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Bajo el calor pegajoso de Guadalajara, el partido derivó pronto hacia un terreno que poco tenía que ver con el fútbol. Uruguay convirtió el césped en un campo de batalla, un semillero de patadas, codos, empujones, roces y trifulcas constantes en el que cada disputa acababa con varios jugadores encarados. España nunca encontró la continuidad que acostumbra porque el encuentro se jugó exactamente donde quería la selección celeste: en la fricción, la interrupción y la provocación permanente. La permisividad del colegiado, el estadounidense Ismail Elfath, terminó de inclinar el escenario. Su criterio desconcertó a unos y envalentonó a otros. Durante muchos minutos dio la impresión de arbitrar con el reglamento del hockey sobre hielo bajo el brazo, dejando sin sanción acciones que en cualquier otro partido habrían supuesto una cascada de tarjetas. Uruguay entendió enseguida hasta dónde podía llegar y explotó ese margen con oficio y dureza. España encontró mucho más resultado que fútbol.
La fotografía del equipo de Luis de la Fuente no parecía la más adecuada para una guerra de desgaste como la planteada por los uruguayos. Sin fluidez en la circulación y lejos de su mejor versión, sobrevivió gracias a la paciencia y a un golpe de fortuna que terminó decidiendo la noche. La acción llegó cuando menos se esperaba. Álex Baena probó suerte desde media distancia con un disparo aparentemente inocente, pero Fernando Muslera protagonizó una de las grandes cantadas del campeonato.
El veterano guardameta calculó mal la trayectoria, dejó escapar un balón sencillo y contempló, incrédulo, cómo terminaba dentro de su portería. Un error impropio de su experiencia que entregó a España el liderato del grupo. Uruguay se quedó sin respuesta y también sin Mundial. Apostó por la intimidación, encontró la complicidad involuntaria de un arbitraje desconcertante, pero acabó pagando caro su incapacidad para imponer fútbol cuando el partido exigía algo más que dureza. España salió reforzada en la clasificación, aunque con la sensación de que aún debe ofrecer bastante más para aspirar a lo máximo.


























