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El Bar�a alza la Liga sobre las ruinas de un imperio
Orfeo Suárez · 2026-05-11 · via Deportes

Va el Madrid con su bandera, dice el himno del Madrid, el viejo himno del que pocos de sus futbolistas saben interpretar el significado. Esa bandera ondea, hoy, boca abajo, sin victoria y sin honor, en el mismo lugar en el que el Bar�a alza la Liga, la segunda consecutiva, firme en las convicciones que nacen del liderazgo de Hansi Flick, ansioso como un adolescente ante su primer amor e imp�o sobre las ruinas de un imperio. [Narraci�n y estad�sticas, 2-0]

El cl�sico del Camp Nou no era �nicamente la ocasi�n de sellar un t�tulo cantado ante el rival que da sentido a la propia existencia azulgrana, porque no habr�a m�s que un club sin el Real Madrid. Era la oportunidad de encender la pira en la que est�n sus futbolistas, pecadores, pero no responsables del pecado original.

Tampoco lo es Arbeloa, porque la verdadera hoguera a la que no quer�a echar a sus jugadores es su banquillo. Los males del Madrid tienen que ver con el extrav�o del principio de autoridad en un club donde el desgaste del l�der m�ximo es evidente. The tone on the top, dicen los brit�nicos. El tono en la c�pula, el tono que ti�e todo lo dem�s. El que llega al vestuario de Valdebebas no es, hoy, el adecuado. Florentino P�rez necesita recuperar el de sus mejores tiempos, porque esta no es una crisis estacional.

El tiempo dir� si el cl�sico del Camp Nou, hist�rico por ser el primero en el que uno de los dos contendientes define el t�tulo, es o no el de un cambio de ciclo, y no hablamos de un ciclo deportivo. El Bar�a ha fijado la autoridad en el vestuario, un buen lugar, como ha sido la mayor parte de su historia, porque siempre lo ha definido el juego. A Joan Laporta le corresponde el acierto en la elecci�n del alem�n, pero no es un personaje con auctoritas. Le falta altura. El d�a de la muerte de su padre, Flick decidi� quedarse en Barcelona y dirigir a los suyos. Una elecci�n muy personal y que merece respeto, pero que, en cualquier caso, refuerza su figura.

Sin rebeli�n personal

Muy cerca de Flick estaba Lamine Yamal, de rosa. Lesionada la gran estrella, acompa�aba a sus compa�eros a pie de campo. Mbapp�, por su parte, not� unas molestias el d�a anterior al cl�sico y fue baja. M�s molestias, m�s sospechas. El vodevil de la semana, entre tortas, mentiras y reproches, ha convertido al vestuario del Madrid en el camarote de los hermanos Marx. Era dif�cil hacer de eso un equipo para jugar en el Camp Nou. Lo �nico que cab�a esperar era la rebeli�n personal, jugar por la propia dignidad. Apenas se apreci� en Brahim, con un n�ufrago, y en Courtois, reaparecido para evitar un escarnio mayor. El resto era como un ej�rcito entregado, entre el deshonor y la cobard�a.

El regreso de Courtois, un capit�n en un lugar que se ha quedado sin capitanes, buscaba ese efecto. En el primer lanzamiento del Bar�a con intenciones, Courtois no fue Courtois. Ni un reproche en el gol de Rashford para el portero, h�bil el ingl�s en el enga�o al perfilarse para el lanzamiento de falta. Ni una exclamaci�n por una intervenci�n de otro mundo, aunque las paradas del gigante llegar�an despu�s, ante el propio Rashford o Ferran, cuando el choque amenazaba una goleada sangrante.

La verg�enza callada de Arbeloa

Arbeloa presenciaba todo impert�rrito, en su pose habitual, mientras soportaba la mofa del p�blico. Siente una verg�enza que no puede explicar. Se ir� con sus silencios a un despacho del club. Perdi� a Valverde por la pelea con Tchouam�ni, mantuvo al franc�s porque el club no lo apart�, s�lo le mult�, y a las calamidades se sumaron los problemas de Huijsen en el calentamiento. Eso le oblig� a llamar a Asencio, uno de los futbolistas con los que no hab�a contado y m�s opuestos al entrenador.

De ese Madrid roto por las bajas y por la ignominia no pod�a esperarse el juego, pero tampoco apareci� la intensidad. La del Barcelona era constante, sin necesitar de su mejor versi�n, ni su mejor alineaci�n. Sin Lamine y Raphinha, que apareci� en el �ltimo tramo, y Lewandowski, el Bar�a form� en el once sin la delantera de la primera obra de Flick. Ferm�n ofreci� su energ�a en la izquierda, Rashford el gol y la velocidad, y Ferran puso muchas m�s cosas, siempre en movimiento, inyectado y preciso, el mejor azulgrana. Provoc� la falta del primer tanto y anot� el segundo, que plasm� todo el contraste entre Bar�a y Madrid. Olmo toc� preciso de tac�n y Ferran se comi� el espacio de Asencio y R�diger, ambos on una pasividad pasmosa.

Brahim, el �nico

Gonzalo no afin� en una llegada, Vinicius amag� y nada m�s, Bellingham se perdi� y Brahim se cans�. Las llegadas del Madrid fueron las llegadas de la impotencia ante las que el Bar�a decidi� ser pr�ctico y esperar a las contras y a la fiesta por la vigesimonovena Liga. La Champions est� en el debe de Flick, y eso lo sabe el propio t�cnico, pero su trabajo se impone en Espa�a, a cubierto de su ingl�s en las ruedas de prensa, con una generaci�n muy joven. Laporta dice am�n.

En el Madrid se dicen otras cosas de los entrenadores y la Champions le ha sonre�do como a ning�n otro. No es un mal plan, pero nadie sabe si es posible repetirlo, porque estos futbolistas no son los de antes. El Madrid no es el Bar�a ni Florentino quiere a un Flick, pero necesita alguien que reconstruya un equipo para sostener un imperio. Jos� Mourino puede hacerlo a su manera, pero el portugu�s tambi�n deja ruinas a su paso.