

























Yuko Mohri (1980) toca una trompeta y con los pies desnudos golpea el teclado de un piano el�ctrico: ella sola, con sus gafas de sol, se monta su propio grupo al estilo punk. Podr�a ser una de las Sailor Moon en su vida diurna o la rockera Nana o la optimista Tohru de Fruits Basket: escojan a cualquier personaje de manga. Porque la presentaci�n de Mohri en su gran desembarco europeo, tras representar a Jap�n en la pasada Bienal de Venecia (que le vali� el Premio Calder), es un divertido manga que abre el cat�logo de su magna exposici�n Entrelazamientos, estrenada en el Hangar Bicocca de Mil�n y que ahora toma el Centro Bot�n de Santander.
Dibujado por Ran Kurumi, una de sus exalumnas en la universidad de Tokyo, el breve manga capta la esencia de la artista mejor que cualquier cr�ptico texto de comisario o historiador del arte. Porque no es f�cil resumir a Mohri y su filosof�a zen mezclada con su esp�ritu punk (la vi�eta de la banda es real: en la facultad lider� el grupo Sisforsound), su admiraci�n por John Cage y Erik Satie, sus colaboraciones con Ryuichi Sakamoto, sus instalaciones en las que combina embudos, tubos, cables, guantes de fregar, manzanas, un piano, motores de hasta 200 kilos y cachivaches el�ctricos antiguos: como si fuera un gran juego de Mecano para explorar conceptos como el tiempo, la gravedad, el aire, el azar, el error, la ambig�edad...
�Mi pr�ctica art�stica combina muchas energ�as distintas y eso puede generar una sensaci�n de extra�eza�, admite Mohri en la terraza del Centro Bot�n, durante una pausa en el montaje de la exposici�n. Est� feliz por estar en Espa�a (�me encantan los espa�oles�, sonr�e) y por c�mo la arquitectura del edificio de Renzo Piano, que integra el paisaje de la bah�a de Santander en las salas, cambiar� la atm�sfera de sus piezas. �El espacio es determinante: la luz natural, los materiales del suelo y las paredes, la resonancia ac�stica... Todo eso me inspira mucho. Mi obra no es solo visual o sonora. Uso energ�as que no vemos: fuerzas magn�ticas, los cambios a lo largo del d�a...�, dice quien ya despunta como una de las nuevas estrellas del arte japon�s.
Mientras se toma un caf� con leche, que coge con las dos manos, con esa delicadeza tan nipona, reflexiona sobre aquello que no vemos pero percibimos: �Mi curiosidad es c�mo puedo colaborar con esas energ�as invisibles que circulan entre los humanos y nuestro entorno, mostrar esas energ�as peque�as y silenciosas�. Esas que provocan sutiles escalofr�os, sensaciones t�rmicas o cosquilleos ac�sticos.
Su obra va m�s all� de la escultura, del ready made a lo Duchamp o de la electr�nica lo-fi (lo suyo es casi una arqueolog�a tecnol�gica que rescata los viejos aparatos anal�gicos). Tampoco es la obra que se esperar�a de una mujer, que se lo pregunten a los comerciantes y chatarreros de Akihabra, el barrio electr�nico de Tokio, que en los primeros 2000 se sorprend�an cuando una veintea�era se recorr�a las tiendas y puestos callejeros preguntando por tubos de vac�o, v�lvulas, rel�s o motores sincr�nicos bidireccionales. �Me miraban un poco raro, pero cuando vieron que sab�a de audio y modificaba altavoces ya lo hac�an con cierto respeto. Era mi hobby: desmontar, montar, modificar�, cuenta. �El barrio ha cambiado much�simo, ahora todo son anime y videojuegos. Muchas tiendas han cerrado y se han convertido en zonas de m�quinas expendedoras�, suspira con cierta nostalgia. Pero enseguida a�ade:�Todo cambia muy r�pido... Eso tambi�n forma parte del budismo: aceptar el cambio�.
Yes que Mohri creci� en el seno de una familia budista: su abuelo era monje. �En las vacaciones iba a verle y viv�a en el templo: un espacio enorme, casi vac�o, solo con la estatua de Buda. Aprend� a prestar atenci�n a los detalles: por qu� aparece esta sombra en la pared, por qu� las ramas se mueven de cierto modo...�, recuerda. A esa filosof�a zen se sum� el punk. �De adolescente, el punk me dio mucha energ�a. No ten�a un mensaje claro, una raz�n, ni nada que se presumiera correcto. Era pura energ�a. Hay mucho de ensayo-error en el do it yourself. En realidad uso la misma metodolog�a: la experimentaci�n constante para descubrir energ�as desconocidas�.
Falta Erik Satie, que inspir� la primera instalaci�n sonora de Mohri. Cuando la pintora Suzanne Valadon cort� su relaci�n con Satie, este qued� hundido y escribi� una partitura casi imposible, Vexations, que deb�a tocarse �840 veces! seguidas. Habr�a que esperar a John Cage para que alguien se atreviera a interpretarla. Y Mohri lo tom� como base para un piano autom�tico con un ordenador que procesa los sonidos del entorno -pasos, voces, ruido ambiental- y genera nuevas variaciones de la melod�a. �Tanto Satie como Cage son muy punk. Cambiaron la manera en c�mo se toca el piano. Satie ya entend�a que la m�sica no solo est� en los instrumentos sino en el canto de los p�jaros, en el ruido de la calle... Hay energ�a sonora en todo nuestro entorno�, dice mientas mira el Cant�brico, la energ�a que moldear� su obra en Espa�a.
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