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Soudain, de Ryusuke Hamaguchi, conmociona Cannes con una ...
Luis Martíne · 2026-05-16 · via Cultura

Hace tiempo que el japon�s Ryusuke Hamaguchi se decidi� por un cine fuera de norma. O sencillamente, desacostumbrado. Cuesta acostumbrarse a la falta de costumbre, que dec�a el poeta. De �l hemos asistido a una largu�sima y siempre interrumpida conversaci�n en el interior de un coche mientras se adaptaba una versi�n de T�o Vania de Ch�jov sin palabras. Eso, y una pel�cula pensada originalmente como ilustraci�n a una partitura musical que a�n no exist�a. Lo primero ocurr�a en la celebrad�sima Drive my car y lo segundo, en El mal no existe.

Ahora, se trata de llevar a la pantalla un libro documental, casi por definici�n inadaptable, firmado por Maoko Miyano y Maho Isono y que atiende al nombre de Cuando la vida da un giro inesperado: veinte cartas entre una fil�sofa con c�ncer terminal y una antrop�loga m�dica. Y el resultado, igual que en los casos anteriores, es un raro prodigio de cine in�dito y, por ello, sorprendente; cine construido sobre el peso de cada palabra; cine siempre pendiente de algo tan elemental como la bondad. Es cine que brilla. Y conmueve. Y dan ganas de seguir, da lo mismo con qu�, pero seguir.

Soudain (De repente) cuenta la historia de la directora de una residencia de ancianos (o mayores o solo viejos, como se quiera) en alg�n lugar de Par�s empe�ada en implantar en sus dominios un nuevo sistema basado en asuntos tales como la escucha, el respeto, el tiempo y la paciencia. Es decir, un sistema que va contra el propio sistema (y no el sistema m�trico-decimal, aunque un poco, tambi�n). No se trata solo de atender, curar, alimentar, entretener y lavar, sino de cuidar en su sentido m�s profundo por lo que tiene que ver con algo tan elemental como la dignidad.

En verdad, su propuesta empieza por discutir todo lo que hacemos mal y acaba por refutar, sin que le duelan lo m�s m�nimo ni prendas ni la infinita y sana ambici�n (o arrogancia) demostrada, el propio capitalismo. �No me creen? Por primera vez, una pel�cula se detiene y, en un bonito y claro gr�fico, nos explica todos los desastres que nos hemos dado gracias a esta forma tan ocurrente de arruinarnos la vida. Cada vez somos m�s viejos, pero cada vez nos explotamos en una carrera consumista y competitiva al vac�o m�s para envejecer peor. Y luego, por aquello de la coherencia autodestructiva, creamos lugares donde abandonar los cuerpos no productivos a su suerte.

Festival de Cannes

Un d�a, nuestra protagonista (magn�fica Virginie Effira) se encuentra con una directora de teatro (Tao Okamoto) que lucha contra un c�ncer terminal. Se har�n amigas, se contar�n sus vidas, har�n lo posible -sin lograrlo del todo- por conocerse, se consolar�n, se amar�n y, juntas, acabar�n por descubrir otro modo de verse a s� mismas y, ya puestos, de ver el mundo. Como resumen de una pel�cula se antoja pobre, algo cursi y, apurando, hasta muy manido. Y en verdad, es as�. No hay trampa ni dobles lecturas ni m�s iron�a que la necesaria para mantenerse en pie.

Estamos tan acostumbrados al cinismo en red que un argumento con un sentido desprejuiciado, sincero y claro de la verdad y la bondad nos sorprende y, llegado el caso, nos puede hasta irritar. Si uno duda, no sabe a lo que dedicar la tarde y se decide por algo que sea bello, bello de abrumar, esta es su pel�cula. Sin miedo. Es cierto que la belleza y la bondad, as� sin m�s, generan muchas suspicacias (�qu� querr�n vendernos con tanto buenismo?), pero, y esto es lo que cuenta, nos hacen mejores. Hemos llegado.

Soudain

Una escena de 'Soudain', de Ryusuke Hamaguchi.CINEFRANCE STUDIOS

Hamaguchi construye su pel�cula �nicamente pendiente de la mirada de sus personajes. Es un cine callado, por transparente y profundo, en el que nunca, ni un solo segundo, se deja de hablar. Nadie filma las conversaciones como �l. No es una cuesti�n solo de guion, sino de simple, ya se ha dicho, escucha. Generalmente, la mayor preocupaci�n a la hora de filmar un di�logo es que se entienda, que los actores vocalicen y sean expresivos, que los int�rpretes se adue�en del texto hasta convertirlo incluso en parte de su cuerpo y de la ficci�n que encarnan. En el caso de Hamaguchi, sin descuidar la ortodoxia, la carga de la prueba queda del lado de la mirada del espectador. Lo que pide y exige Soudain (o en ingl�s, All of a Sudden) es ser escuchada con los mismos ojos. Tal cual.

El resultado es un milagro que no renuncia a nada de lo que en cualquier otra pel�cula pasar�a por defecto. Es una cinta did�ctica, sentimental, melodram�tica, largu�sima, repetitiva y muy, pero muy, emocionante. Pero lo es de manera tan consciente y plena que, en efecto, no queda otra que rendirse. �Podr�a haber sido m�s corta? No lo duden, pero, y por poner un ejemplo, �qu� aficionado (o adicto) al chocolate presume de disfrutar m�s al acabarse la tableta? Hamaguchi nos ha vuelto a sorprender en su acostumbrada insistencia por regalarnos pel�culas completamente desacostumbradas..

Gentle Monster: El hombre (s�, el hombre) como enfermedad (****)

Antes de nada, una noticia que no es buena: no s� si lo han notado, pero la realidad apesta. No me refiero a una crisis en concreto ni a un problema determinado, hablo de toda ella. Y no lo decimos tanto nosotros como la propia realidad, primero -a la vista est�-, y la competici�n del Festival de Cannes, despu�s. Primero fue el capitalismo, ya se ha dicho, y luego, el patriarcado. Tal cual. Gentle Monster, de la austriaca Marie Kreutzer, toma as� el relevo para retratar, como en parte ya hiciera la propia directora en su pel�cula anterior (La emperatriz rebelde), los accidentes de esa realidad de antes pensada, orquestada y maniatada a los deseos, exigencias y frustraciones de solo una mitad de la poblaci�n: los hombres. Suena tremendo, pero es as�.

Al contrario que en el caso de Hamaguchi, con quien todo va de frente, la estrategia de Gentle Monster es mucho m�s sutil. Y dolorosa. E inc�moda, tambi�n. Se cuenta la historia de una pareja de artistas (soberbia L�a Seydoux y efectivo en su aparente inocencia Laurence Rupp) que, de golpe, tiene que digerir la detenci�n del hombre. La polic�a le acusa de almacenar y distribuir pornograf�a infantil. La pareja tiene un cr�o peque�o. La pareja se ama. La pareja funciona, se relaciona y hace proyectos como todas las parejas.

Gentle Monster

L�a Seydoux, en una escena de 'Gentle Monster', de Marie Kreutzer.FILM AG PRODUKTIONS GMBH

Kreutzer plantea su pel�cula como un drama al que suma la subtrama de la polic�a (Jella Haase) encargada del caso. Poco a poco, en una puesta en escena tan delicada como, a su modo, turbia, la pel�cula siembra la semilla de la desconfianza, de la sospecha entre ellos y de la suspicacia que crece en la conciencia del espectador. Ligeramente tintada de terror, Gentle Monster se coloca justo al borde de todos los abismos, pero sin arrojarse en ellos.

En realidad, y aqu� lo m�s brillante de la propuesta, lo que importa no es tanto la evidencia de lo terrible como las formas que tiene lo terrible de esconderse y, en efecto, disimular su evidencia. Lo relevante en Gentle Monster es la tupida red de excusas de la que se sirve la realidad, esa que apesta, para justificar lo injustificable, para construir coartadas, para esconder todas y cada una de sus miserias. No se trata de convertir en sin�nimos machismo y pederastia (obviamente, no), pero s� de revelar las condiciones de posibilidad de todo aquello que nos hace peores. �Por qu� casi todos los delitos sexuales son obra de hombres? Sin pretender ser una tesis doctoral, esa es la pregunta que se hace Kreutzer. Lo que sigue (que tampoco es respuesta en el sentido tradicional) es, sencillamente, demoledor. Adem�s de clarividente y, ya se ha dicho, inc�modo.

Apunten como tarea pendiente revisar eso del capitalismo. Sigue sin funcionar.