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Lionel Messi ya es, de forma oficial y en solitario, el máximo goleador de la historia de la Copa del Mundo. El astro argentino alcanzó la cima en un encuentro vibrante donde pasó de la frustración absoluta al júbilo, superando obstáculos estadísticos y psicológicos que le perseguían desde el punto de cal. La gesta, sin embargo, no estuvo exenta de suspense en un partido que quedará para los anales del fútbol mundial.
El destino parecía haber preparado un escenario perfecto en el arranque del encuentro. «Un solo gol separaba a Lionel Messi de dejar atrás a Miroslav Klose y reinar en solitario como máximo artillero en la historia de los Mundiales», y la oportunidad llegó apenas en el minuto 9 desde el punto de penalti. Sin embargo, el balón no besó la red; el disparo se marchó fuera, «mordiendo el aire a la izquierda de Alexander Schlager», quien había adivinado la intención del rosarino.
Pese a que la pena máxima volvió a recordarle que «ni los elegidos están exentos de la duda», el "10" no se amilanó. Media hora después del fallo, la redención llegó con una jugada de su sello personal. «Messi encontró el gol que tantas veces había repetido, el de siempre, el que tantas veces había convertido en una firma propia», para alcanzar una marca que ya es leyenda. Aunque Messi ha sido un seguro de vida en tandas decisivas —como en Catar 2022—, el círculo de cal le ha devuelto en ocasiones un «reverso menos luminoso». Con el error ante el guardameta austriaco, «el de Austria es el tercer penalti que el rosarino falla en una Copa del Mundo».
En su currículum de errores mundialistas ya figuraban el de Rusia 2018 ante Islandia y el de Catar 2022 frente a Polonia. Al analizar su historial de lanzamientos, a menudo surge un «espejismo» estadístico relacionado con el famoso penalti contra el Celta de Vigo en 2016. Aquella acción figura en muchas bases de datos como "no convertido", pero fue, en realidad, «una de las mayores genialidades que se le recuerdan».
En aquel homenaje a Johan Cruyff, «en lugar de batir a Sergio Álvarez, deslizó el balón con un sutil toque lateral para que Luis Suárez, irrumpiendo desde fuera del área, lo empujara a la red». Aunque legalmente el gol se atribuyó al uruguayo, «a Messi le consta, además, una asistencia», dejando aquella jugada para la posteridad como una auténtica «rúbrica de orfebre». Con su nuevo récord mundialista, Messi cierra cualquier debate sobre su capacidad para aparecer en los momentos donde la historia más lo exige.


























