La escritora turca propone reconstruir el hogar perdido en 'La nación de los extraños', una obra dedicada a aquellos que han abandonado su patria, a la soledad y nostalgia que sufren los refugiados e inmigrantes y a la fuerza poderosa de sentirse libres

La escritora turca Ece Temelkuran.
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Tras el intento de golpe de Estado de 2016 en Turquía, Ece Temelkuran (Esmirna, 1973) abandonó su país. No fue una decisión rápida, fue fruto de una labor de desgaste terrible. Primero vino, cuando era la columnista más reputada y seguida de su país, el despido de su medio por escribir varios artículos críticos con el Gobierno.
El régimen de Recep Tayyip Erdogan no toleraba su independencia como periodista ni, menos aún, que defendiera el laicismo y cuestionara públicamente la versión oficial de la masacre de Uledere. Aquel suceso acabó con la vida de 34 civiles kurdos en un ataque aéreo de las Fuerzas Armadas turcas, en 2011, al confundir a las víctimas con miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).
Convertida en una nómada, Temelkuran acabó en Zagreb, luego se mudó a Hamburgo y vive desde hace un par de años en Berlín, su penúltima estación. En prensa, colaboradora de este diario y Premio Internacional de Periodismo de EL MUNDO en 2023, es una de las firmas más cotizadas de Europa, y sus ensayos, publicados en España por Anagrama, son de una enorme clarividencia política. Asombró hace una década con Cómo perder un país, su advertencia a Occidente de la ola populista que estaba en camino para reventar algunas de las democracias más consolidadas. En 2023 publicó Juntos, un manifiesto con 10 propuestas con las que quiso responder a varias crisis, no desde el utopismo, sino desde las posibilidades reales de cambiar el mundo.
La próxima semana Temelkuran regresa con La nación de los extraños (Anagrama), un libro emocionante en el que propone la reconstrucción de un hogar común, cuyo sentimiento de pérdida ve como responsable de los problemas actuales de Occidente.
- En sus libros se nota su rechazo a que se la trate de exiliada, como si abjurara del supuesto romanticismo que esconde esta palabra.
- La denominación de exiliada te hace parecer más importante a ojos de los europeos, lo que me parece injusto respecto a los refugiados o inmigrantes, cuyas historias son mucho más interesantes que la mía. Los exiliados reciben más crédito porque supuestamente huyen de los bárbaros y se arrojan en los brazos de la civilización dando la impresión de que su hogar ahora es seguro. Se trata de una definición con un claro interés político. Quiero que los europeos entiendan que esto no es así. Moralmente no es justo que el exiliado se lleve todo el foco, mientras que los refugiados son empujados a morir frente a las costas. Esa es la principal razón por la que no me gusta que me llamen exiliada. La otra es emocional: una vez que te llaman exiliado no hay marcha atrás, ya nunca vuelves a tu hogar.
- ¿Quiénes habitan la nación de los extraños?
- Mi intención es contar cómo, de cierta forma, todos nos estamos quedando sin hogar de muchas maneras. Una forma, la mía, es marchándose. Otra es moral. Puede consistir en asistir a lo que sucede en Gaza sin que ninguna herramienta internacional le ponga fin. O tolerar que mueran niños en bombardeos. Estamos también quienes nos sentimos políticamente sin hogar porque no encontramos una opción que represente nuestra indignación. Quienes se quedan sin hogar espiritualmente, porque la IA y las entidades no humanas invaden el lenguaje. En definitiva, me refiero a todos los que se sienten solos, desorientados, indefensos y vulnerables. Ellos son, somos, los extraños. Formamos parte de la nación más poblada del planeta y sabemos sobrevivir como nadie. Somos los pioneros de la historia, somos lo que vosotros seréis en el futuro. Pensé que si nos considerábamos una nación, nos sentiríamos menos solos.
- La gente ve al intelectual con relevancia internacional como usted como alguien que sólo va a conferencias, recibe premios y presenta libros. Desconocen lo duro que es hacer una cola en una comisaría, negociar con un abogado por los papeles y comunicarse con un funcionario poco empático al que apenas entiende. Sin olvidar los problemas de dinero que implica esta situación.
- Así es. En mi caso, podría decirse que tengo dos vidas paralelas. Una sobre el escenario, la que se ve en Instagram, en la que doy discursos y me relaciono con intelectuales globales. La otra es la realidad, mucho más precaria. Aunque encuentro poesía y sabiduría de supervivencia en esta última. En una cola de extranjería, tus compañeros no te preguntan por tu estatus legal, si estás pendiente de un permiso de residencia o de trabajo. Entre nosotros nos tratamos con una bondad radical. Es fascinante porque en estas circunstancias tan duras uno deja de fingir. Poco importan las apariencias. Todos somos conscientes de que estamos sobreviviendo, que no hay nada estable en nuestras vidas.
- Advirtió que el vaciamiento democrático que vio en Turquía llegaría pronto a muchos otros países. Se ha convertido en una profeta del pensamiento político.
- Cuando advertí que Europa y EEUU podrían caer en manos del fascismo, la gente se sentía a salvo de que algo semejante pudiera suceder en sus países. Sin embargo, hoy nadie se siente inmune, lo que es otra forma de sentir que estás perdiendo tu hogar. Esto sucede también cuando eres incapaz de reconocer a tu país. Hay muchos ciudadanos de luto por lo que se imaginan que se convertirá en el futuro el lugar donde han nacido.
- Encuentra cierto consuelo cuando se produce el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca porque la gente va a dejar de acusarla de exagerada.
- Se me ha llamado la Casandra política. Lo curioso es que este personaje siempre se ha interpretado como alguien oscuro, cuando no lo es. Esto es lo divertido del ser humano: su mecanismo de supervivencia basado en la capacidad de negar la realidad. Entiendo la reacción emocional, el miedo y la impotencia. La gente se niega a reconocer el fascismo porque si lo llamaran fascismo, si estuvieran de acuerdo conmigo, se sentirían obligados a hacer algo al respecto. Entiendo esa impotencia y temor, incluso simpatizo con esa posición. Luego están aquellos que se aferraban a esa propaganda de la Guerra Fría que nos vendía que el autoristarismo es imposible mientras exista una economía de libre mercado. Ese punto de vista siempre me pareció malvado.
- En el libro hay una carta fechada en enero de 2025 en la que cae en la cuenta de que, durante mucho tiempo, nadie, ni siquiera su madre, le había preguntado cuándo creía que regresaría por fin a casa. ¿Eso es lo que más miedo da? El reconocimiento propio y ajeno de que no hay marcha atrás en la huída.
- Escribiendo llegué a comprender que, aunque siempre fantaseas con la idea de regreso, no hay viaje posible al pasado. Para empezar, el hogar ya no es lo que habías conocido, es otra cosa. Sucede lo mismo con el orden mundial. No tiene sentido ser nostálgico al respecto. El pasado se acabó. Cuando pierdes tu hogar, cuando envejeces, uno de los síntomas habituales es perder la noción del tiempo. O vives en el pasado o vives en el futuro. Lo más desafiante para tu estado mental es aceptar que la vida es el aquí y el ahora. No hay vuelta atrás. Por eso creo que podemos construir un nuevo hogar.
- Da la impresión de que el centro y la izquierda europeas se desangran electoralmente porque han perdido la iniciativa. Incluso su estrategia parece dirigida a seguir postulados que abandera la extrema derecha, como, por ejemplo, respecto a la inmigración.
- La cuestión es que tanto en Europa como en EEUU no hemos conseguido encontrar una buena narrativa para abordar los miedos de la gente. El miedo está ahí. La gente teme perder sus hogares a manos de los inmigrantes. No se les puede decir a quienes tienen miedo que dejen de tenerlo, porque eso es lo peor que se puede hacer. Ante eso hay que buscar una narrativa diferente. Entiendo que la gente tema que su país está cambiando. Tiene razón en eso que dice, la xenofobia crece en los partidos, sobre todo en los centristas, y cada vez repiten más el discurso de los extremistas. Me alegraría mucho que este libro ayudara a iniciar una conversación que redefiniera el concepto de hogar para Europa. De lo contrario, me temo que Europa dejará de existir. No sobrevivirá. Quizás sí lo haga como territorio, como un museo cadáver, pero no como continente vivo.
- ¿Qué es lo que deberíamos aprender de los inmigrantes?
- La humildad. Todas estas personas que dejaron sus hogares han aprendido, como yo lo he hecho, a pasar de ser alguien a ser nadie. La humildad es muy importante porque para mí la arrogancia es uno de los grandes problemas de Europa, esa que empieza negando el fascismo. La vieja Europa no va a volver, por eso tiene que redefinirse como un nuevo hogar, una nueva entidad. Tiene que dejar al lado la sensación de emergencia.

MAXIMILIAN GODECKE
"Los extraños formamos la nación más poblada, sabemos sobrevivir como nadie, somos pioneros de la historia y lo que seréis vosotros en el futuro"
- ¿Qué pensó al ver las actuaciones del ICE en EEUU y la reacción de la ciudadanía?
- No estaba preparada para ver que el mundo me daría la razón en tan poco tiempo. Cuando vi lo que pasaba en Minneapolis acababa de publicar el libro en Reino Unido. Pensé que lo que sucedía representaba la Nación de los extraños. En un momento en el que un Gobierno era hostil con sus ciudadanos, la gente apoyó a los inmigrantes contra los abusos. Muchos se dieron cuenta de que, si no ayudaban a los extraños, su ciudad dejaría de ser su casa. Protegieron con esa actitud su hogar. Lo que vimos en Minneapolis es un antesala de lo que podría pasar en todo el mundo occidental.
- ¿Qué impacto tendrá la IA en la 'Nación de los extraños', cuando llegue una revolución laboral de la que todavía no sabemos apenas nada?
- A mí la IA me hace pensar en la novela Frankenstein. Cuando el doctor crea la criatura, primero la teme para luego amarla. Hay millones de maneras de hacer que la IA sea nuestro hijo, una creación de la que estemos orgullosos. Pero ese paso es complicado, más aún si quienes deciden lo que ha de ser la IA no son precisamente las personas con mayor sentido ético de la humanidad. Ese es el problema, no la IA. La culpa es que hemos perdido la fe en nuestra capacidad política, no nos creemos capaces de controlar y dirigir al monstruo. Necesitamos de una acción política que todavía no ha sido descubierta.
- La guerra de Irán, como la de Ucrania, han reforzado muchísimo la posición de Erdogan como autócrata dejando a Turquía en una posición privilegiada en el desorden mundial que se avecina.
- Ha tenido mucha suerte. Ahora es considerado como un «sabio» de la escena internacional. Erdogan, además de ser afortunado como político, es talentoso. Ve una crisis y la convierte en una oportunidad.
- ¿Qué pasó por su cabeza cuando se publicaron los archivos de Epstein?
- Me interesan las consecuencias. En la política europea las han habido porque los europeos aún tienen vergüenza, algo que han perdido por completo los estadounidenses, donde el impacto ha sido mínimo. Este caso representa el punto álgido de la crisis de la masculinidad que para mí deriva de la crisis del capitalismo. Así que me resulta completamente comprensible que los señores que dominan el sistema se sientan poderosos, pero a la vez tan impotentes que terminen por violar a jovencitas. Este acto repugnante no es más que una muestra de impotencia de los poderosos.
- Sé que parece lejano, pero estoy seguro de que algún día sucederá. ¿Qué es lo que hará durante las primeras horas cuando regrese a Estambul?
- Uf. Eso por desgracia es una fantasía.
- Las fantasías son importantes.
- Alquilaría un pequeño barco y llamaría a todos los amigos que me han auxiliado estos años en Europa, aquellos que me han ayudado a crear un hogar. Será una muy bonita fiesta. Estarán allí todos mis hogares, mis ítacas. Pasaremos un día maravilloso navegando por el Bósforo.























