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El Real Madrid, que informó de la muerte, "lamenta profundamente" el fallecimiento de Santamaría al que califica de "una de las más grandes leyendas" del club y del fútbol mundial
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Los héroes primero están cansados. Luego se extinguen. José Emilio Santamaría Iglesias (Montevideo, 1929), héroe del madridismo triunfal y eterno, estaba cansado en 1966 y se retiró entonces del fútbol con 37 años. Ahora se ha extinguido con 96, asociado para siempre al primer, gran e inmortal Real Madrid de las iniciales Copas de Europa. Uno de esos futbolistas a los que se puede catalogar con toda justificación de históricos en un club de esa misma grandeza imperecedera. Había sufrido recientemente un accidente doméstico. Se complicó su estado con una enfermedad. Su avanzada edad no permitía una operación y la muerte fue inevitable.
El Real Madrid al que llegó en 1957 desde el Nacional de Montevideo era el de Di Stéfano, Kopa, Rial y Gento, entre otras figuras. Y, más tarde, Pirri, Zoco, Puskas, Amancio... Apareció a tiempo para ganar las Copas de Europa de 1958, 1959 y 1960. Y aguantó, aunque no jugó la final, hasta la de 1966, la de los "ye-yés. Cuando se fue del Madrid, había levantado cuatro Copas de Europa, seis Ligas, una Copa de España (del Generalísimo) y una Intercontinental. Y jugado 337 partidos. Posaba en las fotos de la alineación con las manos entrelazadas, abiertos los codos, en una imagen muy característica.
El Madrid se había fijado en él por sus actuaciones en el Mundial de Suiza54 (admirador confeso de Obdulio Varela, no estuvo en el "Maracanazo" de 1950) y de la Copa América del 57, recomendado, además, por Héctor Rial, que había jugado en Uruguay y lo conocía. El Atleti había pretendido su incorporación durante una gira a emprender por los rojiblancos en Sudamérica. La gira se suspendió y el fichaje también. Entraron en liza entonces el Barcelona, por medio de un intermediario, y el Madrid, por carta directa. Santamaría eligió a los blancos.
Alto para la época, fuerte, causó una revolución en la defensa, que compartió, notoriamente, con Atienza, Lesmes, Marquitos, Pachín, Sanchis...al unir la contundencia de un clásico zaguero de entonces (y ahora) con una calidad técnica que le permitía sacar el balón jugado desde atrás, con solvencia y criterio, iniciando así de algún modo el ataque. Hoy diríamos un defensa "moderno". Central poderoso en el juego aéreo, curiosamente no aprovechó de manera equivalente esa característica en los saques de esquina en el área rival. Sólo marcó dos goles durante sus nueve años de madridista.
Hijo y nieto de gallegos, rubio celta, su incorporación a la selección nacional fue lógica y rápida. Jugó 16 encuentros con España entre 1958 y 1962, con Quincoces, Rivilla, Garay, Segarra, Gracia, Calleja y compañeros del Madrid compartiendo los puestos en la cobertura. En el Mundial de Chile62 intervino en dos partidos en la primera fase.
Tras retirarse, inició una carrera de entrenador. Larga y en banquillos importantes, aunque no reeditase en ellos sus logros como jugador. Desde las categorías inferiores del Madrid, dirigió a las selecciones olímpicas de México68 y Moscú80. Y a la absoluta en el desdichado Mundial de España de 1982. También entrenó al Espanyol.
El fracaso del 82 le causó un gran impacto psicológico del que, quizás, nunca se recuperó del todo. Dejó entonces el fútbol y dedicó su tiempo al negocio del pan de molde y la bollería. Y a su extensa familia (siete hijos y numerosos nietos). El madridismo y el fútbol entero le rinden hoy un homenaje universal.


























