
























Actualizado
En general, la desmedida tiene mala prensa. Para el rigor castrador de la virtud estoica en cualesquiera de sus formas monote�stas, la falta de mesura es siempre sin�nimo de decadencia, de ego�smo, de falta de car�cter o de simple vanidad. Pero tambi�n, no se olvide, el desafuero puede ser la forma m�s evidente e intuitiva de responder y combatir las imposiciones por fuerza injustas de la realidad, de lo dado. La libertad, tampoco se olvide, es siempre experimentada como excesiva por los que viven de reprimirla. La risa y la navaja, del portugu�s Pedro Pinho, es esencialmente una pel�cula desmedida, excesiva y, en efecto, desaforada. Y no lo es tanto por su duraci�n de tres horas y media, que tambi�n, como por su voluntad odiseica de romper esquemas, de atravesar continentes, de abolir g�neros, de llevar la contraria, de reivindicar el placer de lo placentero, de denunciar lo insoportable, de enredarse en laberintos, de convertir la sala de cine es un espacio de, en efecto, libertad. Sin mesura y con la toda la ira imaginable.
Desde un punto de vista program�tico (es decir, por lo que dice el argumento), la �ltima propuesta del director de esa otra gran revelaci�n que fue La f�brica de nada es b�sicamente una radiograf�a desenga�ada y cruel de eso que el tiempo ha dado en llamar colonizaci�n. Un ingeniero blanco y bienintencionado (S�rgio Coragem) llega a Guinea-Bis�u con la misi�n de elaborar un informe de impacto ambiental por una carretera que ha de atravesar una zona de marisma; zona en la que viven, adem�s de muchos animales m�s o menos ex�ticos, personas, seres humanos, es decir, la m�s desmedida y ex�tica de todas las criaturas que pueblan la Tierra. Pronto se dar� cuenta (�l y todos nosotros) que las cosas no son ni pueden ser tan sencillas, que el capitalismo extractivo que tanto habla de progreso hace tiempo que ha convertido cualquier amago de soluci�n en una fuente inagotable de problemas; que lo que beneficia a unos, perjudica sin remedio a todos; que lo que parece una soluci�n para los m�s desfavorecidos, en verdad no es m�s que la �ltima excusa de los saqueadores; que el buen coraz�n es solo un pozo de culpabilidad mal curada... Y as�. Por el camino conocer� a una mujer (Cleo Di�ra) y, de su mano, todas y cada una de sus dudas adquirir�n el tama�o de, otra vez, lo descomunal.
Todo el esfuerzo de Pinho consiste en transformar el argumento de la colonizaci�n en algo m�s que una simple tesis con la que ilustrar o, peor, dotar de profundidad y sentido su pel�cula. La idea no es, por as� decirlo, colonizar el t�rmino mismo de colonizaci�n, sino, m�s bien al contrario, exhibir sus heridas con todas sus contradicciones, con todos los callejones sin salida en los que nos ha colocado. A todos. Al fin y al cabo, el colonialismo, como perverso proyecto antes �tico (o anti�tico, ser�a lo correcto) que simplemente pol�tico de sometimiento y explotaci�n del d�bil, del otro, del extranjero o del distinto, sigue siendo la base nutricional de todos los totalitarismos demasiado presentes. Cuando se habla de prioridad nacional, no se olvide, en verdad se habla de colonialismo.
La risa y la navaja, en puridad, no cuenta nada, lo vive. Y desde esa vocaci�n casi suicida de mostrarse a la vez como un manifiesto contra el colonialismo y ella misma como una pieza suprema de simple colonialismo, alcanza a ser en toda su fiereza una pel�cula fuera de control y felizmente autodestructiva. La aventura del ingeniero Sergio, perdido en un mundo que no es el suyo y que, sin embargo, es el resultado hiriente de la brutalidad de su mundo, no es nada m�s que la prueba casi documental del enorme fracaso en el que vivimos instalados desde hace tiempo. Y ello merced a una pel�cula tan reveladora como inc�moda, febril y son�mbula. Desmedida, por simple y milagrosamente revolucionaria.
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Director: Pedro Pinho. Int�rpretes: S�rgio Coragem, Cleo Di�ra, Jonathan Guilherme. Duraci�n: 211 minutos. Nacionalidad: Portugal.
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