Cine
Charlie Polinger debuta como director con un cuento de terror sobre el acoso infantil tan febril y en�rgico como, admit�moslo, manifiestamente manipulador

Everett Blunck en un momento de La plaga.
Actualizado
Una l�nea, no por fuerza delgada, distingue la denuncia de la simple exhibici�n; lo impactante de lo solo ruidoso. Es m�s, tampoco est� claro que el trazo de la frontera de marras que, en definitiva, separa el buen del mal gusto haya sido jam�s un criterio compartido. Para complicarlo todo a�n m�s, tambi�n el tiempo tiene algo que decir. Lo que en un momento dado puede resultar revelador, pasados unos a�os (quiz� solo meses u horas), hay serias posibilidades de que acabe por ser o la mayor de las monstruosidades o la m�s inocente de las ocurrencias. Y as�. La plaga es una de esas pel�culas colocadas justo en medio, encima mismo de la l�nea. Se dir�a que dependiendo del estado de �nimo, del momento del d�a o de si se acude al cine bien o mal cenado puede acabar por enamorar o por exactamente lo contrario, que no queda claro qu� sea exactamente.
De entrada, el asunto elegido por director Charlie Polinger para debutar ya pone sobre aviso. En una colonia escolar, una especie de campamento de verano, un grupo de ni�os casi adolescentes juega al waterpolo. Lo conflictivo, obviamente, no es el depotre elegido, por poco popular que se antoje, sino lo otro. Y eso otro no es m�s que las din�micas de poder, por llamarlas de alg�n modo, que acabar�n en simple y exageradamente cruel abuso o bullying. Uno de los cr�os tiene un problema de piel que los dem�s utilizar�n para sencillamente maltratarle. El reci�n llegado y protagonista (Everett Blunck) deber� elegir entre unirse a la manada por aquello de no verse en la misma situaci�n de la v�ctima o atender a lo que le dicta no tanto su conciencia moral a�n en formaci�n (que tambi�n) como el instinto social m�s primario. No es verdad, diga lo que diga Hobbes, que el instinto nos empuje siempre al mal.
La intenci�n de Polinger no es tanto poner en evidencia la injusticia de la situaci�n planteada como probar los l�mites de los que hablaba el primer p�rrafo. Toda la pel�cula, con sus irresistibles planos subacu�ticos debidamente armonizados por una banda sonora subyugante, se mueve entre la m�s evidente fascinaci�n y la repulsi�n sin pretextos. Se trata en definitiva de seducir desde la conciencia del horror de lo contemplado. La plaga no quiere impactar como, por ejemplo, Carrie, de Brian De Palma, ni su intenci�n es desnudar hasta la huesos las imperfecciones del sistema, la sociedad y hasta el patriarcado como Close, de Lukas Dhont. En verdad, todo es mucho m�s primario y por ello seductoramente peligroso. Y, claro, qui�n se resiste. Polinger abandona en el espectador la decisi�n de o bien dejarse seducir por la energ�a tan cerca de lo febril que respira cada fotograma o, al contrario, indignarse por el declarado efectismo, tan cerca de la provocaci�n, de algunas de las escenas m�s emblem�ticas. Y dudosas incluso. Si provocar es un arte, la manipulaci�n, acept�moslo, tambi�n requiere talento. Y Polinger, sin duda, lo tiene.
--
Director: Charlie Polinger. Int�rpretes: Everett Blunck, Joel Edgerton, Elliott Heffernan. Duraci�n: 95 minutos. Nacionalidad: Australia.



























