





















Que hacerse mayor es infernal. Un martirio. Una debilidad. Que el cuerpo ya no es el que era. Empieza a ceder. Se vuelve fr�gil y se marchita. Eso dicen. Luego llega Sol Pic�(Alcoy, 1967) y transforma esa etapa vital -inevitable, dura, bella- en baile. Y le da la vuelta. �Es infernal, s�, pero tambi�n es tan liberador como empoderador�, dice la core�grafa. Su obra de danza contempor�nea, La Cordero y su ej�rcito, llega a los escenarios madrile�os el 20 de mayo en un espect�culo que derrocha esperpento, caos y kitsch. Y m�s esperpento, m�s caos, m�s kitsch.
La obra nace como el tercer y definitivo engranaje de una trilog�a �dedicada al apocalipsis interno� y profundamente personal para la core�grafa. En ella, Pic� recoge la tensi�n que existe entre la juventud -tantas veces glorificada- y la madurez -tantas veces repudiada- para exponer una simbiosis que suele quedar fuera de plano. �La obra realmente nace de esa experiencia personal, de esa lucha interna a la que llamo apocalipsis porque se vive como un derrumbe absoluto: es el cuerpo haci�ndose mayor, es la vejez y es la resistencia a que eso ocurra; al cambio. Pero tambi�n es un festejo de todo lo bueno que eso conlleva�, explica la alicantina.
Para saber m�s
La primera pieza, Lastre (2024), representa el primer gesto: desprenderse de aquello que pesa y ya no sirve, enfrent�ndose al v�rtigo de soltar las estructuras y aprendizajes acumulados. Carrer 024 (2024) se adentra en la soledad y el vac�o que aparecen despu�s de esa ruptura, en el tr�nsito incierto de continuar adelante sin aquello a lo que una se aferraba, convirtiendo el espacio esc�nico en un territorio �ntimo y vulnerable. Finalmente, La Cordero y su ej�rcito plantea una reconstrucci�n desde la fuerza colectiva, la resistencia y la confrontaci�n, donde el cuerpo se transforma en un lugar de lucha, iron�a y afirmaci�n. Juntas, las tres obras configuran un viaje de ca�da, tr�nsito y renacimiento.
Hablar de Sol Pic� es hablar de una de las creadoras m�s inclasificables de la escena contempor�nea espa�ola. Lleva m�s de tres d�cadas dinamitando etiquetas y convirtiendo el escenario en un territorio donde conviven el humor, la incomodidad, el exceso y la fragilidad. A lo largo de su trayectoria ha recibido 10 Premios Max, adem�s del Premio Nacional de Danza en la modalidad de Creaci�n en 2016, galardones que han consolidado una carrera construida siempre desde el riesgo, la irreverencia y la b�squeda de un lenguaje propio. Entre la iron�a y el v�rtigo f�sico, la alcoyana ha construido un universo en el que las puntas dialogan con el flamenco, el cabaret con la tragedia y el cuerpo femenino con todo aquello que hist�ricamente se le ha exigido callar.
Su lenguaje -radical, esperp�ntico, visceral y profundamente humano- la ha convertido en una figura imprescindible de la danza contempor�nea europea, capaz de transformar lo grotesco, lo inc�modo o lo doloroso en una celebraci�n esc�nica salvaje y luminosa por igual. Asistir a La Cordero y su ej�rcito -que cobrar� vida en Teatros del Canal- conlleva asistir a una dosis importante de desorden. Eso s�, un desorden milimetrado. Pic� habla de espadas, de corderos y armaduras sobre el escenario. De tapaderas y cantos. De mucho desorden. Cual revoltijo de elementos que, a su vez, incitan a un �striptease infernal�. �Es curioso el t�rmino. Es intenso�, r�e.
�Pero remite a desnudarse completamente, a abrirse en canal ante ese sentimiento de batalla interna que te atrapa en este momento de la vida�. Sobre el escenario, cuatro bailarinas se unen para personificar a los cuatro jinetes del apocalipsis. Desde el punto de vista coreogr�fico, el trabajo f�sico parte de la deconstrucci�n de la t�cnica cl�sica de la zapatilla de punta, fusion�ndola con el universo del flamenco, una presencia constante en la trayectoria de Pic�. En este cruce, la fuerza y la fragilidad se entrelazan, dialogan y conviven. �Nos hemos inspirado un poco en el movimiento de los caballos�, dice. Y contin�a: �Hay algo ah�, en ver las puntas como pezu�as... Igual t� no tienes por qu� ver ning�n caballo sobre el escenario. Pero remite a eso�.
La pieza tambi�n dialoga con una idea recurrente en el universo de Pic�: convertir el cuerpo en campo de batalla y, al mismo tiempo, en espacio de festividad. En medio del caos, el humor y el exceso visual, aparece una reflexi�n sobre el paso del tiempo, la transformaci�n y la posibilidad de habitar la vulnerabilidad sin esconderla. La core�grafa define la obra como una �catarsis colectiva� que, espera, sirva como espejo para muchas otras mujeres atravesando este momento de transformaci�n vital.
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