
























Marta Reb�n
Actualizado
"Cada libro es una tentativa —una ilusi�n— de ir hacia la luz", concluye Annie Ernaux (Lillebonne, 1940) en la introducci�n que acompa�a a la edici�n ampliada de El taller negro, publicada recientemente por Gallimard. Antes apareci� en �ditions des Busclats en 2011 por encargo de sus editoras, que planteaban a varios autores "dar un paso al lado" y escribir algo alejado de su registro habitual. Ese camino "hacia la luz", pocas veces en l�nea recta, suele estar plagado de dudas, vacilaciones, b�squedas vanas, pistas abandonadas. O lo que es lo mismo, de "todo ese trabajo de topo excavando galer�as interminables que precede a la escritura".

Annie Ernaux
Traducci�n de Lydia V�zquez Jim�nez. Cabaret Voltaire. 256 p�ginas. 19,95 �
�Y qu� es ese "al lado"?, se pregunta Ernaux. En su caso, esa escritura en paralelo que se alimenta del deseo de escribir, un movimiento interior que balbucea ideas apenas esbozadas e intuiciones. Para la Nobel francesa son sus "diarios de escritura", y tienen esa textura sin pulir propio del apunte libre, sin ataduras, en hojas sueltas ya usadas para "quitarle a la escritura todo car�cter solemne". En el original no faltan las flechas, los recuadros, las repeticiones, las tachaduras, los subrayados que adornan la acumulaci�n de "hip�tesis de trabajo".
Y como hip�tesis, en estos fragmentos fechados desde principios de la d�cada de 1980 —en una �poca de crisis entre proyectos que no acaban de arrancar— hasta 2015, lo que abundan son preguntas de calibre existencial y t�cnico. �Sobre qu�? Sobre la forma, sobre qu� pronombre utilizar al narrar, sobre la posibilidad de atravesar la memoria personal, sobre la tensi�n entre tiempo individual y tiempo hist�rico: �Qu� es una vida? �La memoria nos ense�a m�s sobre nosotros mismos que la imaginaci�n? �Es posible decir lo individual de manera puramente impersonal? �Hay solo Historia cuando se pasa a trav�s de los individuos? �Describir el mundo es suficiente para describirse a uno mismo? �Se puede hablar de s� como de una persona exterior? �Qu� ser�a lo m�s peligroso de escribir? �C�mo plasmar el tiempo sin falsificarlo? �C�mo expresar en el papel la coexistencia de lo permanente y lo cambiante, la sensaci�n de que el pasado no est� muerto sino superpuesto al presente, y al mismo tiempo la conciencia de que todo desaparecer�?
Para saber m�s
Adem�s de la reflexi�n sobre "el avance del tiempo" y su transcripci�n, otra preocupaci�n atraviesa este taller �ntimo en forma de diario: la b�squeda de la forma que le corresponda a la verdad de cada proyecto, a la manera de Flaubert, para quien cada obra lleva en s� su propia forma. Y aunque impera aqu� el estilo deshilvanado, telegr�fico, balbuceante y pre�ado de ansiedad, aparecen aqu� y all� reflexiones fugaces de calado: "Contar una historia es pan comido. Solo la construcci�n puede dar inter�s a lo que voy a hacer" (3/10/1983). Es la arquitectura �ntima del texto lo que obsesiona a Ernaux durante d�cadas, hasta alcanzar su cumbre con Los a�os (2008), ese proyecto de "autobiograf�a vac�a" que acariciaba desde los inicios y que queda registrado en El taller negro.
El lector, al sumergirse en este abismo de vacilaciones y rectificaciones constantes, asiste al derrumbe de un mito. La ilusi�n rom�ntica de la inspiraci�n fluida se desvanece ante el espect�culo de un padecimiento terrenal y obstinado. Ernaux comparte la anatom�a de su tormento, prueba fehaciente de que su premiada "escritura plana", tan sobria y afilada, es en verdad el milagro de un calvario en penumbras, fruto de una lucidez propia de los desclasados: "Para el tr�nsfuga o el exiliado, nada es evidente en la vida social, ni tampoco en la escritura".
Si la propia Ernaux define esta tipolog�a de diario como un grimorio —una suerte de libro medieval de f�rmulas y secretos m�gicos—, resulta m�s afinada otra descripci�n que hace de �l: un "lienzo abstracto con l�neas entrelazadas, ilegibles". Lejos del registro de sus contactos con el exterior (Diario del afuera, Mira las luces, amor m�o) y de los cataclismos interiores (Perderse, No he salido de mi noche), El taller negro no es solo el reverso de su obra publicada, sino tambi�n su s�tano: el lugar donde se dice, con la mayor proximidad posible, el gesto mismo de escribir, el espect�culo de una inteligencia buscando a tientas en la oscuridad.
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