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La Lectura

El buen retiro Un nuevo delirio genial del inasible César Aira Bad Bunny, Shakira, Aitana... por qué España vive la era dorada de los conciertos de estadio: "Esto es muy simple, en un mundo donde todo es fake, la gente quiere algo de verdad" Catherine Fletcher y un viaje por la historia de hace dos mil a�os El Mundo De los mitos paganos de Grecia y Roma a la fe universal de San Pablo, así nació el cristianismo: "Una misa católica es una ceremonia profundamente pagana" Valeria Luiselli y todas las formas de poder reimaginar una vida William Kentridge: "Mi madre siempre decía que uno debe mancharse las manos al menos una vez al día, y yo he procurado no olvidarlo" Cuando Pérez-Reverte era un joven con una mochila y una cámara: "Una vez que entiendes que el trabajo del periodista consiste en entrar, salir y contar, ya no vuelves a mirar el mundo como antes" Un poema de Elena Medel Patricia Almarcegui: "La turistificaci�n masiva contin�a y continuar�. El dinero no desaparece, cambia de lugar" Miguel Hern�ndez y la prosa de munici�n Bi Gan, director de 'Resurrection': "Los sue�os y el cine son dos expresiones para designar lo mismo" Jos� Sacrist�n y Mar�a Galiana, memoria eterna de nuestro teatro: "Nadie nos va a bajar de aqu� porque no nos da la gana" Juan Gracia Armend�riz ante doscientos catorce d�as de incertidumbre De cloaca al aire libre a monumento del arte urbano: "El BesArt es una referencia mundial" Cartago, el imperio sin memoria: mitos, teorías y verdades de la civilización que Roma quiso exterminar de la faz de la tierra La Casa de Bernarda Alba se hace baile en Madrid: "Espero que el p�blico pueda vivir el encierro, la angustia y los conflictos de estas mujeres sin necesidad de seguir la obra de forma literal" La Biblia de Ferrara, un monumento cultural de lo que somos y de lo que pudimos ser El Mundo Notas al pie de la historia: Cabello/Carceller devuelven la voz a los disidentes olvidados ficial Francis Ker�, arquitecto: "Una de las enfermedades de las democracias africanas es querer parecernos a Occidente sin tener las mismas ra�ces" M�sica, apocalipsis y pol�tica: Jos� �ngel Ma�as recomienda tres pel�culas que reflejan tres formas de entender el cine L�szl� Krasznahorkai: c�mo resistir al miedo gracias a los "errores" de la vida y el arte Rodrigo Rey Rosa: "Los criollos heredamos los peores modales de aquella Espa�a que M�xico denuncia" Jacinto Ant�n: "Soy periodista por casualidad. Cuando empec� ni siquiera sab�a de d�nde ven�an las noticias" Llegar tarde Aquellas hambres John Banville: "La literatura no sirve para nada, no nos hace m�s amables, guapos o inteligentes, s�lo nos produce placer, Pero, �qu� m�s hace falta?" 48 horas con Quevedo en Gran Canaria: "En este punto de mi vida no quiero agradar, me la suda fuerte"
Ángela Segovia y la reivindicación de lo libre y distinto...
Álvaro Segovia · 2026-04-16 · via La Lectura

Actualizado

Pocas veces me ha ocurrido eso que, no sé con cuánta credibilidad, cuentan muchos lectores, y que consiste en que «deseaba que ese libro no se acabara nunca, estaba encandilado y no quería que terminase»... Debo de ser un lector impaciente, o acaso es que siempre ha habido muchos libros esperando, pero yo suelo leer no deprisa, pero sí un poco urgido, mirando de reojo a lo siguiente.

La uÑa RoTa. 300 páginas. 19 ¤

Con Ángela Segovia no me pasa. Sus libros sí que tienen ese poder de mecerme de forma indefinida, y suelo esperar a momentos adecuados para leerla porque sé que sus poemas, sus narraciones, sus híbridos... van a conseguir eso, que no quiera salir de ahí, y no precisamente porque sean mundos felices, pero sí son mágicos, y además muy detallistas en su magia.

No me gusta mucho que se esté diciendo que Joi es su primera novela, porque lo que sí me gustó mucho fue Las vitalidades, un libro que supongo que ahora consideran una nouvelle, un cuento largo, un primer experimento con la narrativa. Ángela Segovia (Las Navas del Marqués, Ávila, 1987) es la mejor poeta española de su tiempo (y, para decirlo con mayor exactitud, la persona que ha escrito los mejores poemas de su generación, la que ha fundado un mundo más seguro y más legítimo) y, aunque ya había relatos en sus poemas, allá pudimos encontrar su mirada expandida, desarrollada de verdad, entregada a un argumento..., camino en el cual ahora, en efecto, se avanza de forma celestial.

Cualquier lector de literatura antigua sabe que cuando un personaje ha de atravesar un bosque, el que sale de allí ya no es el mismo que ha entrado: se cuenten o no, en la espesura y en lo salvaje han sucedido cosas transformadoras, iniciáticas, irreversibles. Y ese tópico, con un tratamiento especialmente misterioso y aun desazonante, es el punto de partida de Joi: una niña reaparece tras haberse perdido durante dos años, desde que tenía doce, en el bosque, y por su actitud, por su comportamiento, por su silencio, incluso sus padres llegan a preguntarse si de verdad es su hija, si sigue siendo ella, si no hay en ella algo más, si no hay con ella alguien más.

Lo genial es que todo eso se cuenta desde el punto de vista, aparentemente inocente, de la niña, que no confiesa nada de lo que ha ocurrido en ese tiempo desaparecida pero asiste al terror de sus padres, al miedo de quienes se cruzan con ella, a la curiosidad de los médicos. «Las niñas son mucho más valientes que los hombres», piensa ella misma.

Más que una niña salvaje («la verdadera educación es coger amapolas»), es ya una niña poeta (que después conocerá a Face, quien vive la poesía de otro modo). O, quizá mejor, lo que sucede es que ya era indómita, parte de la naturaleza, desde mucho antes de perderse entre los árboles (y qué hermosa es esa idea de que éstos produzcan más resina cuando ella se va, como si llorasen de ese modo su regreso a la ciudad).

El libro, muy a voluntad, se va convirtiendo en otra cosa y revelando algunos puntos (no muchos: si algo ha demostrado de un modo deseablemente definitivo la poesía es que no hay que hablar de más, que los secretos son sagrados), haciendo excursiones a otros sitios e incluso cambiando de lenguajes, pero el tono del comienzo perdura, algo así como una extrañeza elemental, o una reivindicación de lo profundamente libre y de lo distinto en un mundo apagado por culpa de las convicciones equivocadas. Los temas de Joi son la noche, la enfermedad, la diferencia, la importancia de lo que no existe o, mejor, de lo que no se ve. Y quien entra aquí no sale.