
























La ilusi�n de Aar�n Palacio fragu� en su presentaci�n en La Maestranza como una magn�fica realidad. Fue el colof�n a una tarde interesant�sima que hab�a abierto Miguel �ngel Perera con su maduro magisterio. Del novel al veterano pasando por David Galv�n, que es presente, disfrutaron cada uno de un buen toro de la muy sevillana corrida de Santi Domecq -primero, segundo y sexto-, sin que ninguno fuera el de la excelencia dentro de un conjunto de mucha movilidad, m�s movimiento que entrega y, por tanto, fondo de bravura. Pero sostuvo el inter�s ya rese�ado de esta cuarta cita de la feria de abril, pas� el examen de Sevilla con creces y, a ojos del p�blico, todav�a m�s. Pues eso fue, una corrida muy de publico. Que no es poco. Una oreja por cabeza result� una medida justa.

Miguel �ngel Perera, a sus 22 a�os de alternativa, es un torero may�sculo. O lo sigue siendo. Su inteligencia raya a la altura de su temple. En las �ltimas temporadas, para Sevilla ha sido un descubrimiento tard�o. Firm� su primera Puerta del Pr�ncipe hace dos abriles, en una tarde proverbial con un lote en las ant�podas de El Parralejo, la fiereza y la dulzura; la �ltima feria lo bord� con un gran toro de Santiago Domecq, An�rquico, al que gobern� con su poder. S�lo la espada impidi� el triunfo indiscutible. Esta misma preclara solidez volvi� a evidenciarse, precisamente, con otro notable toro de Santi Domecq, que tambi�n lleva en La Maestranza unos �ltimos a�os memorables. Perera apost� mucho por el toro desde el principio, cuando lo sinti� su templado aire en las excelentes ver�nicas de saludo, y potenci� sus virtudes, sin castigarlo nada en el caballo. La clave de la faena estuvo en el manejo de las distancias, porque a Tallista, en corto, sin inercias, le faltaba. Esa cosa buena suya, ya catada en un suave quite o galleo por cordobinas del maestro extreme�o, y en una lograda r�plica a la ver�nica de David Galv�n, sigui� sostenida por las manos de Miguel �ngel. Que arranc� faena de rodillas toreando extraordinariamente sobre la derecha, la mano de Tallista, despu�s de los cambiados. La obra desprendi� sabidur�a y la misma limpieza de toda lidia, esa exactitud en el trato. El final por luquecinas y, sobre todo, la contundencia de la estocada empujaron al p�blico a pedir las dos orejas, sin serlo ni la faena ni el toro. Una cay� con mucha fuerza.
La corrida de Santi Domecq, tan sevillana, escogida con esmerado cuido, continu� con otro toro guapo y bueno, que embest�a con m�s flexibilidad y, por tanto, con m�s curva, especialmente por el pit�n izquierdo. David Galv�n encontr� ese fil�n avanzada la faena, de m�s impulsiva fe que serena lucidez, cuando asent� el toreo en su zurda y rompi� el encasquillamiento diestro, que tambi�n era del toro. Ese �ltimo tramo de obra al natural subi� muchos enteros: la gran expresi�n de Galv�n encontr� en el trazo y una hermoso cierre por bajo su m�xima cota. Un fenomenal espadazo le entreg� una oreja.

Aar�n Palacio se presentaba como matador de toros en Sevilla, despu�s de saborear las mieles en esta plaza como novillero, y lo hizo por faroles, bulliendo luego en una galleo por chicuelinas. El toro de Domecq, bien hecho, sac� mucha movilidad, y el p�blico ante la movilidad se entrega, que era precisamente de lo que carec�a el toro. Palacio construy� un esperanzador principio de faena, muy torero, y una primera serie notabil�sima, que fue cuando este Cl�rigo dio lo mejor. Y casi todo. Luego, nunca falt� el movimiento, la acometividad, pero no la verdad de enterrar la embestida. Tambi�n Palacio, tan nuevo, se emperr� en la peor mano, la izquierda, con lo que la faena entr� en un bache, largo por dem�s. Sigui� pasando el toro -pasar y embestir no es lo mismo- por su mejor pit�n derecho y la gente se qued� con eso. Una estocada suelta necesit� varias veces del verduguillo.
El buen principio de la corrida fue bajando enteros a pesar de que el cuarto, un tacazo, otras hechuras, tan acapachado, derroch� un son de salida estupendo. Ese ritmo -no me atrevo a decir murube�o- promet�a el para�so. Pero falt� fondo de bravura para aguantar tanta cosa cara. Puede que Miguel �ngel Perera no acertase con el principio por alto, pero lo cierto es que, tras una notable serie de derechazos, el toro se vino abajo. En esta vaguada de la corrida de la Santi Domecq ahond� un quinto, el m�s basto, que fue el de m�s baja nota. Por escasez de poder, por deslucido. Galv�n resolvi� con tiempo y segura espada.
Lo importante es que la corrida acab� al alza, como hab�a empezado, pero mejor: ese sexto toro, por calidades, por colocar la cara hasta el final, por templarse tanto, enamor�. Se llamaba Cumbre�o y Aar�n Palacio estuvo cumbre con �l. No dur� mucho el toro, pero lo bord� el torero. Sensacional su forma de torear al natural, la expresi�n corporal, la conexi�n de su frescura, el dibujo del toreo. Bram� Sevilla antes de que Cumbre�o buscase �rnica en tablas. El broche de este ma�o que parece del Sur, esos ayudados sabros�simos por alto, derram� un codilleo sabros�simo y un caldero de esperanzas. Una estocada ca�da, una oreja al futuro.
PLAZA DE LA MAESTRANZA. Mi�rcol�s, 15 de abril de 2026. Cuarta de feria. Media entrada larga. Toros de Santi Domecq, todos cuatre�os; muy arm�nicos, de exacto trap�o; destacaron 1�, 2� y 6�, con sus matices; 3� y 4� se movieron pero sin fondo de bravura; el 5� fue el peor.
MIGUEL �NGEL PERERA, DE PUR�SIMA Y ORO CON CABOS NEGROS. Estocada rinconera (oreja y fuerte petici�n); estocada pasada (saludos).
DAVID GALV�N, DE TABACO Y ORO. Estocada (oreja); estocada (silencio).
AAR�N PALACIO, DE NEGRO Y ORO. Estocada ca�da y cuatro descabellos (silencio); estocada ca�da (oreja).
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