La izquierda ha logrado moldear una percepción social distorsionada del mundo LGTBI, como la derecha ha venido cargando con un estigma de ausencia en las reivindicaciones de todos esos hombres y mujeres que reclamaban igualdad

Cartel de Vox, colocado en las calles de Madrid en 2023.GTRES
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COU, clase de Literatura, hace tres décadas. Comentario de texto. Sobre el papel que el profesor reparte, un texto de Federico García Lorca; "Amor del uno con el dos y amor del tres que se ahoga por ser uno entre los dos". Muchos de los estudiantes que se enfrentan al ejercicio perciben de inmediato una forma de sentir y de amar latente en esos versos, pero ninguno lo refleja en lo que escribe. No se atreven.
Entonces nos lastraban inercias de siglos y muchos prejuicios; ahora, los espejos deformantes de la izquierda, siempre atenta a las apropiaciones indebidas de causas que no les pertenecen. La defensa de los derechos LGTBI, la primera de ellas.
A Lorca lo engrandece su obra y lo empequeñecen la moralina progre y las arengas promocionales, por mucho que se hagan en Cannes. A Lorca, también a él, lo ha querido secuestrar la izquierda como referente; como su referente, vedándoselo a quienes no militan en el pensamiento único y tan peligroso. Los manipuladores siempre abren brecha y atan el ámbito LGTBI a una obligada identificación ideológica. Pese a que un arcoíris monocolor es, además de un oxímoron, un sueño húmedo del totalitarismo.
¡Anatema! ¡Hay gays de derechas! Si atendemos a las estadísticas, las personas LGTBI son, por lo menos, el 13% de la población española. Es decir, 6,5 millones. Y la proporción es incluso mayor entre la población más joven. Son los mismos chicos y chicas que inclinan cada vez más sus votos a las opciones conservadoras. Algo no cuadra, por tanto, en los cálculos progresistas. A lo mejor es que estos jóvenes se sienten ciudadanos libres, y, sobre todo, aspiran a seguir siéndolo.
"Si la derecha no se cree sus credenciales para defender estos principios, los de siempre seguirán salmodiándonos con su manual hipócrita del buen gay, mitad rusoniano, mitad liberticida"
La izquierda ha logrado moldear una percepción social distorsionada del mundo LGTBI, como la derecha ha venido cargando con un a veces justificado estigma de ausencia en las reivindicaciones de todos esos hombres y mujeres que reclamaban igualdad -tan sacrosanta como la manoseada verdad-. Pero las cosas no son siempre lo que parecen y lo que diga Almodóvar puede estar muy bien -o no-, pero se hace cada día más necesario que los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales o intersexuales que piensan diferente den también un paso al frente y nos cuenten otras historias, las suyas. Que se hagan notar y reivindiquen lo suyo en las artes, en el deporte, en la ciencia o en la res pública. Por la verdadera causa de la igualdad, que nos concierne a todos.
Sí, también tiene que haber políticas LGTBI a cargo de gobiernos de derechas. Y Ministerio de Igualdad. Porque hay todavía exclusión, agravios y sufrimiento. Porque hay aún países que ahorcan a personas por su orientación sexual. Si la derecha no se cree sus credenciales para defender estos principios, los de siempre seguirán salmodiándonos con su manual hipócrita del buen gay, mitad rusoniano, mitad liberticida, y sus banderas de lugares donde simplemente no podrían ni expresar lo que piensan, cocinándonos una espesa sopa de siglas, donde ningún derecho queda verdaderamente protegido porque a cualquier cosa se da cabida. Caretas fuera -de esto también habló Federico-. La libertad y la igualdad son otra cosa.
Ana Luzón es politóloga.
























