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La casa del dragón, la sucesora de Juego de tronos, está desde su comienzo destinada a estallar en una enorme guerra conocida en los libros de Historia (ficticios, por supuesto) de Poniente como la Danza de Dragones. Si la primera temporada sirvió para que conociésemos a las dos mujeres que liderarían los dos bandos, Rhaneyra el de los negros y Alicent el de los verdes; la segunda dispuso todas las piezas sobre el tablero; la tercera promete ser puro fuego. Hemos visto antes otras batallas con dragones, sí, pero a partir de ahora la violencia, las pérdidas y los resentimientos no dejarán de escalar.
"Creo que por primera vez vemos a Rhaenyra en una posición de verdadera confianza en lo político y en lo personal", recapitula Emma D'Arcy. "Comanda una gran cantidad de dragones, tiene una fuerte presencia naval, cuenta con un poderoso ejército terrestre gracias a Damon y acaba de recibir una oferta sorprendente de Alicent para facilitarle el paso a Desembarco del Rey sin derramar más sangre. Su campaña ha cobrado un gran impulso. Y esto se combina con una creciente religiosidad, que nace del sentimiento de que su éxito parece estar predestinado".
Podríamos creer, entonces, que la protagonista tiene el viento de cara y que la conquista del Trono de Hierro será coser y cantar, pero nada es tan sencillo en el universo del escritor George R.R. Martin. "Nadie está a salvo", avisa Ewan Mitchell, el actor que da vida al villano Aemond Targaryen: "Es como volver a los viejos tiempos de Juego de tronos: no importa en qué lugar de Poniente estén, ningún personaje está a salvo".
Para él, esta es la temporada más colosal hasta la fecha: "Cada departamento de la serie ha subido el nivel para conseguir darle al público lo que quiere. Hay muchísimas batallas esta temporada y son más grandes y más intensas. Pero no solo eso: esta temporada tiene muchas más consecuencias".
Y esta vez no habrá que esperar varios episodios para que la acción explote: el que abre la temporada, que veremos en HBO Max el lunes 22, nos presentará una cruenta guerra que se libra por mar y aire, conocida como la Batalla del Gaznate, que promete ser visualmente apabullante. "Si no recuerdo mal, creo que fueron como ocho semanas de rodaje porque se hizo en dos bloques. Fue una secuencia bastante larga, con muchos movimientos de cámara y muchas tomas. El resultado es impresionante", recuerda el actor Abubakar Salim, Alyn de Hull en la ficción.

Escena de la tercera temporada de La casa dragón.HBO MAX
"Construyeron dos barcos y además teníamos dos tanques, uno seco y otro húmedo", cuenta su compañero Steve Toussaint, cuyo personaje, Lord Corlys, también está involucrado en esta secuencia de acción. "Primero grabamos en el tanque seco y luego metieron los barcos en el agua. Además, estuvimos coreografiando las peleas durante al menos un mes antes, así que todo junto fueron dos o tres meses para una secuencia de quince o veinte minutos en pantalla. Se invirtió mucho en ello, pero nos han dicho que podemos estar orgullosos del resultado".
A medida que avance la temporada, ambos bandos recibirán reveses y deberán lamentar bajas entre sus filas. Pero para Matt Smith, que encarna a Daemon, no es sencillo hablar de buenos y malos en una historia como ésta: "Creo que es el público el que debe observar, juzgar y etiquetar, preguntándose si esto o lo otro supone ser un héroe o un villano, o un antihéroe".
Su interés como actor, dice, es otro. "Para mí, lo más importante es llevar a este personaje a su peor versión; empujarlo lo más posible y ponerle al borde del precipicio. A cosas de las que uno piensa que es imposible que un personaje se recupere, y ahí es donde encontramos la esencia. Si eso lo convierte en un villano o un antihéroe, no lo sé. Eso es algo que otros tendrán que descifrar, pero creo que ahí es donde reside su mayor interés".
Fuera de Poniente, La casa del dragón se enfrentará nuevamente al escrutinio de los fans del universo de Juego de tronos, especialmente de quienes conocen al dedillo lo relatado en el libro Fuego y Sangre, narrado como una crónica histórica. "Creo que lo interesante es la tensión que supone crear una adaptación como esta: el material original es una historia con una trama bien definida, mientras que aquí lo contamos desde la perspectiva de un drama familiar", apunta D'Arcy.
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