























Ahora mismo, un emprendedor puede estar renunciando a la posibilidad de tener un sueldo fijo, pero en un par de años salvar la vida de bebés con tecnología accesible. Otro puede estar trabajando sin cobrar porque nadie se atreve a invertir en su negocio, pero mañana introducir a miles de personas en la educación financiera. Emprender exige mucho: jornadas que no acaban a las ocho horas, grandes inversiones que no regresan hasta después de un par de años... Pero el peso es más llevadero con un propósito, y la evidencia son los cuatro ponentes de la mesa Emprendimiento Rompedor: Negocios con impacto, en el segundo día del foro Future Makers.
«Qué mayor honor en mi tiempo que hacer ganar tiempo a otros», reconoció Pablo Sánchez, ingeniero impulsor de la ONG Medical Open World, que crea tecnología médica accesible como IncuNest, una incubadora low cost que ya ha salvado más de 4.500 vidas. Pero él no supo desde el primer día que quería dedicarse a esto, primero comenzó en empresas como BQ y Airbus hasta que, en 2017, la realidad de que un millón y medio de bebés mueren al año por falta de incubadoras le «tocó el corazón»., lo que le llevó a renunciar a su empleo para liderar el proyecto a tiempo completo.
¿Qué es lo que les lleva a los emprendedores a apostar todo en ideas que apenas empiezan? Su propósito, un aspecto que es fundamental para los más jóvenes. «Prefiero quedarme con la certidumbre de que he apostado todo y no ha podido ser, que con el 'qué podría haber sido'», reconoció Sánchez. Según Marta Nogueras, directora general de Lanzadera y moderadora de la mesa, para la generación Z es fundamental entender el porqué de las cosas, lo que hace que se muevan hacia proyectos que tengan un sentido más allá del beneficio económico. Porque la mayor satisfacción del emprendedor no llega en forma de beneficios, sino a través de la pantalla de su móvil, al ver cómo las gráficas de temperatura de «Pequeño Milagro» -un bebé de solo 500 gramos en Camerún- seguían activas contra el pronóstico médico local.
Este foro, desarrollado en colaboración con The European House Ambrosetti, es posible gracias al apoyo de Amazon, Astrazéneca, Cunef, EY, Fever, Fundación La Caixa, Generali, Glovo, Marina de Empresas, Philip Morris y Telefónica.
Al igual que él, Lupina Iturriaga sabe lo que es transformar una frustración personal en un ecosistema que ayuda a miles de personas. La CEO y fundadora de Fintonic relató que su primera gran incursión en el mundo fintech no nació en un laboratorio de ideas, sino en la cocina de su casa. A pesar de ser experta en banca y estar casada con un director financiero, «el Excel no cuadraba» y las discusiones por no saber a dónde se iba el dinero eran constantes. Esa necesidad real de organizar las finanzas domésticas en España fue el motor de su carrera y su proyecto futuro.
Para Iturriaga, el romanticismo de la «idea brillante» es un mito que los jóvenes deben derribar: «La idea no era tan importante realmente... sino la necesidad que había que cubrir». Con Fintonic ha logrado que miles de personas organicen sus finanzas, pero no sin dedicarle todo su tiempo.«Nunca he emprendido sin estar full... me parece imposible emprender sin estar al 100% o al 200%», insistió, porque después fundó Senior Expert, un proyecto de silver economy , para que los mayores jubilados vivan con liquidez y sin el «estrés brutal» de no tener dinero.
Eso sí, subrayó que para que la solución para esa necesidad tenga éxito se debe dejar atrás el miedo a compartir el proyecto para que otros lo desafíen. Es parte de la supervivencia. En su caso, antes de que siquiera existiera el término fintech, ella y su equipo estaban 100% convencidos de que una idea basada en derivados funcionaría, por lo que invirtieron mucho dinero y esfuerzo en desarrollar toda la tecnología y el código antes de tener clientes. La caída de los tipos de interés en ese tiempo no estuvo a su favor y fue imposible de vender aunque era «brutal de buena». «Nunca más vamos a desarrollar nada, ni una línea de código, sin haber de verdad vendido los proyectos», cuenta, aunque ahora Fintonic ya tiene más de 4,5 millones de usuarios.
Esa misma resistencia al desánimo la comparte José Luis Cáceres, Chief Brand Officer de Bit2Me. Un ingeniero industrial que vivió su etapa de «vacas flacas» en los inicios de su plataforma de criptomonedas. Su equipo pasó años «prácticamente sin cobrar» porque nadie se atrevía a invertir en un sector tan incomprendido. El emprendedor, que comenzó su andadura en 1997, se define como un «masoca» de la disrupción. Otro ejemplo de que el propósito se encarga de aliviar la carga de los proyectos. Por eso motivó a los jóvenes emprendedores a seguir adelante incluso cuando las cuentas no acompañen: «Cuando no veáis dinero en algo pero aprendáis mucho, es bueno».
En los momentos más difíciles de Bit2Me, el miedo al error estaba presente, pero hoy ya ha triplicado su facturación y ha superado 1,2 millones de usuarios y 7.500 empresas. «El mejor momento para emprender es cuanto más joven eres porque te puedes pegar más leches». Según su visión, la profesionalización de un negocio llega cuando se detecta el «flow», ese instante mágico donde el mercado valida la propuesta y alguien, finalmente, está dispuesto a pagar por ella.
La mesa se completó con Paula Babiano, quien personifica el salto al vacío más radical al que muchos jóvenes le tienen miedo. Dejó la estabilidad de un despacho de abogados, donde trabajaba tras cinco años de oposiciones, para seguir su pasión por la pastelería en Balbisiana. Su camino fue una carrera de obstáculos, incluso familiares.: «Mis padres me quitaron el coche para que dejase de ir al obrador». Y cuenta que llegó a alquilar su propia casa para poder costearse la comida en los meses más difíciles.
Hoy, con 160 empleados a su cargo, Paula se permite recordar esos tiempos y advertir a los futuros líderes de que «la caja es el único error en el que, si montáis una empresa, no os podéis permitir equivocaros». Pues es lo único que puede fulminar un proyecto que por lo demás sea brillante, el resto de miedos no. Por esto, instó a los jóvenes a no dejar que el perfeccionismo los paralice: «No esperar a que esté perfecto para lanzar», ya que emprender es un proceso constante de «prueba, error y pivotaje».
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