David Ilundain recrea con estilo y garra las claves del thriller de extrarradio en una exhibición de Lolita. Una lástima que se prodigue tan poco en el cine una actriz que, como diría el poeta, derrite pedernales

Lolita en un momento de Mallorca Confidencial.
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Hubo un tiempo en que los géneros cinematográficos definían a la perfección la ansiedad de su momento. En la peor de la crisis del 29, el musical fue refugio irreal y única alternativa plausible a una realidad demasiado real. En La Guerra Fría, el miedo global se canalizó por medio de la ciencia-ficción. Y hasta el pavor reciente al terrorismo global y sin rostro vivió su escenificación algo naif en el cine de superhéroes. El thriller, en su versión más negra, la clásica, la de los años 40, tuvo en películas como El halcón maltés (1941), Perdición (1944), Laura (1944) e Historia de un detective (1944) la perfecta descripción de un sueño que, de repente, desaparecía. Y así, más allá de los tropos y lugares comunes (que si la mujer fatal, que si el detective implacable, que si la imposibilidad del crimen perfecto...), lo que emergía de la pantalla era la radiografía de una sociedad vencedora de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, traumatizada.
Mallorca Confidencial, por disparatado que pueda parecer en una primera aproximación, quiere jugar en este registro. El género en su caso no es más una coraza, un modelo, desde el que pintar un universo extraño y, pese a ello, perfectamente reconocible. David Illundain convierte un lugar habitual, cercano y muy de vacaciones como la capital balear en el escenario de un mito y, desde ahí, se esfuerza en retratar un tiempo, el nuestro, de fidelidades tribales, fuerzas del Estado corruptas y lazos de familia indisolubles. Se diría que su propósito es el contrario del que ensayó en B. En la admirable película de 2015 se limitaba a poner en escena el sumario de un juicio (B de Bárcenas) sin añadir nada, sin que las reglas de las películas judiciales interfirieran en la trama. Ahora, justo al contrario, es la estructura del cine negro la que ampara, justifica y mantiene en pie una historia que quiere ser también un estado de ánimo.
Se cuenta la historia de una poderosa matriarca, reina y señora del poblado de extrarradio que mueve toda la droga y todo el poder de la isla. En ella convergen las aspiraciones de los empresarios inmobiliarios, los instintos más bajos de la policía y las leyes básicas de supervivencia. Todo discurre según lo pautado, lo establecido, lo que dicta la jefa. Hasta que un día, una mujer de su clan (Asia Ortega) descubra lo evidente, que la ambición y el dinero corrompen. Lo que sigue es una historia de redención imposible donde no hay lugar ni para la moral ni la justicia ni probablemente la libertad.
De la mano de una descomunal Lolita, tan dueña de su papel como de la imagen que proyecta, el director cumple de manera rigurosa las exigencias de un género que, en verdad, quiere ser espejo. Una puesta en escena con estilo y fuerza guía una película directa, franca y, sin duda, oportuna. Bien es cierto que Mallorca Confidencial adolece por momentos de falta de hondura o ambición, como se quiera. Demasiado pendiente del mecanismo que la mueve, logra solo a medias ser el gran fresco de nuestros fracasos que, en principio, prometía ser. Sea como sea, queda una brillante reinterpretación del thriller de extrarradio y, lo más notable, queda una actriz, Lolita, inexplicablemente desapreciada en el cine.
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Director: David Ilundain. Intérpretes: Lolita, Asia Ortega, Jordi Sánchez. Duración: 89 minutos. Nacionalidad: España.























