La pen�ltima
Eli se ha ido de la misma manera que lo conocimos una legi�n de habitantes de Madrid, al doblar una esquina. He podido comprobar que somos muchos los que estamos atravesados por su muerte sin tenerlo en la agenda

Eli Mart�n.
Actualizado
El doomscrolling en las redes sociales es bueno para nada. Literalmente, quiero decir. Nadie quiere recibir una noticia importante en mitad de un desfile de chistes y mentiras, mientras le regalas tu tiempo limitado a una m�quina tragaperras que parece inofensiva porque sus rodillos nunca se paran. As� me enter� de la insoportable muerte de Eli Mart�n, en la cuenta del periodista Jorge Loser, uno de los que lo acompa�aron durante el repentino calvario que se lo llev� por delante. Mi dolor en esta historia es insignificante en comparaci�n. Tambi�n la sensaci�n atroz de enterarme de una p�rdida as� de pura casualidad. Despu�s de pensarlo con m�s calma me he dado cuenta de que Eli se ha ido de la misma manera que lo conocimos una legi�n de habitantes de Madrid, al doblar una esquina. He podido comprobar que somos muchos los que estamos atravesados por su muerte sin tenerlo en la agenda, sin habernos citado jam�s con �l. �C�mo es posible que donde antes hab�a alguien que sobre el papel no forma parte de tu vida ahora haya un boquete monstruoso como el que dejan atr�s los viejos amigos?
Para saber m�s
Si has ido al concierto de una banda en sus comienzos durante los �ltimos 17 a�os en Madrid es posible que hayas tropezado con Eli o la bolsa de su c�mara. Movido estrictamente por su pasi�n por la m�sica y los artistas en fase embrionaria se presentaba sin avisar y se ofrec�a a grabar directos y videoclips. Los m�s de 9.000 v�deos resultantes est�n disponibles en canalypunto, un rinc�n de YouTube donde uno puede encontrar caras conocidas (Rosal�a y C. Tangana compartiendo escenario, Carolina Durante, Aviador Dro, Bad Gyal, Ojete Calor, Punsetes, El Columpio Asesino) y otras por descubrir, hayan sobrevivido hasta hoy o no.
Tambi�n era un participante de la escena fanzinera, los c�mics, el cine y todo aquello que hacen que uno se gane la etiqueta de friqui, pero sin caer en el elitismo y el aislamiento que a veces brota en la tribu. Eli hac�a activismo de todo lo que amaba, lo sacaba a la calle y hac�a comunidad con ello. Por eso era tan f�cil toparse con �l y acabar hablando m�s de lo previsto.
Hijos, un arc�n con joyas, una empresa a repartir, una marca rentable, una obra maestra que se pueda reeditar cada cinco a�os... En funci�n de tu fama, patrimonio y clase, la sociedad ofrece un cat�logo variado de presiones para los que quieran dejar un buen legado. Lo que no se nos sugiere es que todas y cada una de las personas con las que te hayas cruzado en vida tengan un recuerdo dulce de ti. Eli Mart�n nunca se propuso tener un mill�n de amigos, pero somos un mill�n los que nos hemos quedado sin uno.





















