




















Incluso el lugar donde naci�, Inverness, suena a literatura: la capital de las Highlands escocesas, la ciudad donde se alojan los creyentes que quieren ver al monstruo del lago Ness. Ali Smith creci� rodeada de leyendas e historias. Y esta tarde la escritora que ha sacudido las letras anglosajonas con la plasticidad de su prosa (sus frases bailan, se entrecortan, se alargan, hasta se bifurcan) ejerce de pregonera de Sant Jordi en el Sal� de Cent, una tradici�n ya ilustre en la que la han precedido John Banville, Cristina Rivera Garza, Alessandro Baricco, Almudena Grandes o el mism�simo Jos� Saramago.
"Ninguna ciudad en la que haya estado antes celebra los libros de esta manera. �Es precioso y excitante! Desear�a que Sant Jordi fuera contagioso y que todas las ciudades lo tuvieran", asegura entusiasmada a primera hora de la ma�ana en la Biblioteca de Sarri�, donde cuelgan varios carteles que informan de la huelga de las bibliotecas p�blicas, que han protagonizado algunos paros esta semana y amenazan con cerrar los s�bados de forma indefinida. "Estoy informada de las negociaciones, son absolutamente necesarias. Vengo de un pa�s en que las bibliotecas han sido paulatinamente desarticuladas. La situaci�n es desesperante en Reino Unido. La gente sencillamente se despierta un d�a y la biblioteca de su barrio ha cerrado porque no hay fondos suficientes del gobierno. �Tenemos que defender las bibliotecas y protegerlas!", reivindica la autora de la oda Biblioteca p�blica (N�rdica, como todos sus libros). Aunque su Cuarteto estacionalsea la obra que la ha encumbrado al Olimpo literario: cuatro novelas/estaciones en las que captura el pulso ca�tico de la d�cada, del refer�ndum del Brexit y Trump al auge del populismo o la crisis migratoria.
Pero Smith se pasea feliz y sonriente por Barcelona en modo primavera: con unos pantalones mitol�gicos que llevan estampadas en azul esculturas neocl�sicas y columnas griegas (son muy cool, aunque su pareja le pregunt� con escepticismo: "�Piensas ponerte eso?"), una americana blanca y una camiseta con una bella madona que se dir�a �impresionista?. Sonr�e satisfecha porque nadie lo acierta. "Es una obra muy desconocida de Edward Munch. El a�o que viene participo en una exposici�n en su museo de Oslo y estoy escribiendo una ficci�n sobre �l. Me fascina", confiesa.
Coincidiendo con el preg�n en el Ayuntamiento, los trabajadores de las bibliotecas de Barcelona han convocado una asamblea en la plaza Sant Jaume para reivindicar las mismas condiciones laborales que el resto de funcionarios municipales. Muy probablemente, si Ali Smith no tuviera que leer su Preg�n de la Lectura se sumar�a a la concentraci�n. "En el discurso hablar� de los ataques, de la censura, del control sobre las bibliotecas y el conocimiento que se est� produciendo en muchos lugares del mundo... Nunca en mi vida hab�a visto una situaci�n de tanta presi�n como ahora", lamenta.
Con un cierto sonrojo -es que tiene la piel muy blanca- recuerda su pasado de activista bibli�fila mientras estudiaba en la Universidad de Aberdeen: "La Biblioteca del King's College, uno de los edificios m�s antiguos del campus, un lugar precioso en el que estudiar, iba a trasladarse a un sitio nuevo y a convertirse en un sal�n de actos. Con una amiga planeamos colarnos por la noche para esconder papelitos dentro de cada libro con el mensaje: 'No cierren esta biblioteca'. Mmm... Quiz�s deber�a escribir un libro sobre eso...", se detiene en medio de la narraci�n considerando seriamente una novela. "Oh, recuerdo a Alison, cuando habl�bamos de escondernos debajo de una mesa e ir dejando papelitos por todas partes...". Lo �ltimo que ha publicado en Espa�a es Una Woolf propia (N�rdica y, en catal�n, Raig Verd) un breve manifiesto en forma de deliciosa excursi�n literaria con Virginia Woolf: fue su conferencia inaugural del Festival Literario de Cambridge en 2023.
Para Ali Smith, que tuvo que esperar varios a�os para que su madre le dejara sacarse el carnet de biblioteca ("estaba harta de pagar las multas de mis hermanos mayores, que no devolv�an los libros"), la literatura siempre ha sido "un lugar de resistencia". Y m�s en tiempos convulsos. "En uno de sus �ltimos libros, H. G. Wells imaginaba un futuro en que desde la habitaci�n de casa o la cocina podr�amos acceder a todos los libros: hablaba del cerebro del mundo. Y lo tenemos con Internet, una herramienta fant�stica si la usamos de forma correcta. Sin embargo, el mundo digital se est� convirtiendo en espacio de desinformaci�n, en el que el conocimiento desaparece. Lo que me hace pensar que las bibliotecas, llenas de libros, que guardan los conocimientos de siglos atr�s pero tambi�n los m�s actuales, son el verdadero cerebro del mundo", considera.
Verdadera acr�bata del lenguaje -en las impecables traducciones al espa�ol tambi�n se aprecia su experimentaci�n con las palabras, la cadencia, el ritmo-, Smith defiende la complejidad de la escritura: "Vivimos en una �poca de superficie en la que parece que cada pantalla contiene cosas importantes. Pero las pantallas son planas, como a veces se presenta el mundo, algo que puede conducir a la exclusi�n. El lenguaje, como el ser humano, es org�nico, con aristas y distintas caras de la realidad. Pero nosotros no somos datos, ni una cosa plana ni simplemente superficie. Necesitamos las m�ltiples dimensiones del pasado para entender las m�ltiples dimensiones del futuro".
Cuenta Smith que est� releyendo a Nabokov y recomienda un libro que trae en la maleta, Todos siguen de Liadan N� Chuinn. "En realidad, nadie sabe su g�nero ni hay ninguna foto suya. Nadie sabe qui�n es, lo que te da m�s libertad a la hora de adentrarte en sus historias, sin condicionamientos previos", explica aquella ni�a de Inverness sin carnet de biblioteca que ha acabado escribiendo sobre todos nosotros.
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