

























Cuando en 1985 la directiva de la Real Sociedad estim� que la exitosa etapa de Alberto Ormaetxea en el banquillo hab�a acabado, pese a los dos campeonatos de Liga, puso sus ojos en un t�cnico sin mucho cartel. No era el preferido, pero contactaron con el entrenador que hab�a dirigido al Sporting de Portugal y, sobre todo, compaginando su labor con la de futbolista, hab�a llevado al modesto Swansea City gal�s de la cuarta divisi�n inglesa a la Premier. John Benjamin Toshack es una leyenda en Guip�zcoa y no solo por sus �xitos, la Copa de 1987 y los subcampeonatos de Liga y Copa un a�o despu�s, sino por la huella que dej� en el club y en los realzales.
Desde diciembre, y especialmente desde que Marrero fue un muro y Pablo Mar�n meti� el �ltimo penalti de la tanda ante el Atl�tico en La Cartuja, el 'vasco de Gales' tiene sucesor en el coraz�n de los aficionados. Nadie lo esperaba cuando en diciembre, Erik Bretos, el director deportivo, puso su nombre sobre la mesa ante la necesidad de destituir a Sergio Francisco. La Real estaba a dos puntos del descenso con una plantilla pensada, con la base de Zubieta, para pelear por Europa. �Quiz� necesit�bamos alguien de fuera que nos dijera qu� no hac�amos bien�, reconoci� el presidente Jokin Aperribay. Justo lo mismo que en 1985.
Esta vez, la apuesta ser�a un americano, nacido y criado en Nueva Jersey, licenciado en matem�ticas aplicadas en Columbia y con apenas dos a�os de experiencia en la Bundesliga. Si alguien tem�a que fuera un Ted Lasso, -el personaje que representa a un entrenador de f�tbol americano de Kansas, protagonista de una exitosa serie, que llega a la Premier sin saber nada de f�tbol-, pronto comprob� que no era el caso. Pellegrino Matarazzo (Wayne, 1977) tiene el alma atravesada por el bal�n desde que ve�a con su padre al N�poles de Diego Armando Maradona. Puede que su nombre no sonara, y menos despu�s de un a�o fuera de los banquillos, pero Bretos ya hab�a visto en �l todo aquello que le har�a encajar en Anoeta.
Ni t�ctica ni big data ni trabajo f�sico exigente. Su camino para rescatar a la Real y llevarla al �xito ha pasado por la mente y el coraz�n de sus jugadores. Si Toshack se los gan� haci�ndoles divertirse con bal�n en los entrenamientos, Rino ha estimulado su confianza. �Es cercano, vacila, habla contigo...�, describ�a �lex Remiro. En eso s� se parece a Ted Lasso. �Pero es enorme e impone cuando se enfada�, a�ad�a Turrientes en estas p�ginas.
�A los jugadores hay que darles confianza y claridad, despu�s ellos van solos�. Esta reflexi�n ha sido la clave de la transformaci�n que ha logrado el t�cnico, que no duda en reconocer que una de sus mayores fortalezas es la �habilidad� para adaptarse. La Real no necesitaba tanto su faceta t�ctica y matem�tica como la emocional. Sus conversaciones, uno por uno, con los jugadores le hicieron llegar a Oskarsson o a Sucic, pero tambi�n a Turrientes, Soler o Guedes. Todos han dado con el americano su mejor versi�n.
Del club y de su gente tampoco se olvida. �Sientes su voluntad de conectar con nuestra cultura y nuestra historia. Viene a contribuir�, relatan desde dentro. Porque adem�s de preparar entrenamientos, partidos y estar al lado de sus futbolistas con dedicaci�n plena, conecta con los donostiarras tom�ndose dos copas de vino y unos pintxos en el Casco Viejo con sus ayudantes el d�a despu�s de una victoria, descubriendo el placer de dormir la siesta o de dar paseos de tres horas como forma de calmar los nervios, como hizo antes de la primera final de su carrera. Tambi�n pone empe�o en aprender espa�ol -su lengua materna es el italiano, el ingl�s y habla alem�n- y algo de euskera por respeto a su afici�n, �que tienen un fuerte sentido de quienes son�, reconoc�a en una entrevista a los medios del club.

Matarazzo con su jugador Duje Caleta-Car tras ganar la Copa.J. BRET�NAP
Esa faceta psicol�gica ha hecho volar a sus futbolistas y ha hecho a�icos en apenas cuatro meses algunas maldiciones. El 13 de enero en El Sadar tumb� una que se arrastraba desde 1989: la Real no superaba una tanda de penaltis. Lo hizo ante Osasuna y tambi�n para proclamarse campe�n de Copa.
Matarazzo ha dado gloria a la Real, pero tambi�n ha escrito su nombre en la �lite del f�tbol que, como jugador, le despreci�. Tras acabar la carrera, se march� a Italia, al pueblo natal de su madre, Ospedaletto D'Alpinolo, cerca de Salerno, para perseguir un sue�o. Un agente le prometi� una prueba en la Salernitana que nunca lleg� y, tras meses entrenando entre olivos, firm� por el Nocerina.
Sin suerte en Italia, volvi� a Estados Unidos antes de volver a probar despu�s en Alemania. Deambul� por clubes de cuarta hasta llegar al Nuremberg en 2010. Jugaba de pivote con su 1,98 de estatura y parec�a �de madera�, como confesaba en The Guardian, pero ve�a el juego. Por eso se sac� el t�tulo de entrenador. Para llegar al UEFA Pro tuvo que solicitarlo dos veces, pero logr� entrar en la misma promoci�n que Julian Nagelsmann.
Trabaron amistad y el hoy seleccionador alem�n le llam� para ser su segundo en el Hoffenheim. Salt� al Stuttgart para llevarlo a la Bundesliga en 2019 y regresar al Hoffenheim para guiarlo de nuevo a la Europa League en 2024. Sin embargo, la relaci�n se rompi� y el italoamericano se qued� sin banquillo.
Los viajes con su hijo por Jap�n o Costa Rica llenaron algunos de esos meses, en los que vio c�mo Mauricio Pochettino se convert�a en seleccionador de Estados Unidos, un puesto para el que hab�a sonado su nombre. Entonces la Real le llam�. �Congeniamos en todas las reuniones. Conoc�a el equipo, cu�les eran los puntos de mejora y por d�nde pasaba la evoluci�n. A partir de ah�, no tuvimos dudas�, confesaba el presidente. Rino, tampoco. Ya ha superado el logro de Jesse Marsch, otro americano campe�n... pero en Austria. Nada equiparable.
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