Escrita con trucos conocidos, pero con buen ritmo y hábil gestión de las informaciones, La nueva vida de Valdi Bonetti (Alfaguara) hace sonreír y hace que nos estremezcamos

La escritora argentina-venezolana Mori Ponsowy.
Actualizado
En 2023 la oficina bonaerense de Alfaguara publicó La nueva vida de Valdi Bonetti, una novela que yo, gracias a rebotes tan estrafalarios que parecían parte de la propia novela, pude leer más o menos en su día sin saber nada de su autora, Mori Ponsowy (Buenos Aires, 1967), una escritora argentina que, según se explica ahora en la solapa de la edición española, ha vivido «gran parte de su vida» en Venezuela.
Desde el aire clásico que trae el título (alguien pensará en La vida nueva de Pedrito de Andía o en La vida perra de Juanita Narboni, pero a mí me hace pensar sobre todo en Alfredo Bryce Echenique), se intuye que entre estas páginas se custodia algo especial, y en efecto, quien la recorre se encuentra con una narración simpática, divertida, hipnótica, ingeniosa, bonita, cómplice, graciosa..., muy buena, aunque se va oscureciendo finalmente, haciéndose algo más amarga y crepuscular conforme va quedando claro lo que tiene de alegoría (puramente literaria, sin ideología explícita alguna) de la degradación de la vida en Caracas y de la dificultad creciente para encontrar medicinas o alimentos, así como de la violencia de las autoridades y de la policía contra un pueblo cada vez más empobrecido y desesperado.
Hay algo de espíritu paulausteriano en el retrato de aquel al que el título anuncia como claro protagonista, un tipo talentoso y desastrado, un hombre carismático, imprevisible y caótico del que la narradora se enamora por sus excentricidades. Puede que haya algún punto hiperbólico o directamente inverosímil en sus peculiaridades (su uso del dinero, por ejemplo), pero no importa, porque se trata de hablar de la singularidad extrema de un hombre único, alocado, despistadísimo, e incidir en la tristeza de su final, cuando alguien así ha de enfrentarse a los proble-mas de una realidad con la que nunca ha mantenido relaciones de normalidad.

La nueva vida de Valdi Bonetti
Mori Ponsowy
Pre-Textos. 200 páginas. 25 ¤
Tanto cuando se habla de la adultez del protagonista, de su trabajo como actor de éxito o de su relación con su hijo Valdemiro, como cuando se vuelve la vista atrás y se nos cuenta su infancia como hijo de inmigrantes italianos en un ambiente de relativa escasez, así como cuando se describen los seis años de convivencia entre la narradora y el tal Bonetti, o su reaparición por medio de emails... La novela es una juerga bien medida, bien pensada, gozosa pero agridulce. Y Bonetti no es ni de lejos el único personaje extravagante: de la pudorosa y discreta narradora no alcanzaremos a saber casi nada, pero sí de un tal Catello, obsesionado por diseñar una estructura animalesca que pueda moverse por sí misma eternamente (algo así como esas aberrantes pero hermosas esculturas de Theo Hansen que pudieron verse hace unos años en la Fundación Telefónica).
Incluso el padre de Valdi, Peppino, es singular en su naturaleza de arquetipo de tipo hecho a las carencias y enfurecido ante las negligencias y torpezas de su hijo. Y hasta los personajes más o menos desaprovechados, como el hermano Benvenuto, tal vez no lo sean tanto, sino más bien estratégicamente enigmáticos (y potencialmente recuperables en novelas futuras que puedan contarnos su inesperada vida de nuevo rico en Miami).
La nueva vida de Valdi Bonetti implica un buen chorro de magia en un espacio rutinario, la sorpresa total en medio de lo anodino, lo estrambótico en el corazón de lo gris. Escrita con trucos conocidos, pero con buen ritmo y hábil gestión de las informaciones, hace sonreír y hace que nos estremezcamos: no sólo habla sobre la impotencia que produce la imposibilidad de hacer bien las cosas que más nos importan (honrar a nuestros padres, querer a nuestros amores, cuidar a nuestros hijos), sino de lo que ocurre cuando hay que enfrentarse a ello en un contexto social hostil, incomprensible no sólo para quien es incapaz de adaptarse a la vida ordinaria sino para cualquier ciudadano normal.
























