Teatro
La dramaturgia Luc�a Miranda explora la historia con un original montaje que vincula lo pol�tico con la experiencia personal: "Hablar de colonialismo duele"

Imagen de ensayo de la obra 'Las �ltimas'.
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En el inicio de los jardines del Almirante Pascual Cervera, en el barrio madrile�o de Chamber�, se erige impert�rrito uno de los monumentos m�s debatidos de la escultura espa�ola. Vestido de militar y empu�ando una pistola, el teniente Saturnino Mart�n Cerezo adquiere una postura vigilante en un claro homenaje a los m�ticos H�roes de Baler. Quiz� porque su implantaci�n en la plaza fue muy debatida, o porque evoca a una �poca colonial ya casi olvidada en el pa�s, ahora es precisamente esta figura la que abre la obra de teatro Las �ltimas. �Es un v�nculo entre lo pol�tico y lo personal. Refleja c�mo se ve el colonialismo en las cosas peque�as y cotidianas�, auspicia Luc�a Miranda (Valladolid, 1982), directora y autora de la pieza.
A caballo entre la ficci�n y la realidad, el Centro Dram�tico Nacional de Madrid se convierte hasta el pr�ximo 21 de junio en un espacio de di�logo abierto, de karaoke y de interpretaci�n, donde la est�tica pl�stica de Miranda convierte la pieza en un espacio multicultural. La trama se articula a partir de un relato mal contado. Un relato sobre el colonialismo, sobre la herencia filipina y espa�ola y la relaci�n entre ambos enclaves. La compa��a Cross Border se une a la asociaci�n filipina de teatro (PETA, por sus siglas en ingl�s) para recorrer 461 a�os de historia. �He contado lo que siento que puedo contar, que puedo hablar de Magallanes, de los alcaldes de aqu�, que puedo hablar de Jer�nima de la Asunci�n...�, repasa la directora.
El proyecto requiere de un trabajo de campo amplio y exhaustivo. Con tan solo una grabadora y la voluntad de poner voz a un pueblo jam�s escuchado, Miranda recorri� ambos pa�ses en busca de testimonios acertados. Entre sus 40 entrevistas aparecen historiadores y antrop�logos, desde luego, pero tambi�n hay taxistas, madres de familia y perfiles que siempre han tenido algo que contar pero nunca han encontrado el altavoz para hacerlo. �Pido permiso para poner sus declaraciones�, se�ala la autora del texto. Y no es de extra�ar, pues casi el 60% de la obra es verbatim. �Primero entra el desnudo y luego la ficci�n hist�rica. Coquetean con diferentes g�neros�, explica Alexandra Masangkay, una de las actrices de la obra.
El lenguaje, por tanto, se convierte en el epicentro de Las �ltimas. Tagalo, ingl�s y espa�ol atraviesan la obra mientras la religi�n, el cuerpo y el poder adquisitivo se van desarrollando a ojos del espectador. �Hay un collage sostenido por una puesta pl�stica muy fuerte, y lo comunitario toma un lugar muy central�, recoge Juan Pa�os, otro de los miembros del equipo. La pieza mezcla lo pol�tico con las historias de a pie. La primera de ellas, la de Miranda. �Cuando empec� a investigar me dijeron que mi madre ten�a c�ncer, por eso quise hacer algo con las madres del equipo�, recuerda emocionada. Fue este simple acontecimiento el que desencaden� la idea de la herencia y de la matria, que se enfrenta al colonialismo como una enfermedad que azota el presente.
Para saber m�s
Luc�a Miranda no hace de historiadora. Su obra es el conducto para las preguntas, para la reflexi�n. �Quien quiera saber de Historia que se vaya a un libro�, deja claro. Y leer sobre lo que pas� en el pasado es m�s que necesario. Hoy en d�a, el debate con los museos y la sociedad para revisar la narrativa colonial est� muy presente. Y entre tanto argumento institucional, las voces de lo vivido quedan relegadas.Las �ltimas se erige, entonces, como la forma de sanar una herida sin suturar. �Hablar de colonialismo duele�. Y seguir� doliendo si no se le pone remedio.




















