





























El 26 de junio de 2016, Argentina acababa de perder su segunda Copa América ante Chile en la tanda de penaltis. Messi había lanzado fuera el primer penalti en un lanzamiento idéntico al que falló ante Austria, pero las consecuencias no fueron las mismas. Aquel Leo era un jugador cuestionado, que tenía cinco Balones de Oro y cuatro Champions, y el 10 de Argentina a la espalda sin que le hubiese dado nada. No se creía en él y, en caliente, anunció su renuncia a la Albiceleste. «Lo pensaba en el vestuario. Ya está, se me acabó la selección. Ya está. Son cuatro finales, no pude ganarlas. Me duele más que a ninguno, pero es evidente que no es para mí. Deseaba un título con la selección más que nadie y lamentablemente no se dio», admitió el jugador en las tripas del estadio de New Jersey.
Han pasado 10 años y Messi no se fue, lo que Argentina agradeció. Le costó dos años ser más determinante que nunca, pero lo logró en 2022 iniciando su mejor etapa con la selección. Messi fue campeón del Mundo, dos veces de la Copa América y se ha convertido, con 39 años, en el máximo goleador de la historia del torneo con 18 tantos. El primer gol lo marcó en el Mundial de Alemania, con 19 años, un 16 de junio ante Serbia, a pase de Carlos Tévez. No volvió a meter otro y Argentina se volvió a casa en cuartos eliminada por la anfitriona. En Sudáfrica, cuatro años después, la selección dirigida por Maradona cayó en la misma ronda y ante el mismo rival, pero con una goleada (4-0) a la espalda.
El líder que todos esperaban emergió en Brasil 2014, y lo hizo. De los siete goles que marcó Argentina en el torneo, al que hay que sumar uno en propia puerta de Bosnia, cuatro los marcó La Pulga. La racha empezó en el primer partido frente a Bosnia: una pared con Higuaín al borde del área y su clásico zurdazo inapelable. Irán también le sufrió: Zabaleta se la deja en el pico del área derecha, Leo se acomoda el disparo a la izquierda y vuelve a soltar un latigazo imparable. Ese gol dio la victoria a Argentina.
Aunque estuviera avisada, Nigeria tampoco pudo contenerlo en un partido loco que acabó 2-3. Messi marcó dos goles. El primero, en el minuto tres, encañonando un balón escupido por el portero a un tiro de Di María. Tras el descanso, con una falta directa. Argentina llegó a esa final que, otra vez, le arrebató Alemania con un tanto en la prórroga.
En Rusia las cosas tampoco salieron. La fase de grupos fue agónica. Argentina empató con Islandia, perdió con Croacia y ganó a Nigeria con un tanto del '10'. Ever Banega le puso una pelota a la espalda de la defensa y, con el colmillo afilado, Messi, en carrera, fusiló al portero. Nada pudo hacer, sin embargo, ante la explosión de Kylian Mbappé en octavos (4-3).
Ese desastre desató la llegada de Leo Scaloni, con Pablo Aimar, al banquillo. La nueva era reactivó a Messi, con 35 años y siendo jugador del PSG tras media vida en el Barça. No empezó bien, pero no pudo acabar mejor. El capitán llegó con seis goles en sus 19 partidos en un Mundial, muy lejos de las cifras de Miroslav Klose (16) o Ronaldo Nazario (15), y se marchó con siete en el zurrón y alzando la Copa del Mundo. Además, estableció otra marca: es el único jugador que, por el momento, ha marcado en todas las rondas eliminatorias.
El argentino marcó el primer gol de ese Mundial, de penalti, a Arabia. Un golpeo temblado, por el centro, que engañó al guardameta saudí. Habían pasado 10 minutos y nadie esperaba que ese gol no sirviera para nada, porque el equipo de Scaloni acabó perdiendo en su debut 1-2. El partido ante México se convirtió en una final, y Messi la encarriló en el 64, cuando Di María le encontró en la frontal del área y La Pulga no se lo pensó: armó la zurda y ajustó al palo de Ochoa. Polonia fue el único rival que lo frenó. En este caso, Szczesny, que le hizo penalti y luego le paró el lanzamiento a media altura y a la derecha. Hubo más penaltis, y ya no los falló.
En octavos, volvió a exhibir la zurda con un disparo dentro del área en el minuto 35. Había filtrado la pelota Mac Allister, se la tocó de cara Otamendi -que había subido a rematar el córner del que nació la jugada- y el portero australiano Mathew Ryan ni la olió. Completaría el 2-0 Julián Álvarez. Los cuartos de final depararon un enfrentamiento duro con Países Bajos. Messi cogió la pelota para lanzar el penalti señalado a Acuña y engordar la ventaja en el marcador que habían logrado con un tanto de Nahuel Molina (2-0). Lo que no pudo evitar es que los neerlandeses empataran en el descuento y hubiera tanda de penaltis. Aunque no cuenta en las estadísticas, Messi lanzó el primero y anotó.

Reacción de Messi tras fallar un penalti en el partido contra Austria, este lunes.PAUL ELLISAFP
En semifinales esperaba Croacia y el argentino volvió a marcar desde los 11 metros. Habían tumbado a Julián Álvarez y no perdonó a Livakovic.
En la final, ante la poderosa Francia, le volvió a tocar aparecer. Primero para batir a Lloris, otra vez desde el punto de penalti tras un derribo de Di María. Pero en la prórroga también apareció para cazar el rechazo de un disparo de Lautaro. Sin poder mantener la ventaja, hubo que ir a la tanda, donde tampoco falló.
Si en Qatar ya se había convertido en el argentino con más goles en Mundiales, desbancando a Batistuta, en EEUU se ha hecho leyenda. Con el hat-trick a Arabia, el primero de su carrera en un Mundial, igualó a Klose. Con los dos a Austria le bate. Y ahora espera Jordania. Argentina respira: menos mal que Messi no renunció a la selección.
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