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La periodista Maribel Vilaplana, quien almorzó con el expresidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, el día de la catastrófica dana, ha protagonizado este martes una comparecencia marcada por la tensión y el dolor. Ante la comisión de investigación del Congreso de los Diputados, Vilaplana se ha roto emocionalmente, llegando a cuestionar su presencia en un órgano de carácter político. "No sé qué hago aquí", expresó entre lágrimas, subrayando que aquel 29 de octubre de 2024 ella no ocupaba ningún cargo público ni participó en la toma de decisiones críticas durante la emergencia.
A lo largo de la sesión, Vilaplana mantuvo una postura firme de silencio respecto a los detalles del encuentro en el restaurante El Ventorro, el cual se alargó durante cuatro horas. La periodista se remitió en todo momento a lo ya declarado ante la jueza de Catarroja que instruye la causa, alegando que repetir sus testimonios ante los diputados podría interferir en la instrucción judicial. Ante las preguntas de Àgueda Micó (Compromís) y Javier Sánchez (Podemos), apeló a la "prudencia" y la "responsabilidad", rechazando "inventar un relato" para satisfacer las expectativas de la comisión.
Vilaplana describió los últimos dieciocho meses como un "calvario" personal, denunciando haber sido objeto de vejaciones e insultos por el simple hecho de verse en el ojo del huracán. "Me siento juzgada", confesó, tras negar cualquier tipo de coacción o presión por parte del PP para proteger la figura de Mazón. Asimismo, lanzó una advertencia velada sobre el uso de su imagen en el tablero político: "Sé cuando mi nombre sale para tapar algo".
El bloque de izquierdas, representado por portavoces como Marta Trenzano (PSOE) o Nahuel González (Podemos), criticó su silencio por considerarlo un posible "encubrimiento" de los hechos. No obstante, desde la bancada de la derecha, Vox y el PP denunciaron un "linchamiento mediático" cargado de insinuaciones machistas contra la periodista. Ignacio Gil Lázaro (Vox) calificó la actitud de los grupos de izquierda de "hipócrita", mientras que Julia Parra (PP) defendió el derecho de Vilaplana a no participar en lo que tildó de "circo", asegurando que se pretendía usar a la comunicadora como una "cortina de humo" política.





















