La pen�ltima
Yo no escribo para provocar, escribo para acabar. Sin embargo, me veo envuelto en dos pol�micas virales con algo en com�n: se me achaca lo que no dije

Amaia Montero, en el concierto de regreso a La Oreja de Van Gogh.EFE
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Prolifera el af�n column�stico de escribir para provocar. No es mi caso. Yo escribo para acabar. Sin embargo, mis dos �ltimos art�culos en esta secci�n me han envuelto en pol�micas inesperadas con los padres de ni�os con altas capacidades (esta me incomoda) y con los fans de Amaia Montero y La Oreja de Van Gogh (esta no). M�s all� de la diferente gravedad de los temas, algo las une: se me achaca lo que no dije. No pensaba responder, pues es devolver el foco a algo olvidado hace diez o doce guerras virales, pero el cosquilleo me persigue y creo que el problema es tan frecuente que merece unos p�rrafos.
Tengo parte de culpa, por supuesto. El 90% de mis opiniones son absolutamente convencionales: me gustan el chocolate, el f�tbol y la cerveza; creo en el di�logo, el Estado del Bienestar y la quema de camisas de manga corta; mis pelis preferidas tienen un 80 o m�s en Metacritic, acudo a conciertos de 50.000 personas y canto Nino Bravo en los karaokes. Obviamente no voy a escribir de eso, ser�a un pe�azo, sino del 10% que nos separa, aunque sea ligeramente, de la l�nea recta y, pese a que las redes sociales insistan en asesinar a la iron�a, me niego a renunciar al humor al hacerlo. Eso, inevitablemente, genera reacciones en este mundo de cabreo preventivo y literalidad. Se asume y punto.
Para saber m�s
Lo que no se asume es que te monten una cruzada inquisitorial por lo que no has dicho. No podemos acabar las columnas con una postdata que explique lo que quer�amos decir. Protejamos la comprensi�n lectora. Si uno titula No, tu hijo no tiene altas capacidades, pero t� eres un flipado (�dos negaciones!) y remata diciendo que "la frivolizaci�n es repugnante y perjudica a quienes de verdad responden a la etiqueta y requieren de esa diferenciaci�n para ajustar su vida a un hecho", entiende que queda claro que no habla de los padres de ni�os que de verdad tienen altas capacidades, sino de esos pesados de patio de colegio cuyos ni�os no las tienen, pero lo han adoptado como muletilla aspiracional. Pues no, no qued� claro, hasta me han llegado cartas de asociaciones oficiales. Casi escribo la continuaci�n: S�, tu hijo s� tiene altas capacidades, pero t� lees regular.
Y si afirmo que un grupo no puede presentarse a un concierto de 60 euros la entrada sin estar preparado, no estoy minimizando la salud mental de Amaia Montero (ah� podr�amos hablar de quienes la exponen as� pensando en el negocio) ni diciendo que La Oreja de Van Gogh sea vulgar... Bueno, esto �ltimo s�. �Ven? Lo asumo �Por qu�? Porque me hago responsable de lo que yo escribo y no de lo que t� entiendes, aunque a veces es agotador. Sinceramente, yo s�lo quer�a acabar esta columna.





















