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Somos vasos saltados
2026-04-10 · via La Lectura

Actualizado

Una de las confesiones m�s desoladoras de los Diarios de Cansinos es esa en la que se ve a s� mismo �como un vaso saltado�. La imagen ha ca�do en desuso. Un vaso saltado no es un vaso roto (�somos c�ntaros rotos�, hab�a dicho Van Gogh). Puede contener a�n agua, pero esa herida que lo se�ala como un ser fr�gil, jam�s podr� ser resta�ada. Lo escribi� Cansinos en los a�os cuarenta del siglo pasado. La carest�a entonces no era privativa de las clases pobres, alcanzaba tambi�n a todas las dem�s, y la gente, a falta de suministros y de moneda, estaba acostumbrada a darle vuelta a los gabanes, te�ir de negro las ropas, remendar los zapatos, apurar la vida de los enseres… El Rastro, para�so de todo lo saltado, se convirti� en el gran bazar que necesitaba una ciudad como Madrid, exhausta y descacharrada tras la guerra.

Hace ya a�os que Espa�a se ha convertido en otra m�s de las sociedades del despilfarro, pero el Rastro nunca ha perdido su condici�n de mercado de necesidad. A �l siguen yendo quienes necesitan algo, material o inmaterial. Algo que no siempre se encuentra, en parte porque no resulta f�cil buscarlo entre tantos despojos. El que no sepa qu� va buscando, ser� dif�cil que lo encuentre. �S�lo vemos lo que nos mira�. En el Rastro, y en la vida, m�s que encontrar, reconocemos lo que llevamos dentro. Somos plat�nicos.

Al Rastro todo el mundo ha ido alguna vez, los que nunca encuentran nada y aquellos que jam�s han perdido la esperanza de encontrarlo todo. Despu�s de cincuenta a�os frecuent�ndolo, s� que lo mejor del Rastro no son los hallazgos, ni siquiera la posesi�n frustrada, sino la ilusi�n de la b�squeda. Sabi�ndolo, todo lo dem�s, por poco e insignificante que sea, ser� ganancia. Por eso resulta tan dif�cil hablar o escribir del Rastro y fotografiarlo. No hay muchos libros sobre ese mercado ni tampoco grandes trabajos fotogr�ficos. Acaba de publicarse uno en verdad fuera de lo com�n: Tras el Rastro de Madrid, fotograf�as de Jorge P�o publicadas en Ediciones Doce Calles.

El Rastro est� lleno de tentaciones y lo normal es acabar haciendo el surrealismo. El surrealismo es fotog�nico. Y el Rastro es como un vivero de surrealismos. Hay que templarse mucho para no sucumbir a la org�a de im�genes, yuxtaposiciones disparatadas, objetos anacr�nicos, trampantojos, tipos curiosos o maltratados, en fin, el Gran Teatro del Mundo, de la tragedia al sainete. El Rastro, que puede ser el lugar m�s po�tico del mundo, est� siempre tambi�n a un paso de lo grotesco, y el fot�grafo, el escritor, el pintor que se ocupen de �l habr�n de sortear este peligro.

Un d�a de hace tres a�os contactaron conmigo para ponerle un pr�logo al trabajo de un fot�grafo para m� desconocido, ya jubilado, vecino de Santander, este Jorge P�o. Hab�a hecho sus fotos entre 1987 y 2010. No es improbable, pues, que nos hayamos cruzado alguna vez en aquellas calles extraviadas y campillos. Reconoce uno a muchos de los personajes que �l ha retratado, sus tinglados y ambientes. Impresiona la finura con que ha recorrido aquel laberinto abigarrado e inextricable a menudo, sin olvidar ni uno solo de los asuntos que all� concurren: ni�os, gitanos y gitanas, g�nero bizarro, libros, locos, busc�patas, mu�ecas rotas, relojes, pacotillas, basuras, cuadros de toda �ndole, militaria, ephemera… De pocos lugares se habr�n hecho tantas fotograf�as, incluso buenas y muy buenas. Pero una solo no es suficiente.

El Rastro requiere de unas cuantas, como facetas un poliedro, para ser comprendido en su conjunto. �Perfecto e imperfecto, completo�, dec�a JRJ. Y eso es el Rastro de P�o precisamente, la suma de lo perfecto y lo imperfecto, de lo intacto y lo saltado, del tiempo ido y por venir. Cien fotos (�robadas� no pocas, instant�neas las m�s), que lo convierten en uno de los tres grandes libros del Rastro.

Ese lugar que nos recuerda, con suma delicadeza, de d�nde venimos y ad�nde iremos a parar un d�a, nuestras postrimer�as a la vista de todos: nada es eterno, cierto, pero tampoco incompatible con las resurrecciones que en el Rastro tienen lugar cada domingo, como bien testimonian tantas de estas memorables fotos.