Cinco chicos y chicas se reúnen para poner en común las limitaciones que aprecian en el sistema político y proponer soluciones para tener más voz

Los participantes de la mesa de trabajo sobre modernización del sistema político, el pasado jueves en el foro Future Makers
Actualizado
Muchas veces se dice que los jóvenes están sobreexpuestos. A las pantallas, a las redes sociales, a los bulos... Pero la generación Z a lo que se siente realmente sobreexpuesta es a la información política. Los titulares sobre dirigentes anunciando medidas o protagonizando acusaciones cruzadas les abordan por todas partes: del telediario a las notificaciones de sus teléfonos, pero todo lo ven como un "discurso vacío", una forma de "captar su atención de forma superficial". Les genera "hastío" y les aleja de profundizar en materias que saben que les conciernen. Los jóvenes no quieren politiqueo, quieren política.
Es una de las conclusiones a las que llegaron los cinco zetas que se sentaron el jueves a la mesa para hablar de "modernización del sistema político" -es decir, para simular una conversación con amigos en un bar-. Los jóvenes de hoy reniegan de la teatralización de la política que, a su juicio, es la tónica en cada sesión de control en el Congreso, y de los choques discursivos sin sustancia. En la era de ChatGPT, los zeta buscan una política concisa, tangible, que dé respuesta a sus problemas. Ansían saber qué propone exactamente el PP para desbloquear la crisis de vivienda, o qué vías explora el PSOE para mejorar los servicios públicos que hoy ofrece el Gobierno.
"Creemos que somos la generación del futuro, y por eso tratamos de procurarnos uno", se dijo en la tercera planta de La Casa Encendida, en una sala soleada que por unas horas hizo las veces de laboratorio de ideas. Una joven propuso impulsar una plataforma que refleje visualmente las propuestas de cada partido en distintos asuntos, y recibió el visto bueno de sus compañeros. Otro abogó por integrar a jóvenes en las mesas de trabajo que organicen las formaciones políticas a la hora de diseñar sus propuestas en cada materia, y a nadie le sonó mal. Porque no sonaba nada mal.
No se quejaron especialmente los jóvenes de que el porcentaje de parlamentarios por debajo de los 35 años sea mucho menor a la proporción que representa este grupo en la población -esto es: que están infrarrepresentados-. Pero sí se dijeron molestos porque no se les tenga en cuenta, tampoco, en las salas de máquinas de la política. Allí donde se cocinan las propuestas a poner en marcha, también las muchas que conciernen a los jóvenes. "Se concibe la política como un tema de adultos", creen, y lamentan que se les "tacha de incultos e inmaduros". Por eso piden a los dirigentes que bajen de los institucional a lo terrenal, que se acerquen a las nuevas generaciones y aterricen sus medidas en las realidades de los jóvenes, para ver si son viables: "En los partidos tiene que haber personas que estén conectadas con quienes necesitan cada solución".
Los participantes de la mesa apuntaban sus ideas en unos post-it. En uno, de color naranja, se leía: "Mecanizar la comunicación. Lenguaje simplificado". Fue la petición que aglutinó mayor consenso: la política institucional no está llegando a los jóvenes porque no está en sus canales ni en su idioma. Y, en este punto, los zetas de la mesa redonda dieron alas a la creatividad. Una chica propuso a los medios grabar sketches para escenificar la utilidad de ciertas medidas, y otra sugirió hacer tiktoks que resuman lo que sucede cada día en el Congreso. Lo cierto, según un informe del Consejo de la Juventud de España, es que la mitad de menores de 35 años ya consume contenido político por esta vía.
























