






























"Me gusta la marcha y me crezco en estas situaciones". Unai Marrero tiene 24 a�os, se ha criado en los campos de Zubieta y, hasta esta temporada, solo le hab�an lanzado dos penaltis en la �lite. Se lo par� a Mbapp� la temporada pasada y se lo marc� Luis Rioja un a�o antes. En La Cartuja fue su segunda tanda, porque la primera se la gan� a Osasuna y fue cuando dijo que estaba "en su salsa". Quiz� por eso se agigant� ante Sorloth y Juli�n �lvarez para atajar los dos primeros lanzamientos del Atl�tico y colocar la Copa del Rey mirando a San Sebasti�n. Su naturalidad le llev� a confesar que hab�a echado mano de "chuleta" y que le hab�a dicho a Pablo Mar�n, el �ltimo lanzador, que confiara en �l y estuviera tranquilo, como �l lo estaba.
"La gente de Guip�zcoa ha sufrido mucho. Hay que so�ar, hay que creer. El chico que so�aba de peque�o, lo ha logrado. Es un sue�o para m�", confesaba sin dejar de honrar al club donde ha crecido. "Como la Real no hay otro equipo", insist�a.
Hubo dudas de si Matarazzo iba a confiarle al chaval la titularidad en la final. "Yo estoy para ayudar al equipo y estoy muy feliz de defender este escudo cuando me toque", insist�a. Matarazzo no lo dud�. Y Remiro fue el primero en ir a abrazarle como campe�n. El chico que se pone siempre primero el guante izquierdo y la bota derecha iba a ser el muro sobre el que se estrell� el Atl�tico.
La Copa del Rey siempre acaba dejando nombres que jam�s se olvidan y en 2026 ser� Marrero, pero fue disputado saber qui�n ser�a el h�roe. Pugnaron muchos, del tempranero Barrenetxea al superh�roe que aceler� a los atl�ticos. Juli�n �lvarez emergi� para tomar la manija, forzar la pr�rroga con un zurdazo en el 82 y enviar un disparo a la cruceta en la pr�rroga. Hab�a marcado en todas las finales que jug� y no se amedrent� cuando le toc� llevar el peso de una final sobre sus espaldas.
Le oblig� la Real a tomar protagonismo. Los donostiarras quisieron dejar huella en la historia antes de que se cumpliera el primer minuto. Fue Guedes, con un guante en sus botas y un idilio con esta Copa, quien le sirvi� a Barrenetxea un centro que el canterano, como si fuera un corpulento 9 acostumbrado a cazar balones en el �rea, cabece� desde el punto de penalti para marcar a los 14 segundos el gol m�s r�pido en una final. Adelant� a Unamuno (Athletic, 1930) y Badenes (Valencia, 1952) e inclin� el partido para la Real.
No hubiera podido hacerlo si Guedes no hubiera servido su cuarta asistencia en esta competici�n, siempre para desatascar a los donostiarras. Lo hizo con ese primer gol y despu�s siendo la v�ctima de Musso en el penalti que Oyarzabal, c�mo no, no fall�. Aunque, para idilio con la Copa, y eso que lleg� a la plantilla en enero, Ademola Lookman. En muchos momentos pareci� imposible de frenar y, en el minuto 18, empat� el duelo. Ha jugado cuatro partidos y sus n�meros son tres goles y dos asistencias. Por eso sorprendi� que Simeone lo mandara al banquillo en el minuto 60, cuando parec�a que m�s lo iba a necesitar.
Y es que la final la hab�a puesto cuesta arriba otro jugador, otra vez por gracia de Guedes. Busc� el luso un centro de Carlos Soler cuando Musso lo atropell� en su salida. Alberola Rojas no dud� y puso a Oyarzabal en el punto de penalti. Es infalible el capit�n en esa faceta, como si no hubiera presi�n. Aunque exista y se transforme en calambres que impidan acabar el partido. Para tratar de contrarrestar esos galones emergi� Koke, con un gran trabajo oscuro. Se jugaban qui�n recoger�a el trofeo de manos del Rey Felipe.
A los goleadores realistas les toc� sufrir en el banquillo los �ltimos 20 minutos, que pod�an ser suficientes para volver a ser campeones. No hab�a aparecido la p�lvora del Atl�tico, pero estaba en el campo. Griezmann no hab�a brillado y Giuliano se march� engrisecido. Juli�n �lvarez no amenaz� hasta que las cintas de la Copa empezaban a te�irse de blanquiazul. Entonces, m�s centrado y con Sorloth como referencia, decidi� tirar de su equipo, que tuvo ocasiones para evitar acabar en la tanda. Pero, otra vez, un penalti le apart� de la gloria.
No pod�a dejar de sonre�r Pellegrino Matarazzo. Apenas unos meses en Espa�a y ya suma su primer t�tulo en un equipo en el que ha encajado y donde el crecimiento es grande. "Tenemos mucho talento y una gran proyecci�n de crecimiento en Zubieta. Este equipo y esta afici�n son incre�bles", reconoc�a desde el c�sped. En el palco, su presidente, Jokin Aperribay admit�a que hab�a llevado "alegr�a" al vestuario.
Ejemplo de ese talento es Pablo Mar�n, que en 2020 era recogepelotas en Anoeta y, seis a�os despu�s, marc� el penalti decisivo con una tranquilidad impropia.
La cruz la carg� Diego Simeone. "Tenemos la conciencia tranquila de haber hecho lo que pod�amos", resumi� el argentino, que se pas� la tanda de penalti mascullando entre dientes "hoy es el d�a". No lo fue por los errores de su equipo.
"Pudimos haberlo resuelto mejor el primer gol y el penalti. Luego empatamos y pudimos resolver en los 90. En el alargue, fue una para ellos, la que tap� Musso, y una nuestra a la escuadra", analiz�. "Ven�amos de un gran esfuerzo con el Bar�a, pero despu�s del primer gol, el equipo reaccion� bien. Luego cay� en el espacio en que no pudimos competir como quer�amos. La segunda parte y el alargue fueron buenas", a�adi�.
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