Entre el 14 y el 30 de abril, el Teatro Real presentará la ópera de Smetana que vuelve a su escenario 102 años después de su estreno en 1924

Gustavo Gimeno y Laurent Pelly durante un ensayo de 'La novia vendida'
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Hace 102 años, en 1924, el coliseo del Teatro Real acogía la presentación de La novia vendida, una de las obras más emblemáticas del repertorio centroeuropeo. Compuesta por Bedich Smetana, figura clave en la construcción de una identidad musical nacional checa, la ópera se estrenó originalmente en 1866 en Prague como opereta con diálogos hablados, y fue revisada en 1870 hasta adquirir su forma definitiva, íntegramente cantada. Desde entonces, se ha consolidado como la primera gran ópera checa y, sin duda, la más popular de su autor.
«Tiene esa melancolía tan presente en la música checa. Es música bella, muy tierna, graciosa y llena de júbilo. Tiene, también, una melancolía que le da intimidad», explica Gustavo Gimeno, al frente de la dirección musical de la producción. Esa dualidad entre celebración y nostalgia atraviesa toda la partitura, donde las danzas populares entrelazan con una escritura orquestal refinada que trasciende lo folclórico para convertirse en lenguaje dramático.
La trama, en apariencia sencilla, se sitúa en un entorno rural y gira en torno a Maenka, prometida en secreto a Jeník, un joven astuto que vive alejado de su familia tras haber sido expulsado por su madrastra. Presionada por sus padres y por el casamentero Kecal, Maenka se ve obligada a casarse con Vaek, un pretendiente más acomodado pero ingenuo, a pesar de su amor por Jeník. Bajo esta premisa de comedia sentimental se esconde una reflexión más compleja sobre la libertad individual, las convenciones sociales y el peso de las estructuras familiares. Desde el punto de vista operístico, la obra constituye un hito del nacionalismo musical del siglo XIX. La combinación de humor, danza y escritura coral -con números tan célebres como el coro inicial o la vertiginosa danza de los comediantes- ha asegurado su permanencia en los escenarios internacionales, convirtiéndola en un símbolo de la identidad cultural checa.
«Es sorprendente que no se represente más a menudo en España. Aunque existen muchas obras en la historia de la música, algunas quedan eclipsadas por compositores como G Puccini, Verdi o Wagner. Creo que esta obra tendrá una reacción muy positiva del público», apunta Gimeno, subrayando una deuda histórica de la programación operística española con este repertorio. Y añade: «Es una ópera que conecta fácilmente con el público, es accesible, tiene un punto de familiaridad y de cercanía que la hace fácil de interiorizar».
La nueva producción cuenta con la visión escénica del director francés Laurent Pelly, conocido por su capacidad para conjugar fantasía visual y profundidad dramática. En esta ocasión, su propuesta se inspira en la estética de la animación checa de los años 50 y 60, aunque evita anclarse en una época concreta. «Sucede, más bien, en un mundo onírico, un poco en la cabeza de Maenka», explica. Esa dimensión onírica le permite acentuar la ambigüedad de la obra, donde la comedia convive con una violencia latente. «Me gusta pensar que todo es una especie de pesadilla de esta joven que cree -y ama a un chico que cree- que él la ha vendido. Es absolutamente violento», señala Pelly. Su lectura sitúa la ópera en un territorio híbrido entre la tradición de la opera buffa italiana -con ecos de Gioachino Rossini- y la opéra comique francesa, heredera del espíritu de Jacques Offenbach, aunque subraya también su modernidad formal.
El libreto, firmado por el escritor nacionalista Karel Sabina, destaca por su aparente sencillez, que lejos de ser un límite se convierte en una oportunidad escénica. «Siempre digo que es la música la que pongo primero en escena. La sencillez del libreto no me asusta en absoluto», afirma Pelly, que reivindica una aproximación burlesca y lúdica sin renunciar a explorar las capas más oscuras de la historia.
Así, esta nueva Novia vendida se presenta no como una recuperación de un título esencial y, a su vez, como una relectura contemporánea que invita a redescubrir una obra donde la ligereza y la profundidad, lo popular y lo sofisticado, conviven en un equilibrio tan delicado como profundamente humano.




























