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Miguel Hern�ndez y la prosa de munici�n
Andrés Trapi · 2026-05-01 · via La Lectura

Actualizado

Los albertis que le dieron la espalda y abandonaron a su suerte durante la guerra, no dudaron, despu�s de ella, en aprovecharse sin ning�n pudor de su memoria. Pobre Miguel Hern�ndez. Acaba de publicarse El hombre acecha al hombre. Escritos period�sticos de guerra (1937-1938) (Alianza). Period�sticos son, pues aparecieron en peri�dicos (Altavoz del Frente, Al Ataque, Nuestra Bandera), pero son, sobre todo, prosa de munici�n. As� llamaba a sus propios escritos pol�ticos S�nchez Mazas, quien, por cierto, visit� en la c�rcel a MHern�ndez y logr� de Franco que se le conmutase la pena de muerte. Y desde luego, MHern�ndez nunca habr�a tenido que entrar en prisi�n ni, mucho menos, haber muerto entre rejas.

El �nico de estos trabajos propiamente period�stico (la cr�nica de la toma del Santuario de Nuestra Se�ora de la Cabeza) fue cuestionado en el peri�dico donde apareci� (Frente Sur) por otro de los que particip� en el asalto, lo que oblig� a Hern�ndez a deshacerse materialmente en disculpas: �No soy periodista sino poeta�. Muy cierto. �Y tienen estas prosas alg�n inter�s? Documental, sin duda; literario o pol�tico, ninguno. �Entonces?

En realidad es un libro de MHern�ndez tanto como de Joaqu�n Riera Ginestar, su editor. As� lo justifica este a lo largo de la introducci�n y las notas (200 p�ginas, o m�s): �Porque a diferencia de otros cronistas de guerra ausentes del campo de batalla y pretendidamente equidistantes y ecu�nimes, como Manuel Chaves Nogales, MHern�ndez s� que vivi� de primera mano, como testigo y actor en el escenario b�lico y, por tanto, sin posible equidistancia ni ecuanimidad real o fingida, los hechos narrados, siendo este un elemento que realza el valor de su prosa�.

Se ve la intenci�n aviesa de Riera, pero sobre no estar demasiado bien tra�do el ejemplo (Chaves era un periodista maduro y curtido cuando Hern�ndez no pasaba de ser un comunista sobrevenido y elemental de veintis�is a�os, sin la menor experiencia en el oficio), la mayor parte de esos escritos parecen cocinados en cualquier oficina de la retaguardia. Las impresiones directas son escasas y limitadas: �Llegamos a un pueblo desierto: en las piedras de las calles hab�a sangre y p�lvora seca. Lo primero que hicimos fue mear y despu�s nos lanzamos a curiosear las casas despobladas� (�Curiosear o saquear? No especifica).

Para saber m�s

Se trata, pues, de las soflamas de un comisario pol�tico entusiasta de la Urss (lo fue a las �rdenes del El Campesino, de quien dice, con verdadera admiraci�n, que ya antes de los diecis�is a�os �hab�a derribado de muerte a varios burgueses�, logrando huir de la horca). Agitaci�n y propaganda, ni ecu�nimes ni equidistantes, para enardecer a la tropa y, llegado el caso, justificar sus cr�menes: �Enterados los guerrilleros de que el alcalde hab�a de hacer un viaje en determinada direcci�n, se pusieron en acecho (...) Cuando lo tuvieron a tiro, hicieron fuego sobre �l, y el alcalde pretend�a escapar herido entre unas pe�as. Se le remat�, se le arroj� a un r�o pr�ximo al camino, y la corriente se lo llev�. Como Chaves, MHern�ndez tampoco estaba all� (Le�n), pero lo cuenta, y, a diferencia del periodista sevillano, una acci�n como esa le parece al poeta oriolano de lo m�s apropiada.

La corriente de la vida igual deber�a haberse llevado tambi�n estas p�ginas hernandianas. A�aden poco al gran poeta que fue. Cuenta Machado en los Complementarios que un se�or Moya, padrastro de la mujer de B�cquer, le regal� a Antonio, como presente de bodas, dos aut�grafos del poeta rom�ntico sevillano, �dos composiciones po�ticas que seguramente B�cquer no hubiera publicado. Yo las quem� en memoria y en honor del divino Gustavo Adolfo� (ni que decir tiene que hoy los ecologistas literarios le habr�an incoado a Machado un proceso penal por ello).

Riera ha glosado y anotado profusamente estos art�culos y ha querido, incluso, reescribirlos, introduciendo en ellos mil corchetes que, o bien adulteran el estilo original y el sabor de �poca (�-�Te vienes conmigo? -No quiere [mi] madre�), o bien lo escolarizan (�Al estallar [en julio de 1936] la traici�n del fascismo�).

Se comprende que el trabajo de los profesores sea, precisamente, este, el de sumar y completar. Pero trat�ndose de un poeta como MHern�ndez, que tanta mala suerte tuvo en vida, todo lo que le reste, como estas pobres prosas suyas, es seguir lastr�ndosela.