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La guerra de Bosnia contada desde las entra�as de un edif...
2026-04-01 · via La Lectura

Los libros

Narrativa

A trav�s de breves vi�etas que transitan del recuerdo �ntimo a la an�cdota vecinal y la f�bula macabra el escritor bosnio Darko Cvijetic narra en 'El rascacielos rojo' la historia de Yugoslavia y su crudo desenlace, de la solidaridad de clase a los asesinatos �tnicos

El escritor bosnio Darko Cvijetic.

El escritor bosnio Darko Cvijetic.

Marta Reb�n

Actualizado

Con el paso del tiempo, la interpretaci�n de un edificio muta: lo que transmite en el presente puede distar mucho de lo que pretend�an proyectar quienes lo concibieron. Construido a mediados de los setenta en Prijedor (Bosnia-Herzegovina), el bloque 101 de viviendas de trece plantas que da t�tulo a la novela de Darko Cvijetic (Ljubija Rudnik, 1968) encarn� el ideal arquitect�nico de la Yugoslavia socialista.

Sus primeros moradores fueron mineros de Ljubija, obreros de f�bricas aleda�as y profesores de instituto. Una mezcla en cada planta de serbios, musulmanes/bosniacos y croatas -"aderezada con al menos dos familias gitanas"- que condensaba un tiempo glorioso de uni�n y solidaridad proletaria.

El rascacielos rojo

Darko Cvijetic

Traducci�n de Marc Casals y Patricia Pizarroso. B�ltica. 121 p�ginas. 15,90 �

Este heterog�neo "pueblo vertical" fue primero un vibrante monumento a la clase trabajadora para convertirse, con la irrupci�n de la guerra -que allan� cada apartamento-, en un aterrador "pararrayos mortuorio", un "ata�d reci�n barnizado". De la conciencia de clase se pas�, a punta de ca��n, a conciencia de etnia y nacionalidad. Con gran econom�a de recursos, Cvijetic despliega, en apenas un centenar de p�ginas, treinta y dos breves vi�etas documentales que transitan del recuerdo �ntimo a la an�cdota vecinal y la f�bula macabra.

La narraci�n fluye entre tres planos temporales que se entremezclan como lo hacen los personajes y las historias: el tiempo de la preguerra, marcado por los juegos infantiles y la convivencia casi id�lica; el estallido de la guerra, donde los pasillos y las habitaciones se convierten, al calor del alcohol, en lugares de ejecuci�n ("el aguardiente fue el anest�sico principal que permiti� transformar a los obreros en guerreros, en nacionalistas de los que se abus� brutalmente para que destruyeran su propio pa�s"); y la posguerra, un vac�o desolador dominado por un denso silencio ("los �nicos que han regresado son los criminales de guerra. Se encuentran con aquellos a quienes maltrataron en los campos").

Al arrojar al lector de una �poca a la otra sin salir de una misma escenograf�a, Cvijetic genera en El rascacielos rojo una profunda sensaci�n de fatalidad premonitoria. Y lo hace sin dar rienda suelta a la emotividad: su contenci�n forense nos entrega un documento en cuya concisi�n est� codificado todo el trauma colectivo.

Como ejemplo, los ascensores: el autor les atribuye la marca suiza Schindler, un gui�o ir�nico aplicado al otrora "s�mbolo de estatus, una se�al de civilizaci�n" del rascacielos que no tuvo a un Schindler que salvara a los vecinos perseguidos y ejecutados por tener el apellido �tnico equivocado.