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Los vestigios del pasado pueden llegar a despertar en nosotros emociones viv�simas, no siempre relacionadas de una manera directa con nuestra vida. Cuando Heinrich Schliemann pudo confirmar que hab�a dado con la ciudad de Troya, enmudeci� de emoci�n. Su hallazgo fue en verdad extraordinario, pero tambi�n sucede que una impronta dom�stica es capaz de arrancarnos emociones igualmente intensas.
Durante a�os se vio la fachada norte de una casa de la calle B�rbara de Braganza esquina con Recoletos horadada de virulentos picotazos. Llamaban la atenci�n. Un d�a le� en unas memorias que en esa casa hab�an resistido los comunistas a los partidarios del coronel Casado y de Besteiro, que dando por perdida la guerra, trataban de ahorrarle m�s sufrimientos al pueblo de Madrid.
Pas� a ser desde entonces para m� el testimonio m�s elocuente de aquellas tristes jornadas que dejaron dos mil muertos en las calles de la ciudad. La casa la compr� Mapfre para su Fundaci�n, la restaur� y aquellos impactos de bala desaparecieron (como los del techo del hemiciclo del Parlamento, recuerdo del 23F, yo los habr�a conservado).
Los impactos m�s c�lebres de la Guerra Civil debieron su fama a que los fotografi� en 1936 el h�ngaro Robert Capa, uno de los m�ticos reporteros gr�ficos de siempre. Se encontraban en la fachada de otra casa, esta muy humilde, en el barrio madrile�o de Entrev�as (Vallecas). Los provoc� la metralla de las bombas de la aviaci�n franquista. En la foto, que dio la vuelta al mundo, se ve a tres ni�os murillescos y joviales, sentados en el suelo, y de pie una muchacha, igualmente risue�a, ajenos a la devastaci�n que les sirve de decorado. La casa que tras ser reparada sigui� siendo vivienda, ha logrado sobrevivir hasta hoy a la voracidad especuladora gracias a algunas asociaciones vecinales y culturales.
A cuenta de ella y de Capa se ha trabado la en�sima controversia sobre la memoria hist�rica: el Ayuntamiento de Madrid (derechas) ha querido dedicarla a un centro cultural desvinculado de la Guerra Civil, como pretend�an quienes pusieron en marcha su rehabilitaci�n en tiempos de la alcaldesa Carmena (izquierdas), reforzados estos ahora por la fundaci�n neoyorquina que gestiona los derechos del fot�grafo, contraria a que se use el nombre de Capa como pretenden los gestores municipales.
La izquierda querr�a montar en esa casa un centro de estudios del impacto de los bombardeos franquistas. La derecha podr�a aspirar a otro parecido, en justa nivelaci�n, sobre las checas de Madrid (en, por ejemplo, el C�rculo de Bellas Artes); pero no lo ha hecho ni creo fuese bueno hacerlo, de modo que las probabilidades de que derecha e izquierda equilibren sus intereses, son escasas.
Que haya un Centro Capa en Madrid ser�a algo magn�fico, pero no lo ser�a menos crear all�, auspiciado por el nombre y el prestigio de Capa, un muy necesario centro documental de la Guerra Civil, con los trabajos de los corresponsales extranjeros y de los fot�grafos locales, de uno y otro bando. Cientos de miles de fotograf�as, a menudo dispersas, desconocidas o sepultadas en publicaciones de todo el mundo, o in�ditas, llevan clamando desde hace d�cadas una exhumaci�n en toda regla, como la Troya de Schliemann. �La Rep�blica perdi� la guerra, pero gan� la batalla de la memoria y de la propaganda�, declar� a la Ser Michel Lef�vbre, responsable de la expo reciente de Capa en Madrid. Irrebatible.
A veces los fot�grafos de guerra sucumbieron a la tentaci�n de estetizarla (y la foto m�s conocida de Capa y aun de la Guerra Civil, Muerte de un miliciano, tomada en Cerro Muriano, pudo ser un fake), pero pasados los a�os han de verse todas esas fotos, las mendaces y la veraces, como lo que ya son: vestigios, m�s all� de los dos bandos y de esos agravios que, si se eternizan, jam�s podr� nadie reparar. Vidas entre las dos grandes v�as por las que han circulado desde entonces los trenes ideol�gicos que con frecuencia se las han llevado y siguen llevando por delante. Un centro fotogr�fico com�n ser�a, pues, una gran victoria de la democracia, es decir de todos, y al alcance de todos en Entrev�as, para lo cual solo es necesario compartir a Capa, la historia de la fotograf�a y, claro, el monopolio de la propaganda.
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