




















Actualizado
Una película que nada más empezar, cuando aún hay gente buscando dónde sentarse, y sin dar explicaciones se atreve a mandar a la mierda a la difunta reina de Inglaterra a su cara ("Fuck the Queen", se escucha) es una película que, como poco, asume riesgos. Eso, además de ser, probablemente, republicana, muy punk y, por todo, ello, respetable. O no. En verdad, Incontrolable es exactamente lo contrario de lo que esa primera secuencia podría hacer pensar a un espectador poco avisado, o aún perdido y a oscuras entre las filas 6 y 7 detrás de su butaca. Obviamente no es que la propuesta de Kirk Jones quiera ser un canto a la monarquía, pero su escrupuloso respeto a las reglas, modos y costumbres del cine de superación exquisitamente británico la sitúan en exactamente el polo contrario de la supuesta irreverencia con que da sus primeros pasos.
El director, antes conocido por películas tan brillantes y gamberras como Despertando a Ned y tan desastrosas como Mi gran boda griega 2, propone una de esas historias basadas en hechos reales que hacen que la ficción palidezca. Se trata de la vida azarosa y muy sufrida de John Davidson, activista por los derechos de las personas con síndrome de Tourette. Él mismo, por cierto, figura en los créditos como productor de la película. En efecto, el supuesto insulto a la monarquía en realidad no es más que uno de los síntomas de una enfermedad que hace que los afectados pronuncien de manera involuntaria las frases más embarazosas en el momento más inoportuno.
De la mano de un sorprendente Robert Aramayo en el que es sin duda un papel que marcará el resto de su carrera, la película repasa la vida de este hombre desde la más absoluta incomprensión acompañada de todo tipo de humillaciones hasta lo más parecido a una victoria individual que también lo quiere ser colectiva. El patrón de la película retrotrae al cine de las islas de los años 90 donde títulos como Full Monty, Billy Elliot, buena parte de la filmografía de Ken Loach o, mucho más tarde, Pride nos contaron una y otra vez la gran marcha hacia la superación de los humillados, los ofendidos, los obreros, los desheredados y, en general, todos los pobres acosados por Margaret Thatcher. Hay lucha, hay claridad en la expresión de las emociones y, lo más importante de todo, hay redención. Fuck the Queen.
Incontrolable retrocede desde la actualidad reciente en presencia de la reina Isabel II a los años 80 cuando nuestro protagonista es apenas un crío que aún no sabe lo que le pasa. Simplemente le pasa. Ante la cara de susto de sus profesores, el joven y brillante actor Scott Ellis Watson interrumpe sin aviso previo una clase. Y sufre. Sufre acoso, sufre el dolor e incomprensión de sus profesores, de su madre (magnífica Shirley Henderson) y sufre de puro sufrimiento. Pasa el tiempo, crece y Aramayo toma el control de un papel y una vida, como dice el título en español, incontrolable. Poco a poco, con la ayuda de los personajes que interpretan con gusto, oficio y mucho cariño actores de la talla de Peter Mullan y Maxine Peake (que da vida a una especie de ángel de la guarda y madre adoptiva), nuestro héroe empezará a entender lo que le ocurre y, de su mano, empezaremos a comprender todos. Incluida la propia reina.
Lo que queda es una película a la vieja usanza, tan perfectamente ajustada a la tradición como, a su modo, reconocible y, si se apura, perfectamente controlable. Muy monárquica, vamos. Cálida, sincera y con un actor (el mismo que vimos con las orejas puntiagudas en la serie Los anillos de poder) descomunal. Sí, todo muy previsible, pero quién se resiste. ¡Fuck el cinismo!
—
Director: Kirk Jones. Intérpretes: Robert Aramayo, Maxine Peake, Shirley Henderson, Peter Mullan. Duración: 120 minutos. Nacionalidad: Reino Unido.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。