Los libros
Narrativa
Deleste publica en Espa�a 'Sarajevo Blues', la obra del culto del escritor bosnio sobre la guerra y la resistencia humana que circul� en fotocopias en el Sarajevo asediado de hace m�s de 30 a�os

El escritor bosnio, autor del libro 'Sarajevo Blues'
Marta Reb�n
Actualizado
All� donde los poetas se han vuelto asesinos, conviene recelar de las met�foras: si el humo de un edificio incendiado dibuja el rostro de Radovan Karadzic y quienes lo contemplan reconocen al diablo, no al hombre, entonces el mal no pertenece a este mundo y nadie responde por �l. "Siento una profunda suspicacia hacia las met�foras (y no solo porque los poetas se volvieron asesinos)", escribe Semezdin Mehmedinovic (Kiseljak, 1960) en Sarajevo Blues, que Deleste publica por fin en espa�ol m�s de tres d�cadas despu�s de que circulara en el Sarajevo asediado como un panfleto fotocopiado de cincuenta y dos p�ginas.

Sarajevo blues
Semezdin Mehmedinovic
Traducci�n de Marc Casals Iglesias. Deleste. 176 p�ginas. 22,95 �
El psiquiatra Karadzic escribi� versos infantiles antes de dise�ar la limpieza �tnica. Su "bajemos a las ciudades a apalizar a esos patanes" conten�a ya "un plan de guerra sublimado". Toholj, novelista amigo de Mehmedinovic, le acariciaba el pelo al hijo de este �ltimo antes de ponerse al servidio del exterminio. Un compa�ero del f�tbol de los domingos asalt� enmascarado el troleb�s en el que el autor volv�a a casa. En Sarajevo bastaba un calcet�n en la cabeza para cambiar de bando y casi de especie.
El grueso del libro se escribi� entre abril y agosto de 1992, los primeros meses del asedio de Sarajevo, el m�s largo sufrido por una capital en la historia contempor�nea. El autor plane� darle forma de glosario -como revela la esclarecedora entrevista que le hace Marc Casals, traductor del volumen, incluida al final-, pero desisti�: imponer un orden habr�a falseado un mundo hecho ruinas. El resultado es una escritura fragmentaria, de una claridad que parece simple y es devastadora, donde la tragedia se manifiesta en lo min�sculo: un cigarrillo empaquetado en un acta de defunci�n, el antiguo nombre fascista de una calle que aparece bajo el revoque arrancado por un ob�s.
El fin del mundo, advierte, empieza con un gesto corriente: la mano de un joven con uniforme que arranca una rosa sin conciencia de que ese gesto solo tiene sentido si la flor est� destinada a alguien. Mientras tanto, las c�maras extranjeras "vac�an la imagen de su contenido psicol�gico y la convierten en informaci�n": las v�ctimas perd�an el nombre, la masacre se volv�a anuncio, y Bernard-Henri L�vy se tiraba al suelo ante los objetivos para enviarle discursos a una Europa que no iba a mover un dedo. Contra esa mirada depredadora, las fotograf�as de Milomir Kovacevic -que acompa�an esta edici�n- hacen lo contrario: restituyen lo particular, devuelven el rostro a quienes la guerra redujo a cifra.
Frente a tanta devastaci�n, un hecho que parece alegor�a y no lo es: durante el asedio, los sarajevitas taparon con libros los huecos por donde se filtraba el gas; un poeta construy� un b�nker de vol�menes coronado por Con Tito hasta la victoria; a un vecino lo salv� la biblioteca marxista de su mujer. Que un libro te salve la vida, observa Mehmedinovic, es una "met�fora kafkiana" hecha realidad. Los libros demostraron que pod�an hacer algo m�s que nombrar la destrucci�n: interponerse f�sicamente entre el cuerpo y la metralla.
























