























Lucas de la Cal Corresponsal en Asia
Actualizado
En una fotograf�a tomada el 7 de enero de 1991 en el Hotel Helmsley de Nueva York, el entonces magnate inmobiliario Donald Trump aparece sentado junto a su segunda esposa, Marla Maples, y una mujer que encarna como pocas la est�tica del exceso pol�tico del siglo XX: la filipina Imelda Marcos. Es una escena de la jet set que orbitaba en la misma constelaci�n de poder, dinero y vanidad.
Trump e Imelda no eran extra�os. Se mov�an en los mismos salones, compart�an anfitriones y una idea com�n del lujo como exhibici�n. �l, constructor de una marca personal basada en el exceso dorado de Manhattan. Ella, viuda de Ferdinand Marcos, el dictador que gobern� Filipinas durante dos d�cadas con mano de hierro, y que hab�a convertido el Estado en una caja fuerte privada. Hoy, Trump (79 a�os), es presidente de EEUU, mientras que Imelda (96 a�os) es la madre del actual presidente de Filipinas.
Para saber m�s

Cuando los Marcos huyeron en 1986 tras la Revoluci�n del Poder Popular, lo hicieron en helic�ptero, dejando atr�s un palacio convertido en museo involuntario de la corrupci�n: abrigos de vis�n, centenares de vestidos y m�s de mil pares de zapatos. Ese inventario era mucho m�s que una an�cdota.
Durante a�os, Imelda hab�a actuado como emisaria internacional del r�gimen, gobernadora de Manila, figura pol�tica con poder propio y rostro amable de una dictadura que, seg�n estimaciones, saque� hasta 10.000 millones de d�lares. Mientras tanto, ella cultivaba una imagen de sofisticaci�n global, compar�ndose con Jacqueline Kennedy, aunque sus detractores ve�an en ella ecos de Eva Per�n. Imelda, apodada la "mariposa de hierro", pas� de ganar concursos de belleza (siempre rodeados de sospechas de ama�o) a desplegar una atractiva diplomacia paralela a la oscuridad de la ley marcial que su marido hab�a decretado en Filipinas.

El presidente estadounidense Donald TrumpGETTY
Esa diplomacia que despeg� la llev� de Mosc� a Nueva York, pasando por Pek�n. Aunque cuando se cruza con Trump, los Marcos ya eran una familia exiliada en Haw�i tras su derrocamiento. Aun as�, hab�an logrado mantener redes, contactos y, sobre todo, una narrativa de victimismo que d�cadas despu�s dar�a frutos. Imelda regres� a Filipinas en 1991 para enfrentar cargos de corrupci�n. Contra todo pron�stico, no solo evit� una ca�da definitiva, sino que reconstruy� su poder pol�tico: fue elegida cuatro veces congresista y se convirti� en el eje de la rehabilitaci�n familiar.
Ese proyecto culmin� en 2022, cuando su hijo, Ferdinand Marcos Jr, conocido como Bongbong, gan� la presidencia. "�C�mo est� Imelda?", pregunt� Trump al l�der filipino cuando hablaron por primera vez en noviembre de ese a�o. Hoy, la anciana Imelda vive en un rascacielos de Manila, libre pese a una condena en 2018 a m�s de cuatro d�cadas de prisi�n por corrupci�n, pendiente de apelaciones en un sistema donde el poder pol�tico y judicial a menudo se entrelazan.

El zapato de la marca Florisheim que lleva Trump y todo su equipoGETTY
En paralelo, la historia de los zapatos de la filipina ha encontrado un eco inesperado al otro lado del Pac�fico. Seg�n han revelado los medios estadounidenses, Trump desarroll� recientemente la costumbre de regalar zapatos Oxford de la marca Florsheim, con precios promedio de 145 d�lares, a su c�rculo m�s cercano: desde el vicepresidente JD Vance hasta el secretario de Estado Marco Rubio. Un gesto aparentemente banal, casi entra�able, que sin embargo resuena con una vieja historia: la del poder que se expresa a trav�s de objetos, la pol�tica convertida en s�mbolo material.
Si en Estados Unidos esos zapatos funcionan como un gui�o de pertenencia, en Filipinas el calzado de Imelda sigue siendo un recordatorio inc�modo. Parte de su colecci�n se exhibe hoy en un museo en Manila, como advertencia y atracci�n tur�stica. La acumulaci�n como lenguaje pol�tico. Adem�s de las marcas internacionales, Imelda tambi�n coleccionaba calzado local. Cont� una vez que los fabricantes de su pa�s le entregaban 10 pares de zapatos a la semana.

Trump con sus zapatos Florsheim.GETTY
Estos d�as, un musical inspirado en la vida de Imelda —en la estela del documental The Kingmaker de la cineasta Lauren Greenfield— se representa con �xito por varias grandes urbes de Filipinas, remezclando pop, pol�tica y propaganda. El espect�culo no es abiertamente hagiogr�fico, pero tampoco condenatorio. Como el propio pa�s, se mueve en una zona gris donde la memoria compite con la fascinaci�n.
Una de las ciudades donde est� el musical es en Ceb�, la ciudad m�s antigua de Filipinas, fundada por los espa�oles en 1565 como el primer asentamiento europeo en el archipi�lago. "Los Marcos para los filipinos m�s mayores son sin�nimo de corrupci�n", explica Jon Velasco, profesor universitario. "Pero muchos j�venes, que son los que votan a Marcos, han sido seducidos por falsas promesas de devolver al pa�s a un esplendor del pasado que realmente nunca existi�". En el Mercado Carbon, uno de los espacios m�s concurridos de la ciudad, Sun Mendoza, vendedora de artesan�as, se�ala: "Mi madre siempre dec�a que Imelda gastaba demasiado en ropa y zapatos mientras el pa�s sufr�a". La veintea�era Inna Long opina que Imelda es repudiada a la par que adorada en el pa�s. "Fue una maestra a la hora de transformar la pol�tica y la represi�n en un espect�culo".
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