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La Lectura

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El dinero no desaparece, cambia de lugar" Miguel Hern�ndez y la prosa de munici�n Bi Gan, director de 'Resurrection': "Los sue�os y el cine son dos expresiones para designar lo mismo" Jos� Sacrist�n y Mar�a Galiana, memoria eterna de nuestro teatro: "Nadie nos va a bajar de aqu� porque no nos da la gana" Juan Gracia Armend�riz ante doscientos catorce d�as de incertidumbre De cloaca al aire libre a monumento del arte urbano: "El BesArt es una referencia mundial" Cartago, el imperio sin memoria: mitos, teorías y verdades de la civilización que Roma quiso exterminar de la faz de la tierra La Casa de Bernarda Alba se hace baile en Madrid: "Espero que el p�blico pueda vivir el encierro, la angustia y los conflictos de estas mujeres sin necesidad de seguir la obra de forma literal" La Biblia de Ferrara, un monumento cultural de lo que somos y de lo que pudimos ser El Mundo Notas al pie de la historia: Cabello/Carceller devuelven la voz a los disidentes olvidados ficial Francis Ker�, arquitecto: "Una de las enfermedades de las democracias africanas es querer parecernos a Occidente sin tener las mismas ra�ces" M�sica, apocalipsis y pol�tica: Jos� �ngel Ma�as recomienda tres pel�culas que reflejan tres formas de entender el cine L�szl� Krasznahorkai: c�mo resistir al miedo gracias a los "errores" de la vida y el arte Rodrigo Rey Rosa: "Los criollos heredamos los peores modales de aquella Espa�a que M�xico denuncia" Jacinto Ant�n: "Soy periodista por casualidad. Cuando empec� ni siquiera sab�a de d�nde ven�an las noticias" Llegar tarde Aquellas hambres John Banville: "La literatura no sirve para nada, no nos hace m�s amables, guapos o inteligentes, s�lo nos produce placer, Pero, �qu� m�s hace falta?" 48 horas con Quevedo en Gran Canaria: "En este punto de mi vida no quiero agradar, me la suda fuerte" Roser Cabr�-Verdiell y la gu�a m�gica para acabar con el miedo por los hijos Barcelona y el Quijote, un amor no correspondido: "Cervantes deber�a ser un referente continuo" El marqu�s de Mor�s, el protofascista que vino de Francia Relato in�dito de Marta Jim�nez Serrano: Feliz Sant Jordi Alonso de Quesada, el poeta que esperaba en la sombra La Esfera de los Libros celebrar� Sant Jordi junto a los lectores 10 novelas en espa�ol recomendadas por el D�a del Libro 2026: Nerea Pallares, Luis Landero, Sara Barquinero, Jes�s Carrasco... 10 ensayos recomendados para el Día del Libro 2026: Historia, biografías, análisis e investigación para entender el presente 10 libros infantiles recomendados para el D�a del Libro 2026 Annie Ernaux y su diario de sombras en busca de la luz 10 novelas juveniles para el D�a del Libro: Laura Gallego, Alice Kellen, Blue Jeans... 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Thomas Korsgaard: "Una infancia de violencia y pobreza no hace que te conviertas en escritor"
Andrés Seoan · 2026-04-20 · via La Lectura

"Supe de verdad que estaba escribiendo mi primera novela cuando escrib� de pronto 'si mi padre muriera ma�ana' y descubr� la magia de que llegara otra frase, y otra, y otra". A Thomas Korsgaard (Viborg, 1995) esa especie de iluminaci�n le lleg� pronto, casi demasiado pronto para alguien que, como �l mismo insiste, no creci� "en un entorno donde la literatura fuera una posibilidad real". Ten�a apenas 21 a�os cuando public� El patio, el primero de los tres vol�menes de su aclamada y premiada Trilog�a de Tue, que comenz� a publicar en 2017, lleg� a alcanzar los 350.000 ejemplares vendidos s�lo en Dinamarca y, con el paso del tiempo, no solo lo ha convertido en uno de los narradores m�s singulares de su generaci�n en Escandinavia, sino tambi�n en una voz capaz de resquebrajar desde dentro esa imagen n�rdica de bienestar homog�neo que durante d�cadas ha funcionado como relato exportable.

"Me cost� encontrar mi voz y aprender a escribir, porque no crec� en un entorno donde fuera habitual convertirse en escritor o siquiera tener una voz. Tuve que aprender mucho primero y dejarme guiar por la intuici�n", rememora. Esa intuici�n, m�s que un m�todo, parece haber sido una forma de resistencia. Korsgaard no escribe desde un programa ni desde una tesis, sino desde una especie de tanteo continuo: "Siempre hay algo en la escritura que se adentra en lo desconocido. Es una exploraci�n cuyo resultado no puedo prever. Rellenar un molde no me interesa. Me gusta dejarme guiar por la escritura".

Para saber m�s

Ese dejarse llevar, sin embargo, no tiene nada de ingenuo. En El patio, la infancia de Tue (evidente alter ego de Korsgaard) transcurre en una granja aislada, en medio de una familia marcada por la precariedad, la violencia larvada y una forma de abandono que no necesita grandes escenas para hacerse visible. Lo inquietante no es tanto lo que ocurre como la forma en que ocurre: sin �nfasis, sin subrayados, como si todo formara parte de un orden natural.

Korsgaard lo explica sin rodeos: "Para alguien que ha crecido con la pobreza y la violencia desde dentro, por desgracia este mundo no resulta tan dram�tico, es simplemente una parte normal de la vida cotidiana", dice con sencillez. Y a�ade algo que define bien su po�tica: "Intento evitar la sentimentalidad, me parece algo muy poco aut�ntico, una forma de que los privilegiados derramen una l�grima sin implicarse realmente".

Intento evitar la sentimentalidad al escribir, me parece una forma de que los privilegiados derramen una l�grima sin implicarse"

Ah�, en esa negativa a estetizar el sufrimiento, adem�s de en su enjundia literaria, se juega buena parte de la fuerza de la trilog�a. Porque lo que en otras manos podr�a haber derivado en una cr�nica social subrayada o en un relato de superaci�n m�s o menos previsible, en las suyas se convierte en un dispositivo mucho m�s inc�modo. "All� donde hay gente rica, tambi�n hay gente pobre, por supuesto tambi�n en Dinamarca y en Escandinavia, aunque a veces nuestra propia imagen nos impida pensarlo o hablar de ello. La sociedad del bienestar es una quimera", dice, casi como quien corrige una postal grabada en piedra.

Pero si hay un elemento que articula la historia de Tue, ese joven impulsivo y vulnerable que no encaja en los estereotipos de masculinidad tradicional, de principio a fin es el silencio. No tanto como ausencia, sino como estructura. "La deshonestidad y la mentira est�n siempre presentes en las familias disfuncionales, porque negar lo que realmente son forma parte de su manera de sobrevivir. El silencio se convierte en una estrategia, algo que mantiene a la familia unida en la superficie, mientras la va erosionando por dentro", reflexiona el escritor. En ese equilibrio fr�gil, el ni�o aprende a leer lo que no se dice, a moverse en un espacio donde el lenguaje no nombra, sino que esquiva. "Y es Tue quien acaba pagando el precio a costa de perder su infancia".

De ah� que la familia, lejos de aparecer como refugio, funcione en estos libros como un territorio inestable, a veces directamente peligroso. "Las familias disfuncionales pueden ser peligrosas, incluso poner en riesgo la vida", afirma. Pero lo verdaderamente perturbador no es tanto ese peligro como la imposibilidad de escapar de �l. "Existe una lealtad casi infinita hacia los padres, porque incluso los m�s inadecuados siguen siendo amados, y uno est� dispuesto a todo por ellos. Romper esa lealtad puede ser extremadamente dif�cil, incluso cuando tiene un coste vital". La infancia, en ese sentido, no es solo un lugar del que se parte, sino una condici�n de la que resulta casi imposible desprenderse.

La voz de Tue, esa mezcla de ingenuidad y lucidez que sostiene toda la trilog�a, nace precisamente de ah�. No de una estrategia calculada, sino de una forma de mirar. "Probablemente tiene que ver con mi propia manera de mirar el mundo", admite Korsgaard. Y a�ade una declaraci�n de principios que ilumina su escritura: "Creo que los buenos escritores son aquellos capaces de dejar a un lado sus antipat�as, simpat�as y prejuicios, y acercarse a lo que escriben con una mirada limpia".

Esa limpieza no implica neutralidad, sino una forma de atenci�n que evita el juicio para permitir que las cosas aparezcan en toda su complejidad. "La literatura es m�s poderosa cuando intenta explorar en lugar de juzgar. Ya hay demasiado en el mundo dedicado a emitir juicios. La literatura puede ofrecer un espacio para observar, iluminar, hacerse preguntas. Para reflexionar en lugar de condenar", resume

En La ciudad, el segundo volumen, esa mirada se desplaza. Tue abandona el entorno rural y se instala en un espacio que, en principio, promete otra vida. Pero la ciudad no es exactamente una salida. "No es, en s� misma, un lugar de liberaci�n", matiza el autor. Y sin embargo, para alguien como su protagonista, se convierte en una necesidad. "Para una persona queer como Tue, suele ser en las ciudades, especialmente en las grandes, donde puede encontrar comunidad". La huida, en ese sentido, no es tanto una elecci�n como una condici�n de posibilidad. "Es una estrategia de supervivencia, aunque tambi�n resulte agotadora y da�ina para �l", advierte el escritor.

"Intentar perdonar a quien nos ha da�ado, aunque sea de forma ego�sta, puedes ser una verdadera forma de liberaci�n"

Ese tr�nsito est� atravesado por una tensi�n constante entre la fidelidad al origen y el deseo de romper con �l. Una tensi�n que, lejos de resolverse, se enquista. "No creo que sea posible escapar del todo de la infancia", reconoce. Y propone, en cambio, otra salida menos �pica y m�s ambigua: "Intentar perdonar a quien nos ha da�ado, aunque sea de forma ego�sta, por uno mismo. Creo que ah� puede haber una verdadera forma de liberaci�n".

En ese proceso, el deseo -sexual, afectivo, identitario- aparece siempre desplazado, sugerido m�s que enunciado. No es una decisi�n est�tica gratuita, sino la consecuencia de una educaci�n emocional marcada por la represi�n. "Si creces siendo una persona queer, aprendes desde muy pronto que una de las peores cosas que puedes ser es diferente. Y puedes interiorizar esa verg�enza como una forma de protegerte", asegura Korsgaard. De ah� que en sus novelas, hechas de fragmentos breves y expresivos, lo importante no sea tanto lo que se dice como lo que se insin�a, lo que queda en los m�rgenes.

Y sin embargo, incluso en ese paisaje de incomodidad, hay espacio para el humor. Un humor negro, seco, a veces desconcertante, que no suaviza la experiencia pero la vuelve respirable. "La lucha por la supervivencia genera resiliencia", dice Korsgaard. "Y, adem�s, re�r es algo maravillos, tiene algo conciliador que me gusta mucho, y tambi�n sirve para apartar la sentimentalidad excesiva". No se trata de aligerar el peso de lo narrado, sino de encontrar una forma de sostenerlo. "No s� si la escritura alivia lo pesado, simplemente lo convierte en palabras. Intento escribir de forma directa, sin endulzar, pero con una simplicidad que no lo recubra de adornos o falsedad".

Esa conversi�n de la experiencia en lenguaje es otro de los pilares de la trilog�a. Porque si algo aprende Tue a lo largo de los tres libros es que nombrar lo que uno siente es una forma de poder. "El lenguaje permite expresarse, no quedar encerrado dentro de uno mismo, sino hacerse comprensible para los dem�s". Escribir, en ese sentido, no es solo un gesto literario, sino una forma de salir al mundo. "S�lo cuando las experiencias y los sentimientos toman forma en palabras pueden convertirse en conocimiento", remacha Korsgaard.

Korsgaard en Copenhague en 2023.

Korsgaard en Copenhague en 2023.LENE TRONRUD

En Para�so, el cierre de la trilog�a que publica ahora en Espa�a Random House, esa idea alcanza su formulaci�n m�s compleja. Lejos de ofrecer una resoluci�n clara, el libro se mueve en una ambivalencia constante, casi como si negara la posibilidad misma de un destino. "No es un destino concreto, sino m�s bien un viaje mental, un desarrollo interior en el que las experiencias que se viven ya son, en s� mismas, una forma de llegada". El para�so, en ese sentido, no es un lugar al que se accede, sino una construcci�n que se deshace a medida que se persigue. "A menudo creemos saber lo que queremos, pero resulta ser algo distinto o m�s complejo". La adultez, parece sugerir Korsgaard, consiste precisamente en aceptar esa incertidumbre.

Lo que queda entonces es el recorrido. Y, sobre todo, la conciencia de que ese recorrido est� atravesado por estructuras familiares, sociales, culturales y econ�micas que no desaparecen por el simple hecho de nombrarlas. "En Dinamarca hay una desigualdad social cada vez mayor donde unos pocos muy ricos poseen la mayor parte del capital de la sociedad, mientras que las clases trabajadoras luchan por las migajas dividi�ndose y fraccion�ndose entre s�", apunta, alej�ndose de cualquier complacencia con el relato del bienestar.

"Esto ha creado un caldo de cultivo para los populismos donde ganan terreno las voces racistas y xen�fobas. La literatura tambi�n tiene que mostrar c�mo estas estructuras marcan la vida de quienes tienen que convivir con ellas". La literatura, en ese contexto, no tiene tanto la funci�n de denunciar, explica, como la de mostrar c�mo esas estructuras se encarnan en vidas concretas.

"La ignorancia y la curiosidad son mis motores literarios. Escribo para explorar, no para juzgar nada"

Quiz� por eso, al final, la escritura aparece en Korsgaard menos como una respuesta que como una forma de insistir en la pregunta. "Escribir me ha ense�ado que al final de una pregunta suele haber m�s preguntas". Y en esa cadena, que no se cierra nunca del todo, se juega tambi�n una forma de estar en el mundo. "La curiosidad puede ser una manera de vivir. Escribo porque soy una persona hecha por una mezcla de dudas e ignorancia profundas y curiosidad extrema. Esos son los motores de mi literatura, encontrar una luz, un futuro, mayor que la oscuridad".

Tue, el personaje que lo ha acompa�ado durante tres libros, ha sido en ese sentido un aprendizaje. No s�lo t�cnico, sino tambi�n vital. "Escribir sobre �l ha sido mi manera de aprender a escribir, de formarme y avanzar en el oficio, pero tambi�n de conocerme mejor a m� mismo", admite. Y mientras trabaja en su siguiente novela, esa idea, la de la escritura como un proceso que nunca termina de fijarse, sigue funcionando como motor. Al fin y al cabo, todo empez� con una frase. Y con la intuici�n de que, si se la dejaba avanzar, algo terminar�a por suceder.

Para�so

Thomas Korsgaard