Gore Verbinski regresa a la vida con una actualización histérica de Atrapado en el tiempo tan descontrolada, caótica y caprichosa como irrenunciable

Sam Rockwell en Buena suerte, pásalo bien y no mueras.
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El castigo no solo es una sanción legal a modo de penitencia en el caso de la víctima y de desahogo por parte del verdugo. Eso quizá lo fue al principio, cuando éramos jóvenes y muy crueles. Con el tiempo, adquirió matices y pasó a ser una técnica política y disciplinaria más proclive a los métodos sutiles de control mental que a los suplicios brutales. De todo esto sabe mucho no solo Foucault, sino también el director Gore Verbinski. Diez años lleva penando e inactivo (es decir, castigado) por perder la afinación en sus últimos trabajos. A saber: El llanero solitario, de 2013, y La cura del bienestar, de 2016. Es la forma con la que Hollywood disciplina a los suyos sin importar que se trate del responsable de creaciones irrefutables y muy rentables como Piratas del Caribe o Rango. Pues bien, el hombre ha vuelto y lo ha hecho con una película inabarcable tan ambiciosa, desajustada y errática como, justo es admitirlo, eléctrica, divertida y con la suficiente mala baba para que, en efecto, le vuelvan a castigar. No aprende.
Buena suerte, pásalo bien y no mueras es lo que se podría definir como una extravagancia, un gran guiñol, un sálvesequienpueda o un aquímelasdentodas. Da igual. La película arranca con un pordiosero al que da vida como solo un pordiosero de verdad podría Sam Rockwell entrando a la tremenda en un restaurante. Afirma el hombre que viene del futuro (es la vez número 117 que lo hace) y se despacha delante de los atónitos comensales con un mensaje muy en sintonía con el presente que pisamos. Lo que viene a sostener es que el experimento social en el que estamos embarcados de realidades virtuales, inteligencia artificial, redes sociales y billonarios que lanzan cohetes fálicos al espacio ha fracasado. Lo sabe no por fino analista de tertulia, sino en calidad de testigo. Ya se ha dicho, viene del futuro y lo ha visto con sus propios ojos. La primera reacción de los interpelados es la lógica: grabarle para luego triunfar con un meme, volver la cabeza a lo que estaban (el móvil) o simplemente ignorarle. Pero no es tan fácil: el hombre insiste.
Lo que pretende nuestro protagonista es formar un grupo guerrillero para detener el inminente apocalipsis y salvar a la humanidad de los peligros de la nueva realidad digital. Formará la cuadrilla finalmente y con él se irán a recorrer pantallas y mundos los personajes encarnados por Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Asim Chaudhry y Juno Temple. Lo que sigue es una película que no entiende ni de coherencias ni de estilismo.Buena suerte, pásalo bien y no mueras quiere ser Todo a la vez en todas partes tanto en sentido literal como figurado. La película se estructura (o, mejor, se desestructura) a medida que avanza con una catarata de flashbacks que cuentan las vidas pasadas de más o menos cada uno de los guerrilleros a la fuerza. Lo de "más o menos" no es falta de precisión. Verbinski lleva su afición por el caos a contar las existencias de unos y de otros no sin dar explicaciones de por qué tanto delirio. Pero da igual.
A medio camino entre el día de la marmota de Atrapado en el tiempo (recordemos que son más de un centenar los intentos de revolución) y cualquier secuela de Terminator, la película avanza en espiral combinando los hallazgos inauditos (las recreaciones de mundo irreales) con las perogrulladas más obvias y hasta zafias (el ejército de zombis adolescentes enganchados al móvil). Y todo ello sin renunciar a cualquier capítulo fuera de catálogo de la serie Black Mirror (de hecho, copia uno de sus episodios más memorables). Todo se lo permite, todo lo intenta, todo se disfruta. Pocas películas dará el año tan fáciles de despreciar y, pese a ello (o, precisamente por ello), tan gozosas. Sí, por momentos, desespera, pero ¿cómo hemos podido vivir hasta ahora sin saber de la existencia de un gato gigante que mea purpurina? Eso pasa.
La teoría nos dice que llegará el día en el que la realidad virtual creada por la IA será indistinguible de la propia realidad. Y eso que en un régimen democrático de verdad puede sonar hasta bien, en un mundo como el nuestro donde un oligopolio de magnates que violan niñas en una isla controla todos los datos que pasan por los móviles es, en efecto y como poco, una mala noticia. Y es ahí donde Verbinski oposita para que le castiguen de nuevo. No aprende.
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Director: Gore Verbinski. Intérpretes: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña. Duración: 134 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.

























