
Oyarzabal, ante Al-Dawsari, el domingo en Atlanta.
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Al final, la selección española ha ganado en Atlanta el Masters de Augusta, pese a haber sido un rehén de Cabo Verde, como un solitario náufrago Ha vuelto la fiesta española, coca cola para todos y goleada a Arabia Saudí, a quien dejó en un desierto de fútbol sin camellos.
Ahora sólo falta ganarle a Uruguay y al empecinado Bielsa para llegar a la cima del grupo, como se esperaba. Muchas veces todo depende del talento enemigo y Arabia Saudí no tenía colocación ni juego, era un desastre con los espacios libres. Y Georgios Donis, tenía rostro de villano de película.
No hay duda. La resurrección de Lamine Yamal dio el toque perfecto, como si tuviera una alfombra mágica, con ese gol de listo. Hizo algunas acciones brillantes, pero antes de ese nuevo intermedio que se ha inventado la FIFA para amasar más millones con los anuncios, Lamal ya se había quedado sin pilas.
Tiene razón la propia estrella cuando asegura que no puede deslumbrar con un partido completo.El disparate que el seleccionador le ha traído al Mundial para hacer una pretemporada, como Nico Williams.
Hasta Oyarzabal, increíblemente, logró dos goles en apenas 24 minutos. Todavía le sobraron seis para remediar su negro espectáculo del arranque del torneo. Creo que Baena, un genio comparado con Gavi, aportó ideas y situaciones. Lo que no entendí fue lo de Pedro Porro, que ni en sueños es mejor que Marcos Llorente.
De la Fuente se deshizo de Fabián, que ha acabado la temporada pidiendo compasión. Rodri y Pedri funcionan mejor sin el. Y Olmo es más práctico de mediapunta, aunque no acertara.
Como diría un castizo , la segunda parte fue un pestiño. Se habían ido las estrellas y Ferran anda en plena sequía. Así que lo mejor fue el gol de Cucurella, que ni se lo creía, tras los saltimbanquis fallos de la defensa saudí. Lo mágnífico y sorprendente es que lo marcó en el lado derecho, donde hubiera podido estar Lamine.
Con un par de buenos delanteros, dada la mezquindad y mediocridad de los árabes, la selección española hubiera metido de siete a nueve goles. Pero nunca pasó nada en la segunda parte, salvo un gol anulado por fuera de juego.
Respiramos todos. Los periodistas, las marcas publicitarias y los españoles que soñaban con un segundo Mundial en los Estados Unidos. Ya veremos. Yo no lo veo tan claro. Aunque los sueños no son fáciles de destruir.

























