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Aquellas hambres
Andrés Trapi · 2026-04-24 · via La Lectura

Actualizado

El amor y la muerte son los dos grandes asuntos, pero nuestro arcipreste invirti� el orden: "Como dice Arist�teles, cosa es verdadera: / el mundo por dos cosas trabaja: la primera, / por aver mantenencia; la otra cosa era / por aver juntamiento con fenbra placentera". En estos versos hambre y muerte vienen a equivaler, y el de Hita abre as� con ella lo que nos caracteriza no solo a los humanos.

La lectura de La hambruna espa�ola (Cr�tica), de Miguel �ngel del Arco Blanco, sobrecoge. Trata este libro del hambre que se padeci� en Espa�a desde 1939 a 1952, con un hito importante, 1946, el famoso "a�o del hambre" que ninguno de nuestros padres y abuelos olvid� jam�s, como tampoco olvidaremos nosotros 2020, "el a�o del covid". Las mujeres fam�licas dando de mamar a sus cr�as en el tranv�a y los ni�os desnutridos con sus barrigas hinchadas son la impronta de aquellos a�os oscuros.

El autor, catedr�tico de Historia Contempor�nea en la Universidad de Granada, ha hecho un trabajo de investigaci�n formidable en archivos, hemerotecas y estudios acad�micos. Ha puesto tambi�n literalmente la oreja para recoger los testimonios de algunos supervivientes, a cuya memoria se acoge. Y tampoco le ha temido a echar mano del rastro que aquellas hambres dejaron en la poes�a, las novelas, la literatura y el cine. Es, m�s all� de su sesgo ideol�gico, un libro util�simo para aquellos escritores y artistas que quieran documentar sus propios trabajos y ficciones. Del Arco les proporcionar� una imbatible bater�a de datos y hechos de gran valor, a menudo desconocidos y curiosos.

El prop�sito del libro es, por un lado, desmontar la propaganda franquista, que neg� o minimiz� el hambre que se pasaba en Espa�a, y fundamentarla en sus verdaderas causas: la autarqu�a y la p�sima planificaci�n econ�mica, la corrupci�n y el estraperlo a gran escala, la desviaci�n de v�veres y recursos hacia Italia y Alemania y las represalias pol�ticas que se cobraron miles de vidas en c�rceles, hospitales y paredones.

La famosa consigna que populariz� Franco antes incluso de acabar la guerra ("Ni un hogar sin lumbre, ni una mesa sin pan") qued� desmentida por la realidad en aquellos a�os del hambre de posguerra

La famosa consigna que populariz� Franco antes incluso de acabar la guerra ("ni un hogar sin lumbre, ni una mesa sin pan") qued� desmentida por la realidad, confirmando muchos de los refranes que Luis Mart�nez Kleiser recogi� por esos mismos a�os en su imprescindible Refranero general ideol�gico espa�ol. Uno de esos refranes viene a respaldar no pocas de las fotograf�as que del Arco ha incluido en su libro: "Quien come mal, a la cara le sal", dando a entender con ello que el hambre tiene mala cara. Impresiona ver el rostro de aquella Espa�a, la miseria, la suciedad y la devastaci�n, moral y f�sica, a las que condujeron aquellas hambres, en plural, porque no hay hambre de pan que no vaya emparejada de un hambre y una sed de justicia.

La guerra la gan� medio pa�s contra la otra mitad, y si los que la ganaron nunca debieron ganarla, quiz�s hubiera sido peor que la hubieran ganado quienes la perdieron. El diagn�stico de Manuel Aza�a y de Chaves Nogales se demostr� exacto: despu�s de la guerra Espa�a tendr�a una dictadura, de derechas o de izquierdas. �Cu�l de las dos habr�a sido peor? Nadie lo sabe, por m�s que lo sugieran los indicios de algunas rep�blicas prosovi�ticas surgidas despu�s de la 2GM. S� sabemos, en cambio, que el hambre que sobrevino con la dictadura franquista, y que esta agrav�, la padeci� no solo la mitad que perdi� la guerra, sino buena parte tambi�n de la que la hab�a ganado.

El libro de del Arco documenta los mil modos en que la mayor�a de los espa�oles trat� de sobrevivir, a menudo de espaldas a las nuevas autoridades, centradas m�s en la represi�n criminal que en remediar sus necesidades, desmintiendo a Manuel Garc�a "El Espartero", quien en 1894 verti� en el acervo popular su memorable frase: "M�s cornadas da el hambre".

No. La inmensa mayor�a de los espa�oles que padecieron aquellas hambres crueles sab�an de sobra que m�s cornadas que el hambre hab�a dado la guerra, y por esa raz�n, para no repetirla, apretaron los dientes y se dijeron aquello tan numantino y estoico: "A carne de lobo, diente de perro". As� fue como sobrevivieron: en general sin mucha queja, gran ense�anza de aquella gente dura, m�s que sus hijos y nietos.