


























Aloma Rodr�guez
Actualizado
"Debe haber sido una vida muy bella, ser Mario Vargas Llosa", dijo Gustavo Faver�n (Lima, 1966) a la muerte del Premio Nobel de Literatura, de cuya obra es conocedor y admirador. Profesor de literatura en Bowdoin College, Maine, y autor de dos novelas tan abrumadoras como elogiadas, Vivir abajo y Minimosca, las dos publicadas en Candaya.
Guiado por el esp�ritu de MVLl, Faver�n se ret� a escribir una novela inspirada en Eleanor Rigby, la canci�n de The Beatles, para lograrlo, har�a como su �dolo: se ir�a a Londres, investigar�a, etc. Lo que sucedi� por el camino fue que la novela cambi�, o no le gust� el resultado de ese primer intento. Ese proyecto se transform� y acab� siendo Madame Vargas Llosa, publicada en Fulgencio Pimentel como la primera entrega de una serie, si nos fiamos del subt�tulo, M�s opio para el pueblo, I. Pero qu� opio.

Gustavo Faver�n
Fulgencio Pimentel. 192 p�ginas. 22 �
Madame Vargas Llosa tiene cuatro partes, cada una narrada por un personaje y cada una cuenta m�s o menos lo mismo pero desde puntos de vista distintos -imposible no ver aqu� un gui�o a algunos recursos que Vargas Llosa explor� y utiliz� con brillantez. Los narradores son Madame Vargas Llosa (recomiendo no hacer atajos con el nombre, la novela es mucho m�s piruetista de lo que se puede pensar a priori); un cineasta, Ruy Guerra; Fittipaldi, un guionista de telenovelas que recibe su nombre por la rapidez con que entrega los guiones. Los tres se unen en un proyecto para una serie de televisi�n o tal vez una novela o una pel�cula, o las tres cosas, qui�n sabe. El t�tulo tampoco est� claro, ser�: Reencarnaci�n o Metempsicosis.
Madame Vargas Llosa trata de contar desde todos los �ngulos ese encuentro a tres. Nos falta la cuarta narradora, que toma la palabra al final, a modo de ep�logo y pirueta narrativa: Rita Fontana, esposa de Fitipaldi, que muere, asesinada, como toda la familia del guionista: "Era como si todas sus telenovelas -�inexplicables jugarretas del karma?- se hubieran entretejido en una sola y hubieran saltado a la realidad, y tambi�n las horas belicosas de la izquierda y la derecha -esa guerrilla guevarista, esa pandilla de skinheads- se hubieran sumado a la trampa para irrumpir en su vida y arrasar con cuanta persona Fitipaldi amaba en este mundo".
El Vargas Llosa de la novela no es Vargas Llosa, sino Maria Trindade, una escritora brasile�a trans que desde que ley� el primer libro del aut�ntico MVLl (en portugu�s, claro) cay� fascinada ante su talento. Tanto que se propuso escribir como �l, y se pasea por la vida present�ndose como Mario Vargas Llosa, incluso al aut�ntico, cuando acude a que le firme una de sus novelas. El cineasta Ruy Guerra conoci� al verdadero MVLl, proyectaron juntos una pel�cula que acab� siendo una novela, dicen que la mejor del Nobel, La guerra del fin del mundo.
Fitipaldi es el verdadero protagonista de la novela, sus telenovelas son un �xito hasta que se descubren como plagios. En medio de la crisis creativa y de reputaci�n, toda su familia muere de forma violenta, lo que le produce una crisis mental y le proporciona una temporada en un sanatorio, que tambi�n se explorar� en sus diferentes versiones.
Madame Vargas Llosa contiene su propia definici�n: "una historia como esta, aunque no fuera un intento de desarmar el mundo y volver a armarlo de adentro hacia afuera, aunque no fuera el libro m�s ambicioso del universo -�aunque no fuera una novela total, le dije, sino m�s modestamente un manojito de opio para el pueblo-. Algo as�, dijo ella: un libro para la gente que ya tiene demasiado con vivir, en carne propia, todas las tragedias del mundo y que podr�a encontrar, en esta ficci�n, qui�n sab�a, no una comedia, pero al menos una versi�n m�s peque�a de esas tragedias, para divertirse con ellas: como una favela menos furiosa adentro de la favela tremebunda".
Eso es esta novela-trampantojo, se disfraza de "manojito de opio para el pueblo" y habla de violencia y miseria y pobreza y de c�mo la cultura se acerca a eso y el arte acaba contaminando la vida, o quiz� sea al rev�s, a veces para bien y otras no tanto. Borra las fronteras entre alta cultura y cultura popular y hay gui�os a Herzog, que trat� de replicar la vida en su pel�cula Fitzcarraldo, y a Borges y, por supuesto, a Vargas Llosa y a su infinito legado.
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