

























La intimidad, seg�n se mire, puede llegar a ser o la m�s obscena fuente de ingresos (gracias, entre otras herramientas, a Instagram) o todo lo contrario, la m�s respetable, honesta y sincera manera de transformar el mundo. Y hacerlo para bien, para bien de todos. Que lo personal es pol�tico es ya a estas alturas una frase hecha, pero tambi�n es uno de esos hallazgos diminutos que todo lo iluminan. Cuando Carol Hanisch escribi� su ensayo sobre el asunto, de golpe, algo se hizo evidente. Y ese algo tiene que ver con la imposibilidad radical de separar lo que somos de lo que sufrimos. Yo no morir� de amor es una pel�cula profundamente �ntima. Y por ello exageradamente personal. Su directora Marta Matute ten�a 19 a�os cuando su madre enferm� de Alzheimer. Ahora cumple los 38. La cinta cuenta con detalle, gusto, claridad, dolor (mucho dolor), pero tambi�n con esperanza, los nueve a�os (aunque en la pel�cula sean solo seis) que pasaron desde la aparici�n del primer olvido hasta el �ltimo de todos ellos. Y definitivo. Todo en ella es profundamente �ntimo y, precisamente por ello, de todos. �S�, es mi historia, pero el dolor siempre es compartido. En el dolor nos reconocemos todos, el dolor es pol�tico�, dice la directora de la que desde ya es la �pera prima del a�o y que llega a las carteleras despu�s de haber arrasado en el Festival de M�laga con hasta tres premios, incluida la Biznaga de Oro que corona a la mejor pel�cula y los galardones a mejor actriz (J�lia Mascort) y mejor actor de reparto (Tom�s del Estal).
�El inicio de todo�, rememora, �lo tengo algo difuso�. Y sigue: �Recuerdo a mi madre con las manos en la cara y llorando. Me impact� much�simo. Mi madre ten�a entonces 57 a�os y estaba muy asustada. De alguna manera, se ve�a en la misma situaci�n de mi abuela, que tambi�n padeci� Alzheimer, pero mucho m�s mayor, con casi 70. En ese momento, mi madre reconoc�a su enfermedad y resultaba muy angustioso. Luego llegaron los ejercicios de memoria y cosas as�, pero, la verdad, esa primera parte del proceso la tengo muy olvidada... Esa imagen de ella tan asustada es imborrable�. Esa escena aparece en la pel�cula. La protagoniza una Sonia Almarcha imperial y hundida en la m�s profunda desolaci�n. Desde ella, se levanta un mundo que nos apela directamente y que habla de c�mo cuidamos a los mayores, de la responsabilidad, de la herencia, del amor, de la vida misma y, ya que estamos, hasta de la muerte. Tan �ntimo, tan de todos.
Marta Matute decidi� hacer la pel�cula porque as� surgi�. Dice que el proyecto, que obtuvo la ayuda del programa de residencias de la Academia del Cine, naci� �como un abrazo�, como una puesta en limpio, como una forma de zanjar un asunto por definici�n inzanjable. Matute habla de sanaci�n, habla de comprensi�n y, si se apura, hasta de terapia. �Hay un sentimiento que te persigue durante todo ese tiempo y es el de la culpa. Quieres compatibilizar tu vida con lo que est� ocurriendo en casa. Pero es imposible. Recuerdo dar de comer a mi madre y darme prisa por lo que fuera, porque hab�a quedado con alguien. Y luego te encuentras fatal. Y cuando decides, porque ya no puedes m�s, que tu madre vaya a una residencia, te sientes fatal. Es una sensaci�n que te persigue y no te deshaces de ella por muchas autoexplicaciones que te des y excusas que te pongas. Hay que tener en cuenta que mi madre siempre fue la que cuid� de todos nosotros, no solo de la familia m�s cercana o nuclear, sino de mis primos y de todos. No pod�as de buenas a primeras dejar que la cuidaran otros. Renunci� a una beca Erasmus o a cambiar de ciudad... Es verdad que cuando termin� todo, s� que tuve la sensaci�n de que hab�amos hecho todo lo que hab�amos podido, pero fue siempre hasta la m�s completa extenuaci�n�, explica en un esfuerzo quiz� innecesario de hacer ver lo que, de hecho, se ve y hasta se vive en su pel�cula. Y a�ade: �Es tremendamente injusto, lo sientes como una gran injusticia... Y en este sentido la pel�cula s� que ha ayudado a comprenderlo todo, a colocar cada cosa en su sitio�. Y vuelve a a�adir: �Miro hacia atr�s y me doy cuenta de que el primer motivo y motor para la pel�cula fue acompa�ar a las personas que estaban pasando por lo mismo. Es muy frustrante, te sientes fatal y, sobre todo, est�s siempre muy sola. Sinceramente, me habr�a encantado ver una pel�cula as� cuando yo misma estaba pasando lo que estaba pasando�.
"Mi mayor p�nico, visto c�mo son las residencias, no es la muerte, es envejecer"
Antes que directora y guionista, Matute es actriz. No act�a en su pel�cula (�Me pareci� m�s sensato mantener cierta distancia�, dice), pero su experiencia y sabidur�a probada le ha llevado a dar clases de t�cnica e improvisaci�n en el laboratorio de teatro William Layton. Antes estudi� en la Universidad Complutense Comunicaci�n Audiovisual. Y le ha costado llegar. �Al cine le cuesta reflejar lo que le ocurre de verdad a las clases bajas, porque no hay directores y directoras de esa condici�n. Como yo misma y Bel�n Funes. Pero poco a poco, las cosas est�n cambiando. Para acabar con el clasismo a veces pienso que estar�a bien que hiciera cine gente que nunca ha ido al cine�, dice.
�Ha sido un largo proceso que ha ido madurando muy poco a poco. Lo sucedido en M�laga te da, sobre todo, tranquilidad. Han sido muchas las dudas�, comenta para a continuaci�n describir la estructura de una cinta tan compleja y elaborada como emocionalmente demoledora. �Quer�a que la pel�cula tuviera la forma misma de la memoria. De ah� esa estructura temporal ligeramente asim�trica, de ah� esa fotograf�a algo difusa [la firma Sara Gallego]... Es un alivio comprobar que todas las decisiones digamos formales, algunas de riesgo, se han entendido perfectamente�, dice y respira hondo.
La respiraci�n, sin embargo, se vuelve a agitar cuando es el turno de hablar de lo otro. �El recuerdo que yo tengo de la residencia de mi madre es que si no iba todos los d�as, te la encontrabas muy descuidada. Y no era por los sanitarios que estaban ah� trabajando, sino porque ni se cumpl�an las ratios de personal ni la comida era la que deb�a ser... Llegamos a recoger firmas, las presentamos en la Comunidad de Madrid y la respuesta es que todo esta bien. Fue bastante desolador�. Pausa. �Lo que aprendes tras pasar por un proceso as� es que no se destinan recursos suficientes y que no se vigilan ni auditan las residencias sean p�blicas, privadas o concertadas. Se aprovechan de que los familiares que cuidan est�n muy cansados�. Otra pausa. �Para que la gente se haga una idea, solo decir que cuando intentamos denunciar a una residencia que era de un fondo de inversi�n, un hombre llam� a mi hermana para amenazarla directamente. Ese es el nivel�.
Matute tiene claro que todo por lo que ha pasado ella y su familia, pese a su gravedad, no es m�s que un s�ntoma de algo mucho m�s grave, m�s general y m�s triste. �En el momento que una persona deja de ser productiva, el sistema se encarga de denigrarla, de apartarla. Y si encima es una persona con alg�n tipo de demencia, ni te cuento. Vivimos en una sociedad que desprecia a los que ya no son productivos. Estamos completamente desamparados. Ahora mismo, y tras lo que he visto, mi mayor p�nico es envejecer. Temo m�s a la vejez que a la misma muerte�, dice y, sin apenas pausa, salta a los llamados protocolos de la verg�enza, las medidas de triaje, aplicadas por la Comunidad de Madrid durante la pandemia. �Si digo la verdad, de este asunto me cuesta mucho hablar porque me genera mucha rabia y mucha violencia. �Hasta d�nde hemos podido llegar? Y lo m�s raro es que no pasa nada. Nunca pasa nada. Yo siempre les digo a mis alumnos de teatro que cuando van a encarnar a un personaje, por malvado que sea, tienen la obligaci�n de defenderlo. No pueden ser simplemente esos villanos que vemos en las pel�culas malas. Pero la sensaci�n que tengo es que los protocolos de la verg�enza demuestran que nos gobiernan villanos de pel�cula, son psic�patas�. Desde lo �ntimo a lo pol�tico. Y viceversa.
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