la consecuencia l�gica de un modelo que primero levant� una presa sobredimensionada para lucir hormig�n y luego consinti�, a�o tras a�o, que el r�o que la alimenta se convirtiera en un desag�e industrial.
Entre medias, una depuradora pensada para las aguas sucias de un pueblo normal fue convertida en coladero de un pol�gono qu�mico en expansi�n. �lvega y �greda crecieron a base de f�bricas y macrogranjas, la planta se qued� corta desde el primer d�a, el sobrante baj� directo al r�o y el pantano se fue llenando de porquer�a.
El Val deb�a regar y abastecer a unas 50.000 personas pero no riega casi nada porque la contaminaci�n lo hace inutilizable para agua de boca y los regantes se niegan a asumir los costes de elevaci�n y tuber�as, de modo que el agua apenas sale del vaso. Lo que s� entra sin parar son purines de una ganader�a intensiva desbocada seg�n los ecologistas y los excedentes de una piscifactor�a.
Y el chiste no sali� precisamente barato. La presa de Val y su embalse costaron en torno a 96 millones de euros de dinero p�blico, seg�n reconoc�a la propia Confederaci�n Hidrogr�fica del Ebro a comienzos de los 2000, cuando a�n vend�an aquello como la gran hucha de agua del Moncayo. A esa factura inicial hay que sumarle ahora otros 6,7 millones largos en proyectos de �mejora ambiental y uso recreativo� —playas, paseos, tomas y tuber�as para compensar a Los Fayos por el destrozo paisaj�stico— que tambi�n se cargan a los Presupuestos del Estado.
�A qui�n se lo debemos? El embalse se levant� a finales de los 90 con dinero del Estado v�a Confederaci�n Hidrogr�fica del Ebro, arropado por el Pacto del Agua aragon�s.
El Val fue precisamente uno de los primeros hijos de ese acuerdo que bendijeron PSOE, Partido Popular, PAR, CDS e IU. Aunque el �pecado original� fue colectivo (el modelo lo parieron el PP hist�rico y el viejo nacional-hidraulismo), quien lo convirti� en dogma fue el PSOE aragon�s de Marcelino Iglesias, haciendo del Pacto del Agua su Biblia de gobierno.
La ministra socialista Cristina Narbona dio luz verde desde Madrid; en Zaragoza, Marcelino primero y Javier Lamb�n despu�s se limitaron a cortar cintas y a aguantar a�os de denuncias sin mover un dedo serio para atajar el problema.
En la planta y en la cola del embalse, la responsabilidad es todav�a m�s concreta: los ayuntamientos de �greda y �lvega, gobernados por el PSOE en los a�os de expansi�n industrial, permitieron que un sistema de depuraci�n se usara como alfombra bajo la que esconder residuos. Tanto, que la Fiscal�a de Soria ha pedido investigar a seis empresas y a dos alcaldes.
Pagamos todos, se forraron unos pocos y el resultado es un monumento l�quido a la irresponsabilidad pol�tica.
(1) La A-14 de la Ribagorza: la autov�a que no lleva a ning�n sitio
(20) La presa fantasma de Alcolea, que se podr�a haber llenado ya tres veces este a�o
(23) La 'maldici�n' del tranv�a de Ja�n: cogiendo polvo en las cocheras durante 15 a�os
*La serie 'Cr�nica... de las grandes chapuzas' se publica cada domingo en el suplemento CR�NICA de la edici�n impresa de EL MUNDO.
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