Los libros
Ensayo
En 'Aby', su primera incursi�n en la narrativa, la poesta francesa Marie de Quatrebarbes explora los entresijos ps�quicos del m�tico historiador alem�n y el contexto en el que se enmarca su pionero trabajo

Aby Warbug en 1896 junto a un indio americano de la tribu Pueblo
Daniel Cap�
Actualizado
Si el siglo XIX conoci� la admiraci�n por las ruinas, el siglo XX se adentrar�a en ellas. En su reflexi�n acerca del �ngel de la Historia, Walter Benjamin observ� el aspecto terror�fico del paso del tiempo y el rastro de devastaci�n que deja tras de s�. La ruina es la consecuencia de la vida, la huella fehaciente de nuestra mortalidad. Pero tambi�n, a trav�s de sus grietas -dec�a Benjamin-, penetra la luz de la esperanza y del sentido. Nada es exactamente lo que parece, nada es definitivo.

Aby
Marie de Quatrebarbes
Traducci�n de Vanesa G� Cazrola. Perif�rica. 160 p�ginas. 18 � Ebook: 12,99 �
De todo ello nos habla la poetisa francesa Marie de Quatrebarbes en Aby, su primera incursi�n en la narrativa, que acaba de publicar entre nosotros la editorial Perif�rica. En esta breve novela, la autora reconstruye el derrumbamiento ps�quico que sufri�, tras la I Guerra Mundial, Aby Warburg. Siguiendo sus informes psiqui�tricos, Quatrebarbes acompa�a al gran historiador del arte en su camino hacia la locura y en su posterior y lenta recuperaci�n.
Para saber m�s
La brillante prosa de la autora se adentra en la demencia de su protagonista en forma de chispazos luminosos. La electricidad, a lo largo del libro, se convierte en una met�fora obsesiva, a veces ca�tica, que act�a como principio compositivo del texto. As� leemos, por ejemplo: �Mientras en el valle, tejido con una fina hierba verde, los insectos revolotean bajo los �rboles, verdaderos ej�rcitos de ramas eflorescentes, Aby hace equilibrios sobre un terr�n de az�car empapado de agua bajo el lacado cielo de esa ma�ana que se ha pasado contemplando el mundo en el preciso instante de su nacimiento�.
Lo que Quatrebarbes entiende es que la locura de Warburg no fue casual, sino que reflejaba, en cierto modo, el sentido abisal de su vida y tambi�n el de su �poca. El pensador que hab�a consumido su existencia reflexionando sobre el papel ordenador de los s�mbolos, se encontr� de repente sumergido en un caos informe, carente de s�mbolos y, por tanto, de aut�ntico sentido. Alrededor del sanatorio, la autora hace confluir los mitos dominantes de aquel periodo hist�rico: del psicoan�lisis de Sigmund Freud a la teor�a de la relatividad, de las vanguardias art�sticas al inconsciente colectivo.
�Es preciso que uno sea Dios -leemos en la novela-, un surrealista o un loco para que, colocado de frente ante un espejo, se vea la propia espalda�. A superar estas paradojas, suspendidas entre la lucidez y el abismo, se empe�a esta joven escritora cuya voz brilla con rara elegancia.






















