

























Si Future Makers fuese una letra, sería la Z. Si fuese una palabra: joven. Quizás audaz. Algo insolente. Canalla, en el mejor de los sentidos. Su color sería el verde neón y su canción, -quasi autoproclamada- Hamburguesas, de Carolina Durante. La esencia de este foro, que se erigió durante la tarde del miércoles 4 de febrero y se prolongó durante el jueves, se ha ido forjando como suele hacerlo todo lo bueno: poco a poco, sin demasiada prisa y con actitud a raudales. La Casa Encendida de Madrid albergó durante dos días a un batallón de zetas (y no tan zetas). Algunos como ponentes, otros como entrevistados y la mayoría como público.
Allí uno se encuentra frente a una neurocientífica que desvela las costuras psicológicas que te hacen propenso al populismo; frente a alguien que, porque quiere y puede, ha salvado la vida de más de 5.000 bebés prematuros. También hay emprendedores -tantísimos emprendedores-... ¿Puede ser esa la palabra más desgastada de la última década? Probablemente. Y, sin embargo, bajo el estigma que arrastran, se han endeudado, se han dado de bruces con la realidad y, mira tú por dónde, han salido victoriosos. Entonces, uno piensa que ser joven no está tan mal. «¿Qué demonios significa ser joven?», preguntaba Paula María Álvarez, periodista de EL MUNDO, en su discurso de apertura.
Este foro, desarrollado en colaboración con The European House Ambrosetti, es posible gracias al apoyo de Amazon, Astrazéneca, Cunef, EY, Fever, Fundación La Caixa, Generali, Glovo, Marina de Empresas, Philip Morris y Telefónica.
Paula es joven, claro, y sabe que serlo trae consigo una borrachera de contradicciones y etiquetas impuestas. Así, porque sí. «¿Cómo se va a explicar ser joven hoy si no es con una dosis de realismo mágico? Esa es nuestra mili», sentenciaba. En lo que duraron sus palabras, Paula recogió el quid que define a esta generación: ser quienes somos, ser como somos. «Adaptarnos a un presente incierto. Uno que cada mañana reinventa el orden conocido, el orden mundial, donde cada 20 segundos se declara una guerra comercial, se lanza la siguiente gran revolución tecnológica o se nos reconfigura la cara y el cuerpo que deberíamos tener para triunfar». ¿Nuestra mili? Esa es nuestra mili. A esa dosis de aliento, realidad y todo lo que hay entre medias le siguió una conversación entre Joaquín Manso, director de EL MUNDO, y Luis de la Fuente, seleccionador nacional de fútbol. De la Fuente habla como quien ha visto mucho y sabe más. Experiencia, de sobra. En el campo, sí, pero sobre todo con la generación de nativos digitales.
«Para triunfar en el fútbol hay que jugar bien al fútbol, obviamente, y atender a mil detalles más, pero lo verdaderamente importante son los mil detalles más», declaró. El broche de oro lo puso él mismo al alentar a una generación de jóvenes, bañarlos en elogios y, a la par, dejar entrever que la edad -a pesar de su pésima fama- quizás no está tan mal. Que vivan los jóvenes, sí, siempre. Pero que viva todavía más la veteranía: «Sin experiencia no se aprende y, probablemente, tampoco se triunfa. Y la experiencia se gana trabajando, y con años». Touché, boomers, touché.
«Saoko, papi, saoko. Soy todas las cosas, yo me transformo». Sabias palabras, las de Rosalía. Quizás por sabias, quizás por poperas, fueron también las que dieron comienzo a la jornada del jueves. «Lo que nos dice Rosalía en esta canción es que el nuevo mundo es esencialmente un estado de gracia, que la incertidumbre es la nueva normalidad y que la respuesta -su respuesta- es dominar el arte del cambio», arrancaba Joaquín Manso. Una vez más, se remitía a esa mili que amenaza con ser tan nativa a los zeta como el propio algoritmo: «Sabéis que el futuro no está garantizado, pero seguís estudiando, investigando, emprendiendo, implicándoos en las causas que os importan. Esto es lo que se necesita en el mundo en el que vivimos». La periodista televisiva Noor Ben Yessef, tomó las riendas del foro, por el que pasaron un centenar de jóvenes: universitarios, colegiales, trabajadores... Un batiburrillo de lo que es ser zeta en todas sus variantes. Escaleras arriba, escaleras abajo. Ahora aquí, luego allá.
Ben Yessef guió con destreza la jornada de un ponente a otro. Los temas recurrentes fueron la audacia y el anhelo de libertad, con una buena dosis de osadía para mandarlo todo a paseo.
El conseso no consensuado entre los invitados acabó en un «hazlo y no mires atrás», envuelto en experiencias vitales y lecciones de vida. Ana Cejudo, CEO de la escuela de IA Founderz, fue la primera en subir al escenario. «El éxito es subjetivo», dejó caer. «Para uno puede ser estar en una gran empresa; para otro, tener un bar en la esquina de su pueblo; para otro, entregar su vida a una agencia». Cejudo, emprendedora y empresaria, habló sobre la inteligencia artificial como una realidad a la que -para desgracia de algunos y suerte de otros- nos toca adentrarnos. Del todo, de lleno, sin mirar atrás. ¿IA: amiga o enemiga? Quién sabe. No hubo forma de escapar a la confusión -¿miedo? ¿curiosidad?- que provoca el intelecto postizo (y ahora parece que obligatorio) del futuro. Mientras Cejudo la celebraba a su manera, la mesa cultural de la tarde la cuestionaba y examinaba con lupa. «Me pongo tenso con solo escuchar la palabra IA», confesaba Diego Ibáñez, vocalista de Carolina Durante. La IA se coló como estrella de la jornada.
En otro rincón, el Speakers' Corner se coronó como una sucesión de entrevistas, conversaciones y alguna que otra ponencia. La astronauta e ingeniera Katya Echazarreta (1995), mexicana, inauguró el espacio. Pablo Sánchez Bergasa, con sus incubadoras low cost; Anna Victoria Politkovskaya, activista rusa y nieta de la periodista asesinada; y un séquito de jóvenes con renombre e historias con mayúsculas la sucedieron. Los entrepreneurs invadieron Future Makers como un vendaval. Ahí estaban, en todas partes: La pesadilla del status quo. Al frente, el cabecilla del mal sueño boomer por antonomasia: Bruno Casanovas, cofundador de Nude Project. Pantalones anchos (y algo caídos), gorro de crochet. ¿Zapatos? Solo cuando son necesarios. Sentado en sukhasana, modo indio y descalzo, entabló conversación con Grace Beverly, influencer británica y fundadora de una marca de ropa deportiva. Dos emprendedores que han acabado construyendo un legado con las redes como atajo al éxito.
De éxito se empaparon los oyentes -ese batallón de jóvenes zeta- que terminaron por hacerse con la conversación. El micrófono rulaba de mano en mano en cada ponencia. Que cuál es la fórmula para tomar las mejores decisiones; en qué conviene invertir al empezar un negocio; y ¿qué hay del miedo? ¿Del riesgo? ¿Cómo discernir ideología de valores? ¿Hace falta posicionarse ideológicamente siendo artista? La cultura también tuvo su momento: María Hervás, David Uclés y Diego Ibáñez debatieron sobre posicionamiento político, identidad artística y redes sociales. Entre ponencia y mesa redonda, Future Makers también se abrió al debate colectivo. En diversas mesas de trabajo --debate y metodología- se intercambiaron ideas sobre precariedad laboral, vivienda, emprendimiento y ese futuro que siempre parece llegar tarde. La jornada terminó con una fiesta. Música, risas y gente que hasta hacía un rato estaba subida a un escenario mezclada con quienes habían ocupado las butacas. Las conversaciones siguieron, ya sin micrófono y con menos filtros. Nada de cierres oficiales ni mensajes para llevar a casa. Simplemente eso: ruido, movimiento y un foro que se apagó como se había construido, sin prisa y sin solemnidad.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。