























En todas las conversaciones sobre el peso de la literatura española en el extranjero siempre se termina pronunciando la misma frase: "España exporta muchos libros". La afirmación suele darse por cierta y suele bastar por sí sola: España exporta libros -tantos como 24 millones en 2024 por un valor de 361 millones de euros, según datos del Informe del Comercio Exterior de la Federación del Gremio de Editores (FGEE)-, luego su literatura vive un gran momento internacional. Pero basta rascar un poco para descubrir que la realidad tras ese silogismo es bastante más compleja y, justamente por eso, mucho más interesante.
Y es que estas estadísticas oficiales mezclan bajo el mismo paraguas manuales escolares, libros universitarios, publicaciones religiosas -las grandes ganadoras del conjunto, con 5,5 millones de exportaciones en 2024-, cómics, diccionarios, literatura infantil y juvenil, manuales de dercho y sí, también ficción literaria. Es cuando se aíslan los datos estrictamente literarios y se observan con perspectiva, cuando emerge un fenómeno inesperado. Contra el tópico de un país culturalmente encerrado en sí mismo y pese al dominio global del inglés y al enorme empuje latinoamericano de las últimas décadas, la literatura española lleva más de una década creciendo fuera de nuestras fronteras.
A Javier Marías lo leen en universidades estadounidenses como si el clásico europeo contemporáneo que es. A Manuel Vilas le abrió las puertas de Francia un premio inesperado y una novela sobre el duelo. En México, las escritoras españolas conectadas con el feminismo, lo cotidiano y la memoria encuentran lectores mucho más jóvenes de lo que imaginaban sus editoriales. En Portugal, los lectores compran cada vez más libros españoles sin qurer esperar la traducción portuguesa. Y en Reino Unido, un pequeño ecosistema de profesores, traductores y lectores militantes mantiene viva una literatura que casi nunca aparece en las mesas centrales de las librerías británicas.
La escena no responde exactamente a la imagen tradicional de un gran desembarco cultural español, sino que se parece más bien a una suma de pequeñas conquistas dispersas. A una expansión irregular y silenciosa que, vista desde lejos, termina dibujando un fenómeno mucho más sólido de lo que suele creerse. Porque mientras la conversación cultural española ha tendido durante años a lamentar la escasa presencia internacional de sus escritores, las cifras cuentan otra historia.
Los datos de comercio exterior recogidos por la FGEE en el último decenio muestran una evolución llamativa. En 2015 la literatura española exportó algo más de 24 millones de euros y superó los cinco millones de ejemplares distribuidos internacionalmente. Después llegaron las oscilaciones propias de un mercado extremadamente sensible a las crisis latinoamericanas, las fluctuaciones monetarias y la pandemia, pero la tendencia general siguió siendo ascendente y en 2024, último año con datos, la facturación superó los 28 millones.
No obstante, aislar los datos estrictamente literarios, genera un mapa coplejo y, además, muy poco intuitivo, porque el auge internacional de la literatura española no se parece al viejo sueño de una gran hegemonía cultural hispánica ni a la repetición nostálgica del bum latinoamericano. Funciona más bien como una red fragmentaria de lectores, festivales, universidades, editoriales independientes, traductores y librerías que sostienen una circulación cultural mucho más viva de lo que sugieren los tópicos.
En Francia, por ejemplo, la literatura española sigue siendo una literatura de nicho, pero un nicho estable y prestigioso. Ariane Singer, colaboradora literaria de Le Monde, lo resume con una mezcla de franqueza y melancolía. "La literatura española existe en Francia, pero ocupa un espacio muy pequeño y muy peleado", resume. "Aquí todo está dominado por la literatura francesa y la norteamericana, y entre esos dos polos hay poco sitio para las demás literaturas, que tienen que buscar huecos". Y, aun así, la española sigue encontrándolos.
"La literatura española ocupa en Francia un espacio pequeño, pero prestigioso, aunque compite hoy con la vitalidad de América Latina"
Ariane Singer, Francia
Francia representa, como decimos, uno de los casos más interesantes de toda esta década. No es el país que más ejemplares importa ni el mercado más grande en términos absolutos, pero sí uno de los más prestigiosos simbólicamente. En 2015 absorbía más de 2,3 millones de euros en literatura española y cerca de 400.000 ejemplares. Después sufrió una caída notable coincidiendo con la crisis general de la traducción literaria francesa, pero volvió a crecer con fuerza tras la pandemia. En 2024 vuelve a moverse ya en cifras cercanas a los dos millones y medio de euros, consolidando una recuperación sostenida y mucho más estable que hace unos años.
Singer explica que el lector francés mantiene una imagen muy concreta de la literatura española. "Hay autores que forman casi un pequeño canon estable: Javier Cercas, Javier Marías, Enrique Vila-Matas o Arturo Pérez-Reverte tienen lectores fieles desde hace años". Pero lo verdaderamente interesante, añade, son las irrupciones inesperadas. Recuerda el impacto de Patria, de Fernando Aramburu, la consolidación de Víctor del Árbol dentro del fenómeno de la novela negra europea, o la recepción casi emocional de Ordesa, de Manuel Vilas.
"Con Vilas ocurrió algo muy francés. Llegó casi como un desconocido y de pronto se convirtió en una sensación literaria gracias al Premio Femina. Eso en mi país cambia completamente la vida de un libro". También menciona algo que, a su juicio, diferencia a la literatura española actual de la de hace dos décadas. "Antes había una cierta expectativa de solemnidad, de gran novela histórica o política española. Ahora veo autores más libres, más raros incluso, menos preocupados por representar una identidad nacional".
La periodista menciona también una tensión que aparece repetidamente en casi todos los países consultados. La literatura española compite hoy no sólo con el dominio anglosajón, sino también con el enorme empuje de las literaturas latinoamericanas. "En Francia se habla muchísimo de Mariana Enriquez, de Fernanda Melchor o de Samanta Schweblin", explica. "La literatura latinoamericana transmite ahora mismo una sensación de riesgo y vitalidad enorme".
Por alusiones, crucemos el Atlántico, pues esa misma idea reaparece con fuerza en México, históricamente el gran pulmón exterior de la edición española. En 2015 concentraba más del 20% de toda la exportación española de literatura, con más de un millón de ejemplares distribuidos y algo más de cinco millones de euros generados. Después llegaron los altibajos económicos: en 2016 cayó abruptamente hasta los 2,8 millones, pero en 2020 ya había recuperado de nuevo cifras superiores a los cinco millones de euros y en 2024 supera otra vez esa barrera, suponiendo casi el 15% de las exportaciones españolas.
Francisco Goñi, escritor, librero y gerente de contenido y exhibición en la potente cadena Librerías Gandhi, cree que la relación entre España y México sigue teniendo algo de vínculo sentimental. "Durante mucho tiempo el lector mexicano miraba hacia España como hacia una especie de gran metrópoli editorial", remomora, "pero eso ha cambiado mucho. Hoy la conversación es muchísimo más horizontal".
Goñi percibe una transformación muy clara en las librerías mexicanas. Los autores españoles siguen funcionando, pero ya no ocupan automáticamente el centro del escaparate cultural. "Antes el prestigio venía casi garantizado por el hecho de venir de España. Ahora no, ahora el lector mexicano compara, mezcla y dialoga mucho más con la literatura latinoamericana contemporánea".
"Hay conversaciones compartidas entre nuestros países sobre violencia, maternidad precariedad que generan una conexión muy fuerte"
Francisco Goñi, México
Aun así, España conserva una presencia fortísima dentro del ecosistema editorial mexicano, aunque ya no pase únicamente por los grandes grupos tradicionales. Goñi insiste mucho en el papel decisivo de editoriales independientes como Sexto Piso o Almadía, fundamentales para construir un espacio literario compartido entre ambos países y para renovar la imagen de la literatura española contemporánea en México. "La literatura española que mejor está funcionando aquí no es necesariamente la más institucional, sino la que conecta con sensibilidades contemporáneas", explica. Ahí sitúa fenómenos como el de Marta Jiménez Serrano, a la que define directamente como "un auténtico bombazo", o el inesperado éxito de Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, "que en muy pocos días alcanzó el primer puesto de ventas nacional".
También menciona a Sara Mesa o Rosa Montero, escritoras vinculadas a debates feministas, sociales y cotidianos que encuentran una recepción especialmente intensa entre lectoras jóvenes mexicanas. "Hay conversaciones compartidas sobre violencia, maternidad, desigualdad o precariedad que generan una conexión muy fuerte". Y añade una reflexión significativa sobre la relación cultural entre ambos países. "A pesar de lo que diga la presidenta de Madrid sobre Cortés, la historia compartida o incluso los conflictos simbólicos entre México y España siguen muy presentes. México discute mucho con España, pero precisamente por eso sigue leyéndola muchísimo", asegura socarrón.
El caso estadounidense resulta todavía más sorprendente. Durante años, la presencia de la literatura española en Estados Unidos estuvo rodeada de un cierto fatalismo. Se repetía que el mercado norteamericano, el más grande del mundo, apenas traducía literatura extranjera y que España ocupaba una posición marginal incluso dentro de ese pequeño porcentaje. Pero las cifras desmontan parcialmente ese tópico. En 2015 Estados Unidos ya importaba un 10% de la literatura española, generando más de 2,3 millones de euros del total. En 2024 esa cifra ya rebasa los tres millones, con 600.000 ejemplares y casi un 18% del total.
Valerie Miles, editora, profesora en diversas universidades y cofundadora de Granta en español, lleva décadas observando esa evolución desde dentro del ecosistema anglosajón. Cree que Europa sigue teniendo una imagen muy simplista del lector estadounidense. "Se piensa que Estados Unidos sólo consume cultura propia y no es verdad", reprocha. "Hay muchísima curiosidad por las traducciones. El problema es que faltan estructuras estables que acompañen a los autores españoles, especialmente una editorial entera y exclusivamente dedicada a los libros de España", reivindica.
Miles insiste además en que el crecimiento del español dentro de Estados Unidos está transformando lentamente el ecosistema cultural norteamericano. "Hay una generación entera de lectores latinos que ha llegado a la universidad, que tiene un acceso cultural mucho mayor y que quiere leer en español o leer literatura conectada con el mundo hispano. Es un auge imparable que cada vez irá a más", vaticina. Ese fenómeno, sostiene, todavía está infravalorado en Europa, pero está creando un lector mucho más sofisticado y receptivo a la literatura española contemporánea.
"Hay en Estados Unidos una generación entera de lectores latinos con nivel cultural y que quiere leer en español"
Valerie Miles, Estados Unidos
La editora recuerda una escena casi surrealista durante una conversación pública con Carlos Ruiz Zafón en Washington. "Había lectores disfrazados de personajes de La sombra del viento esperando durante horas para que les firmara libros. Parecía una convención de fans". Aquella dimensión pop convivía, sin embargo, con otra recepción mucho más literaria y universitaria. Marías, Vila-Matas o Rafael Chirbes, traducido por ella misma, encontraron en Estados Unidos un tipo de lector extremadamente sofisticado.
"Chirbes impresionaba muchísimo allí porque conectaba con la gran novela social y moral europea", explica Miles. "Y Vila-Matas tiene algo muy importante para el mercado anglosajón. Dialoga constantemente con la propia tradición literaria internacional". También menciona uno de los casos más inesperados de los últimos años, el de Gabi Martínez. "Lo fascinante es que conecta con algo muy anglosajón como el nature writing, pero desde una sensibilidad completamente mediterránea". Para Miles, ahí está la clave del nuevo éxito internacional de algunos autores españoles. "Los escritores que mejor viajan son los que consiguen hablar de cosas muy locales de una manera completamente universal".
Italia, otro gran y tradicional mercado europeo, ofrece un modelo distinto. Las cifras italianas son relativamente discretas comparadas con México o Estados Unidos, pero desde 2015 a 2024 ha doblado su presencia, llegando hasta el millón de euros de facturación y a suponer un 4% del mercado total. Matteo Lefèvre, traductor, crítico y profesor de Lengua y Traducción española en la Universidad de Roma, cree que existe una afinidad cultural profunda entre Italia y España que favorece esa continuidad.
"El lector italiano siente la literatura española como algo cercano pero no idéntico, aunque hay una familiaridad mediterránea que facilita la entrada", explica. Lefèvre menciona especialmente la recepción de Javier Cercas, cuyo libro sobre el Papa fue "un éxito absoluto", y Almudena Grandes, pero también el interés creciente por escritoras contemporáneas y por la narrativa híbrida entre ensayo y autobiografía. Le fascina especialmente el caso de Enrique Vila-Matas. "En Italia gusta mucho porque conecta con una tradición muy europea de literatura intelectual y metaliteraria. Hay lectores italianos que lo siguen casi como si fuera un autor nacional".
"Hace años la literatura española era algo más exótico, ahora forma parte de la conversación cultural habitual"
Matteo Lefèvre, Italia
También destaca el caso de Cristina Morales, cuya recepción italiana considera especialmente significativa. "Morales interesa muchísimo porque rompe con cierta idea clásica o elegante que Italia tenía de la literatura española. Introduce conflicto, radicalidad y provocación". Lefèvre menciona además el trabajo sostenido de editoriales como Gran Vía, SUR o La Nuova Frontiera, que llevan años construyendo un lector italiano de literatura española contemporánea mucho más sólido y diverso.
Sin embargo, insiste en que la verdadera transformación de estos años tiene menos que ver con un único gran fenómeno comercial y más con una progresiva normalización de la literatura española dentro del paisaje europeo. "Hace años era algo más exótico, ahora forma parte de la conversación cultural habitual". Aunque matiza inmediatamente que esa conversación es hoy muchísimo más competitiva. "España ya no compite sólo con Francia, Alemania o el mundo anglosajón, compite también con América Latina, que vive un momento extraordinario, y con literaturas asiáticas como la coreana o la japonesa, que están creciendo muchísimo en Italia".
Nuestro vecino Portugal representa, probablemente, la presencia más constante, también ascendente, de toda la década. En 2015 el 7% de nuestros libros, unos 340.000 que trajeron 1,6 millones de euros, cruzaron la península; y en 2024 esas cifras aumentan al 11%, 411.000 ejemplares y 2,8 millones. Además, en 2018 y 2019 fue el segundo país que más libros españoles importó.
"Cada vez más portugueses leen libros en español sin esperar la traducción, aunque no todo es literatura"
Carmen Ardila, Portugal
Y, sin embargo, sobre el terreno, la percepción es muchísimo más modesta. Carmen Ardila, librera de la Livraria Ideal de Lisboa, referencia más clara en Portugal para el libro en español, escucha esas cifras con cierto asombro. "No siento ningún bum de literatura española", admite. Lo que sí percibe es otra cosa mucho más interesante. "Cada vez hay más portugueses que leen directamente en español. Sobre todo ensayo, poesía o determinados autores contemporáneos, pues prefieren hacer eso a esperar a que llegue la traducción".
Ardila cree que Portugal mantiene una relación ambigua con la literatura española. Existe cercanía lingüística, curiosidad cultural y circulación constante, pero también una cierta resistencia histórica a la influencia española. "Los lectores portugueses son muy selectivos con España. Cuando un autor funciona aquí, funciona de verdad, pero cuesta mucho llegar", reconoce. Menciona especialmente el caso de, de nuevo, Javier Marías, muy respetado en el país luso, y el creciente interés por algunas autoras contemporáneas. Pero insiste en algo decisivo: "El lector portugués no quiere sentir que está consumiendo una literatura dominante, quiere descubrir voces, por eso hoy en día prefiere literaturas más exóticas".
Algo parecido ocurre en Reino Unido, aunque allí el problema tiene otra dimensión, acorde con el volumen de su mercado y población. Ciertamente, las exportaciones al mercado británico nunca fueron gigantescas en cifras. En 2015 apenas llegaban a los 18.000 ejemplares, pero en 2024 ya superan los 68.000, que suponen algo más de 500.000 euros de ingresos. Jorge Gárriz, fundador de la librería Romancero Books y gestor cultural del Instituto Cervantes de Londres, describe el ecosistema británico como "un mercado muy pequeño y extremadamente selectivo, una fortaleza cultural muy difícil de penetrar".
"La gran competencia de España en el mercado británico no son Francia o Alemania, sino Corea del Sur y Japón"
Jorge Gárriz, Reino Unido
Aun así, sostiene que la literatura española "ha conseguido construir allí una pequeña comunidad fiel". Lo importante en Reino Unido, insiste, "no son tanto las grandes cifras como la capacidad de permanencia". Gárriz desmonta además algunos de los tópicos más repetidos sobre la percepción británica de nuestra literatura. «Durante mucho tiempo se esperaba de España una literatura muy folclórica o muy experimental, casi sin término medio. Eso está cambiando mucho gracias a nuevas autoras y a pequeñas editoriales independientes".
Menciona especialmente el papel de sellos como Charco Press, And Other Stories o Fitzcarraldo, decisivos para crear un lector británico más receptivo a la literatura traducida. Y destaca nombres como Sara Torres, Alana S. Portero, Pol Guasch o Eva Baltasar, que despiertan cada vez más interés en el mercado británico. "Hay una literatura española contemporánea menos obsesionada con representar una identidad nacional y mucho más conectada con problemas universales. Eso aquí funciona mejor".
Gárriz introduce además una idea especialmente reveladora. "Nuestros grandes competidores ya no son Francia o Alemania, sino Corea del Sur y Japón". La explosión de la literatura asiática en el mercado británico, especialmente entre lectores jóvenes, ha cambiado por completo las reglas del juego. "Ahora mismo existe una fascinación enorme por las narrativas coreanas y japonesas. Y eso obliga a todas las literaturas europeas a reinventarse constantemente", sostiene.
Volviendo a cruzar el charco, en Argentina, en cambio, todo funciona a otra escala emocional. Las cifras argentinas son probablemente las más espectaculares y volátiles de toda la década, debido quizá también a su volátil situación política y económica. En 2015 el país importaba menos de un millón de euros en literatura española; en 2017 se disparó hasta los 6,7 millones y más de 1,4 millones de ejemplares, convirtiéndose en el principal mercado mundial para la literatura española; y después volvió a caer con la atroz crisis económica hasta situarse en 2024 en los 2,8 millones por unos 270.000 libros importados.
Marcelo Topuzian, profesor de Literatura Española en la Universidad de Buenos Aires, cree que esas oscilaciones dicen más sdobre la economía argentina y la estructura compartida del mercado editorial que sobre una súbita fiebre lectora. "La relación cultural con España sigue siendo intensísima, pero ya no existe aquella idea de autoridad automática de la literatura española sobre América Latina", explica. El experto percibe un vínculo mucho más horizontal y conflictivo. "Hoy un lector argentino puede leer a Mariana Enriquez, a Knausgård y a Javier Cercas dentro de una misma conversación cultural".
"La literatura española que funciona hoy en Argentina es la que se ha integrado en debates culturales más amplios y globales"
Marcelo Topuzian, Argentina
Aun así, algunos autores españoles mantienen una capacidad extraordinaria para atravesar el Atlántico. Cercas vuelve a aparecer una y otra vez en la conversación, también Marías y Vila-Matas. Y Zafón, dice, conserva un peso comercial gigantesco. Pero Topuzian cree que lo más importante es otra cosa. "La literatura española que mejor funciona hoy en Argentina es la que ha dejado de pensar exclusivamente en España y se ha integrado en debates culturales más amplios y globales". A su juicio, ahí reside el éxito de autores capaces de dialogar con cuestiones contemporáneas compartidas, desde la memoria política hasta las transformaciones urbanas, el feminismo o las nuevas formas de precariedad.
El profesor argentino cree además que España ya no ocupa el lugar simbólico central que tuvo durante décadas dentro del ecosistema hispanohablante. "Hoy América Latina produce una literatura enormemente poderosa y visible internacionalmente. España ya no puede relacionarse con eso desde una posición jerárquica". Pero lejos de verlo como una pérdida, interpreta ese cambio como una oportunidad. "La conversación cultural es ahora mucho más rica, más horizontal y menos paternalista".
Esa idea conecta directamente con la lectura que hace Francisco Moreno, director del Observatorio Global del Español del Instituto Cervantes. Moreno sostiene que el español ya no puede entenderse desde una lógica jerárquica centrada en Madrid. "La lengua española funciona hoy como un espacio policéntrico", explica. "Las dinámicas culturales son mucho más horizontales y transnacionales y eso, claro, afecta a lo literario".
Moreno cree además que durante demasiado tiempo España entendió la internacionalización casi exclusivamente en términos industriales. "La circulación real de la literatura depende hoy de muchísimos factores invisibles: universidades, festivales, traductores, redes digitales, prescriptores culturales, librerías independientes...». Y añade una idea fundamental para entender el fenómeno. "La fortaleza del español no consiste en imponer un único centro cultural, sino precisamente en su diversidad y en su capacidad de generar conversaciones múltiples. Y el éxito de de su literatura en viajar como conversación, no como imposición".
"El éxito de la literatura española consiste en viajar como conversación, no como imposición"
Francisco Moreno, Observatorio Global del Español
Eso tiene consecuencias directas sobre la circulación literaria. Durante décadas, la literatura española se internacionalizó sobre todo mediante grandes grupos editoriales y una cierta autoridad cultural heredada. Ahora, en cambio, depende cada vez más de redes flexibles de traducción, festivales, universidades, librerías independientes y recomendaciones digitales. Y quizá precisamente por eso el nuevo auge internacional de la literatura española resulta tan difícil de detectar desde dentro y de mapear. No existe un único gran bum reconocible, una generación hegemónica ni un manifiesto compartido, lo que hay es una constelación dispersa de autores que funcionan en lugares distintos por razones completamente diferentes.
Cercas conecta en Francia con la novela política y memorialística europea, Vila-Matas seduce a lectores italianos y estadounidenses por su dimensión metaliteraria, Ruiz Zafón sigue funcionando globalmente como un fenómeno popular casi transmedia, Lucía Solla Sobral y Marta Jiménez Serrano conectan con las lectoras jóvenes en México, Gabi Martínez dialoga con la tradición anglosajona del nature writing y Manuel Vilas triunfa en Francia gracias a una sensibilidad íntima y autobiográfica.
Esto significa que la literatura española contemporánea ya no se exporta únicamente como prestigio europeo, también lo hace como thriller, memoria histórica, feminismo, novela rural, autobiografía, literatura híbrida o relato ecológico. Y quizá ahí esté la clave, el viaje de nuestra literatura no supone una hegemonía cultural ni una conquista masiva, ni siquiera un fenómeno homogéneo. Se parece más bien a una suma de lectores dispersos que, poco a poco, han empezado a encontrar en la literatura española algo inesperadamente contemporáneo. Y probablemente en esa expansión imperfecta y fragmentaria haya más verdad literaria que en cualquier campaña institucional o estadística espectacular.
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