









Hay, claro, un sesgo sarcástico en el título de este libro. Queridos camaradas, de Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, se publicó en la editorial Planeta el año 1999. Agotada la edición en unos meses, se reeditó y... desapareció del mercado, y aun diríamos del propio planeta. Uno de los misterios más misteriosos que puedan referirse. Durante casi treinta años se vio alguno de sus raros ejemplares orbitando en internet a precios, nunca mejor dicho, desorbitados, que desaparecían tan pronto como un rayo de sol los hacía visibles. ¿Los secuestraba el Kgb?
Porque Queridos camaradas es un estudio serio, muy serio, de la historia del Partido Comunista de España desde su fundación, en 1919, a 1939. Veinte años caracterizados por luchas intestinas, a menudo a dentelladas, entre los camaradas y entre estos y los delegados de la Komintern (la Internacional Comunista que Lenin y el partido bolchevique crearon en 1919 para impulsar, léase controlar desde Moscú, los partidos comunistas de todo el mundo).
Este libro acaba de reeditarse (Arzalia ediciones) con un gran epílogo de Elorza (su mujer Bizcarrondo murió en 2007). En él relata sucintamente la historia del partido desde donde él la dejó, en 1939, hasta hoy. Los de izquierdas ven a Elorza de derechas; los de derechas lo siguen considerando un comunista (lo fue), y aun staliniano, por defender en buena medida la estrategia que tuvo Stalin para España durante la Guerra Civil. Como es sabido, crímenes comunistas aparte, solo los consejeros soviéticos lograron poner un poco de orden en el caótico ejército popular de la República. Y aun así, perdieron la guerra.
El libro de Elorza/Bizcarrondo, necesario complemento de ese otro gran libro que es Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985, de Gregorio Morán, es una obra sobre el poder. A los comunistas solo les ha interesado alcanzar el poder, y, una vez alcanzado, mantenerse en él a costa incluso de los crímenes más execrables. Uno de estos, el del trotskista Andreu Nin, en 1937, ha hecho correr ríos de tinta. Las raíces ideológicas que llevaron a los servicios secretos soviéticos a secuestrarle en Barcelona y eliminarlo en La Roda, camino de Valencia, después de semanas de torturas en Madrid, están expuestas por los autores de Queridos Camaradas de mano maestra, así como las patrañas con que el partido trató de justificar su crimen convirtiendo a Nin en un agente de Franco, para lo que no dudaron en aportar pruebas tan falsas como surrealistas escritas en tinta simpática (y, a ver, lo de Nin fue un crimen repugnante, pero solo un punto por debajo de sus crímenes contra la República, empeñado como estaba en hacer la Revolución antes que la guerra, perdiendo finalmente la revolución, la guerra y la vida).
El libro, nacido de la investigación en los expoliados archivos rusos durante el breve tiempo que permanecieron abiertos durante la perestroika, documenta sin desmayo las directrices soviéticas y el servilismo de los dirigentes españoles, a la sazón Pasionaria, José Díaz, Antón, Hernández, Carrillo, para quienes el partido era una Iglesia y Stalin su sumo pontífice (todavía en 1953 Dolores Ibárruri escribía, con ocasión de la muerte del dictador: «Stalin era una parte de la vida de cada uno, era la representación viva de las más nobles aspiraciones de las masas secularmente oprimidas. [...] A Stalin se le llevaba en el sagrario del alma como lo más querido, como lo más valioso»).
Documenta, igualmente, el alto grado de teorización de sus controversias en verdad próximas a la teología, quiero decir, por inútiles. Se diría que se pasaron la vida cortando pelos en tres, de espaldas a la realidad. Pues habiendo pretendido hacer del materialismo histórico y del materialismo dialéctico una ciencia, jamás se ha visto ciencia ninguna que haya cosechado a lo largo de la historia tantos y tan sangrientos fracasos como el marxismo.
Lo que vino después del 39 fueron, para el partido, años tan ciegos como heroicos. Renació de sus cenizas con la política de reconciliación nacional en los años cincuenta, volvió a la insignificancia en los ochenta, rebrotó hace ocho años, cuando el socialista Sánchez se hizo de Podemos, y volverá a la insignificancia, según Elorza... Pero esta es otra historia que también ha contado en otro libro admirable.
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